Jorge Colazo, descuartizado*

Le llamaban Mantequilla e ingresó en esta historia el 27 de septiembre de 1984

Parece que el nombre tan latinoamericano, respondía a las particularidades de su piel, blanquecina; en la medida que se ocupó de su historia el especialista en temas policiales Ricardo Ragendorfer (foto)

Su final está relacionado a la existencia de otro denominado El Gato, por nombre y apellido Jorge Alberto Bonica que fue seducido por la mujer del occiso Miriam Herrera que perdería la vida acribillada a balazos cuando salió a defender a su amor, cercado por la policía. Y hablamos de su amor como que Bonica se había quedado con ella después de despedazarlo a Colazo.

“Ella, como mujer, había atravesado las dos escalas más extremas del infierno terrenal: el convento de Santo Domingo, en la calle Defensa, en donde estuvo a punto de convertirse en monja, y el Pussy Cat, un tugurio del Bajo, en donde recaló tras dejar los hábitos”. Así reseña en parte su existencia Ragendorfer, en su columna De Plazas y de Alcobas, publicada en Caras y Caretas, número 2240, el mes de noviembre del año pasado. Y situándose en el ámbito cabaretero se dira: “De allí susurrándole palabras de amor al oído, la rescató el tal Jorge Colazo, que poco después entabló una sociedad delictiva con Borrica”. Hasta entonces Mantequilla se dedicaba al robo de automotores sumando algunos antecedentes penitenciarios. “Así fue como este conoció a Miriam. El flechazo fue instantáneo y ella no tardó en irse con El Gato. La circunstancia no pareció importarle a Mantequilla. Sin embargo, se trataba sólo de una impostura, porque el despecho se le había entroncado con la ambición. En otras palabras –seguimos leyendo en la revista de Felipe Pigna- cuando robaba con Bonica, él se quedaba con la mejor parte del botín. Su socio se dio cuenta después de un atraco en el estudio de un arquitecto. El escarmiento fue impiadoso”.

Demás esta decirlo que este Jorge Colazo de triste final no es que bien se conoce en Tierra el Fuego –en realidad bautizado como Mario Jorge- sino otro que vino a ensuciar su apellido. Pero el caso que es ejemplificador de inconductas tiene otro párrafo descriptivo, que reza sí: “Una nube de moscas sobre una bolsa de basura fue el primer signo visible de esta historia. El hallazgo tubo lugar en una esquina del Bajo Flores durante el anochecer del 27 de septiembre. En los días subsiguientes, más bolsas con otros trozos de aquel cuerpo aparecieron en Caballito, Parque Patricios y Congreso. El inspector Enrique Saladito, a cargo del caso, no dudó de su naturaleza pasional; en parte por las múltiples heridas punzantes que la víctima presentaba en la zona genital. Según el informe forense era un masculino “de unos 30 años” –más o menos como quien hoy es nuestro representante, en aquel mismo tiempo- y sería identificado debido a un pequeño tatuaje. Tal et6apa de la pesquisa le llevó al inspector casi una semana. Ahora, en la mañana del 4 de octubre, tenía los ojos clavados sobre una foto de prontuario. Frente a él, un subcomisario le susurró : “Mantequilla era un muchacho de cuidado”.

*Dedico esta nota, cargada de verdades, y a la vez preñada de aproximaciones, a todos los amigos periodistas, en estos días de conmemoración. Recordando a Mariano Moreno, que con solo dos notas escritas probablemente durante siete meses de gestión, subsiste como figura emblemática del periodismo argentino. Y a todos los que consiguen vender la tapa, día a día.

1 comentario:

Mariángeles dijo...

Mingo: Por fin te encuentro. Había encargado a Luis Mateljan que te buscara, pero él no es muy dado a la informática. Soy Mariángeles Fernández, terminamos juntos Periodismo en La Plata, allá por noviembre de 1975. Me encantará establecer contacto. Estoy en Facebook, y te mando una dirección de mail. Contéstame en privado,si te parece. No sé por dónde mandarte un mensaje privado. yo estoy en España desde 1982. Me encanta tu blog. Un gran abrazo. Y un recuerdo afectuoso. Mariángeles