LRA 24 1976. Por aquellos días el director había recibido del gobierno militar resoluciones que se nos presentan como reservadas y secretas

Llegamos en nuestras evocaciones al mes de mayo de 1976 y ya RIO GRANDE despierta con LAVANDO CEBADURAS. Aunque en realidad otros programas son más madrugadores:

EFEMERIDES ARGENTINAS a la hora 6 con la apertura de la transmisión.

INTA, con su boletín de 15 minutos, con lo que se llega a las 6:30 en que dan comienzo 15 minutos de tangos.


El programa del Dr. BITSCH en compañía de RUBEN BERNARDO RAMIREZ se inicia a las 6:45 y dura una hora; es el tiempo que se toma el conductor para llegar a tiempo a LA MISION donde cumple tareas docentes.

Mas quince minutos de RITMOS MATUTINOS antes que a las ocho comience la emisión de un programa elaborado en LRA1, VOCES DE LA PATRIA GRANDE, con la conducción de MARCELO SIMON.

La emisión de estas cintas se discontinúan puesto que el locutor no es del agrado del nuevo gobierno.

Por la mañana el ómnibus se identifica como BUEN DIA GENTE BUEN DIA MUSICA, una propuesta que con distintos conductores durará años.

Tras el mediodía folklórico llega luego de las noticias en cadena SOBREMESA MUSICAL, el espacio de las orquestas: RAY CONNIFF, RAYMON LEFEVRE, CARAVELLI, LAFAYETE, WERNER MÜLLER…

La TARDE POR NACIONAL va de 14 a 17:00, nuevo momento de noticias; a las 17:15 comienza una REUNION ARGENTINA, dejando el último cuarto de hora para el PROGRAMA INFANTIL, que ya comienza a amenizar SUSANA COBOS.

De 18 a 19:00 hs. LAVANDO CEBADURAS tiene su segunda edición. Luego de los esperados mensajes se difunde un programa RAI, RADIO Y TELEVISIÓN ITALIANA, su título PASARELLA MUSICAL.

Como estamos dando detalles de la programación a partir de un lunes, ese día hay media hora de tango, de 19:30 a 20:00 y allí comienza DEPORTES EN EL 640. Tras la noticia se escucha ENCUENTRO MALVINAS con la conducción de SARA SUTHERLAND DE MENENDEZ.

La noche aparece fragmentada en un conjunto de pequeños programas:

CON LA GENTE DE HOY
HOLA QUE TAL MÚSICA DEL MUNDO
ENTRE CANCIONES Y MELODÍAS
NOCHE, MÚSICA Y CLÁSICOS
ORACIONES SIGLO XX

Hasta llegar a las dos horas de la TRASNOCHE POR NACIONAL antes del cierre de la hora 02:00.
El 13 de abril el Director JORGE DE AMUCHASTEGUI se levantó con la urgencia de hacer cumplir reglamentos; y es así como varios agentes que tomaron tarde servicio debieron dar las explicaciones del caso.

GLORA MARIA NOVAK que llegó con 37 minutos de demora.

CARMEN VALENCIA con una demora de nueve minutos.

JUAN HUMBERTO JUAREZ que se presentó a tomar servicio 35 minutos después del horario indicado.

DE AMUCHASTEGUI se encontraba adscripto en la emisora, cubriendo funciones de SUPERVISOR MAYOR, siendo su base LRA 10 RADIO NACIONAL USHUAIA e ISLAS MALVINAS, donde revestía como locutor.

La programación contenía diversos programas de la BBC de Londres, TEMAS DE ACTUALIDAD que llegaban en forma de disco. Así es como el FACETAS 775 en sus trece minutos, veintiocho segundos de duración contenía los siguientes temas:

NUEVO ALIENTO PARA BUZOS
MANUSCRITOS DE SIR RICHARD BURTON.
EL METRO MISTERIOSO.
Este último tema relacionado con la pronto implementación en ese país amigo del sistema decimal en operatividad simultánea con sus medidas tradicionales.

Por aquellos días el director había recibido del gobierno militar resoluciones que se nos presentan como reservadas y secretas, identificadas como AA418/14 llevaron a la confección de varios trámites internos con la respuesta SIN NOVEDAD, en forma diaria entre el 13 y el 26 de abril.

Conversaciones con Ramón García.4 "Acá se ganaba plata, porque se ganaba bien y no había donde gastarla".

El viernes 30 visitamos a Juan Ramón García en su casa paterna, fuimos a desayunar y como ocurre en este tiempo llegamos de noche.


Compañeros en el secundario recordamos muchas cosas, las fotos ayudaron a recuperar esa memoria.

Sobre la mesa se desparramaban álbumes de distintas formas y tamaños. Nos inclinamos hacia aquel que reunía fotos en blanco y negro, fotos de España.

Estábamos andando otras vez sobre la memoria fresca de Ramón.

Al rato llegó un sobrino con su hijo. Ahí nomás la hermana -Carmen- que vive al frente. De pronto las risas ocupaban el despertar. La casa nos abrigaba.

Ramón tenía recuerdos de esa casa, y se los confió en su momento a su nieta Silvana Andrea Zapata García:



En el 61 me fui enfermo a Buenos Aires. Tenía la casa hecha hasta la cadena nada más, las paredes hasta la cadena, y de tanto mirar, y de tanto malos tratos, me enfermé. Me enfermé de los nervios. Estuve un mes con las piernas para arriba para que el estómago se… Tenía el estómago caído, estaba flaco. Estuve cerca de un mes. Pero fui a un curandero y me arregló el estómago. Y ya me compuse enseguida.
Tardé mucho en hacer la casa. Yo tenía hasta los marcos de las puertas y me los robaron, me los arrancaron, me los llevaron. Después trabajé y me pagaban el día, pero eso fue después. Pero eso fue después, con mi suegro. Después que trabajaba un camión yo y un camión él. Primero decía que me pagaba por dos o tres peones, por andar con el camión, pero después los sueldos iban aumentando y a mí se me iba achicando. Hasta que quedamos casi iguales. Una vez se fue a Buenos Aires, con la Carmen y dejó el camión. Tenía unos camiones. Uno se lo dejó a otro y el otro me lo dejaba a mí. Y nos anduvimos peleando los dos. Porque yo soy de la casa y en vez de dejarme a mí al mando, lo dejó a otro. Entonces cuando volvió otra vez a Buenos Aires le dije que le dejé los camiones al otro porque yo así no trabajaba con los camiones, porque yo (no) tenía que ser maltratado por nadie. Si se los dejaba al otro que se lo deje al otro también a otros, viste. Entonces ahí me dijo que me lo iba a dar a trabajar a medias, así que después seguí trabajando con él. Él fue muchas veces a Buenos Aires. No teníamos ratos libres, no nos alcanzaba el tiempo. Cuántas veces dejaba un peón porque me daba lástima; y lo dejaba y agarraba el camión y me iba solo. El abuelo no me dejaba ni siquiera escuchar radio. Ni siquiera podía escuchar los partidos de fútbol. Los domingos iba donde Casiola, a escuchar los partidos de fútbol. Primero iba a lo de Fernández, el gallego, que vivía ahí arriba, y después donde Casiola.
Así que después trabajé el camión a medias, después cuando murió trabajé el otro. Los dos. Pero casi nunca trabajaba con los dos camiones, con uno (o) el otro alcanzaba.
Esta casa la terminé cuando tu madre trabajó acá abajo, en la Ford -Ramón le habla a Silvana de Carmen García Torres- Una vez me dio esta sorpresa. Resulta que tuvieron que disminuir el personal, y ella no estaba, ella no sé cuánto tiempo tenía trabajado ahí. Tuvieron que disminuir el personal y a ella también le tocó, y le tuvieron que pagarle lo que, porque como era menor, una plata se la dejaban en depósito, no sé cómo era el asunto, un porcentaje. Entonces cuando fue que la suspendieron tuvieron que darle todo lo que le estaban pagando menos desde que trabajaba y me llegó acá…  -¿Cuánto necesita para terminar la casa papá? ¿Con esto la termina? –me decía con un atado de billetes, con el que me daba así por las narices. -¿De dónde sacaste eso?- yo me asusté y resulta que era que le habían pagado. Tenía esa plata y otro tanto en un cheque. Así que la mitad hice que la pusiera en el banco a nombre de ella, y con lo otro yo terminé la casa. Vinimos a meternos bajo un techo. Todos los que vinimos, vinimos con la ilusión de hacer su casita propia. Primero hice mis ladrillos, hasta para las divisiones… después pedimos con mi cuñado el cemento que nadie quería porque no era fresco y así pichuleando hice mi casita, de a poco.
La gente era buena toda. Era mejor que ahora porque era de acá, gente conocida, éramos como una familia todos. Podía estar alguien adentro de mi patio que todos lo veían, y lo sacaban corriendo.
En España también, uno dormía con la puerta abierta. Pero en todos lados es igual, en España o acá, hay buenos y hay malos.


Acá nosotros siempre nos entreteníamos. Hacíamos redes nosotros para pescar, para usar nosotros. Pasábamos en el invierno cosiendo. A mí me dolía la espalda siempre ; tejiendo  con una aguja, aguja de tejer. Nosotros hacíamos de todo. El único entretenimiento que había era el cine, donde fuimos pocas veces, hacíamos el  12 de octubre, hacíamos una fiesta. los españoles nos juntábamos y hacíamos desfiles de carrozas, nos disfrazábamos. Hacíamos cosas lindas. No había televisión ni nada, pero acá se ganaba plata, porque se ganaba bien y no había donde gastarla.


*En la foto; españoles de fiesta.

TRIPTICA NACIONAL.LENGUA.17. La narración oral.

 Susana Lino, es Profesora Titular de la Cátedra Libre de Narración Oral de la Universidad Nacional de La Plata, que en diálogo con la revista Question describió acerca de la oralidad y la escucha como ejes centrales de la subjetividad humana.

Susana Lino es Fonoaudióloga, docente e investigadora y desde el 2002 se desempeña como Profesora Titular de la Cátedra Libre de Narración Oral de la Facultad de Periodismo y Ciencias Sociales de la universidad platense; además es capacitadora de CONABIP para la Promoción de la Lectura a partir de la Narración Oral, y ha cursado la Especialización en "Prácticas, Medios y Ámbitos Educativo-comunicacionales" en la FPyCS-UNLP.
Actualmente, dirige el Proyecto de Extensión acreditado por la SEU-UNLP "Malvinas: hablemos de los silencios" elaborado por la Cátedra Libre de Narración Oral en co-organización con el Instituto Histórico de la Ciudad de Buenos Aires y el CECIM de La Plata.
Ella apuntó sobre este aspecto de la comunicación: la narración oral.

 Puedo expresar lo que entendemos por narración oral en el contexto de la Cátedra Libre de Narración Oral de la Facultad de Periodismo y Comunicación Social de la Universidad Nacional de La Plata (FPyCS, UNLP), que es una perspectiva diferente de la narración oral en relación a como ésta es comprendida y trabajada en otros espacios.

La narración oral escénica en el ámbito artístico tiene una importante cantidad de cultores, de grupos de narradores y especialistas que forman narradores.

Nuestro enfoque de la narración oral incluye lo expresivo, lo artístico, invitando desde la extensión universitaria y de modo abierto a la comunidad, a narradores profesionales de larga trayectoria a realizar presentaciones ante público para narrar cuentos ficcionales literarios o de tradición oral, pero también se realizan actividades de otro carácter, que implican el conectar la narración oral con hechos reales, con hechos de la historia. Así en nuestro ámbito, la narración oral tomó también la forma de narración testimonial, brindada por aquellas personas que habían sido protagonistas de determinados hechos que participaban en nuestras actividades, brindando sus relatos testimoniales, para nutrir el conocimiento que se puede formar desde un plano académico.

¿Desde qué perspectiva conciben a la narración testimonial?
La oralidad es el eje de esta Cátedra Libre, por eso hay un enfoque interdisciplinario, porque al lenguaje oral no podemos enfocarlo desde un solo ángulo. Yo soy fonoaudióloga pero la narración oral no está enfocada sólo desde lo fonoaudiológico, sino desde múltiples perspectivas, entre ellas la oralidad se cruza con la historia, con los estudios historiográficos que han ido variando a partir de la década del ‘60 hasta la actualidad; con los estudios culturales desde donde emerge la historia oral; con una cantidad enorme de disciplinas, como la lingüística que aborda la subjetividad en la enunciación con Kerbrat Orecchionni; con la subjetividad de la recepción, desarrollada por Umberto Eco; con el poder de la palabra, según la mirada de Foucault, que se vincula con la marca o la huella que deja en el cuerpo la oralidad; con la pedagogía crítica que toma este valor de la palabra como construcción historizada, desde el universo vocabular de la teoría de Paulo Freire, o con todo lo vinculado a la narración de las historias de vida, consideradas en la teoría pedagógica de Giroux y McLaren; y con la psicología cognitiva de la teoría de Jerome Bruner, que concibe a la narración como un acto de creación del ‘yo’. Todas ellas han ubicado al sujeto social como centro del accionar educativo, y junto al sujeto, la oralidad como condición inmanente a su humanidad.

No podemos dejar de lado que la oralidad enfocada desde todos estos ángulos, nos traslada a la construcción de conocimiento desde una fuente oral poco reconocida aún como disciplina por la Academia, con un gran desarrollo de los historiadores que se dedican a la historia oral, desde hace más de dos décadas en nuestro país, y que nosotros en esta facultad y desde el punto de vista de esta Cátedra Libre, uniendo la oralidad con la historia, y articulando la oralidad con el desarrollo de la subjetividad, en ese sentido, estamos vinculando la tarea a aquello que es la construcción identitaria y la construcción de memoria, entonces nos encontramos en este enfoque de la narración oral que hacemos desde este ámbito con la construcción de memoria individual en relación con esa identidad y con esa subjetividad pero también con la construcción de la memoria colectiva, porque un solo relato o testimonio siempre contiene parte del relato colectivo, de la memoria macro; siempre van a haber puntos de vista diferentes respondiendo a esas diferencias subjetivas, pero van a haber puntos comunes que nos van a dar ese macrorrelato social, que es lo que como fuente oral, junto a los libros y materiales audiovisuales, construyen la base nutriente del desarrollo del conocimiento.


Doña Ernestina García de García Borges. La primera mujer educadora de Río Grande.2

En la publicación del cincuentenario de la primer escuela fiscal de Río Grande se da cuenta de una nueva referencia a aquella maestra sobre la cual publicamos la entrevista de Van Aken, contenida en el primer número de La Ciudad Nueva.
Leamos lo que se dice:

Se desempeñó como Directora, cuando la Escuela Nro 2 “Dr. Benjamín Zorrilla” era aun pequeña y precaria.
Su recuerdo ha permanecido indeleble en las mentes de todos sus exalumnos, y también de sus vecinos.
Su rectitud señera, su afanoso impulso docente, sus maneras suaves y seguras, su juicio certero, su actitud concialiadora, le granjearon con prontitud el efecto imperecedero de esta comunidad.
Transcribimos a continuación su carta (respondiendo a nuestra invitación para acompañernos en los festejos del Cincuentenario) como muestra de que el paso de los años tampoco ha atenuado en ella el cariño por Río Grande y su Escuela.

Buenos Aires, julio 29/76.
Señora Vilma F. de Varas
Mi estimada señora:
Contestando su hermosa carta, que realmente me emocionó, agradezco el honor que me dispensa al tenerme presente para la fiesta delo 50 aniversario de nuestra querida escuela. Quisiera poder aceptar tan emotiva invitación que me halaga y enorgullece; pero mi salud lamentablemente no me permite hacer este viaje que me haría revivir tiempos muy felices y donde dejé tantos amigos y queridos alumnos que nunca olvidaré. Por su amable intermedio le ruego  presente mi cariñoso recuerdo; pienso que algunos estarán allá.
Sería una emoción muy grande estar presente en esa Escuela tan querida.
Señora Vilma: Para el personal de esa Escuela un saludo muy especial para usted querida señora, un fuerte abrazo de quien se honra en su amistad.
Hasta siempre, mi nueva y querida amiga.
Enriqueta G.de García Borques.
Ex Directora.

Quienes leyeron la entrega primera deben preguntarse: es Borges o Borques?







Treking cultural


A invitación del profesor Claudio Nicala dimos largada el sábado 24 a la hora 11 al Treking Cultural. La propuesta fue conducir con una referencia histórica el andar de estudiantes terciarios rumbo al espacio de observación de aves donde debía esperarlos el Profesor Eduardo Amaya.


Un bien tiempo nos llevó hablar de la escuela 2, hoy intendencia.


Y también el rol de Francisco Bilbao en la vida de esos tíempos. Aquí la casa alta que fue hotel, Centro de Higiene Materna Infantil, antes de ella las dependencias que usara la Comisión de Fomento.


Canito Andrade hizo una mirada desde arriba.



La casa principal de los Bilbao, esa que por motivos comerciales se perpetuó como La vieja casona. Y frente a la casa del Juez Varas, donde tantos años vivió José Finocchio, al torre de la estación de radio.


Estación que establecía comunicaciones inalámbricas con Ushuaia y la costa patagónica. En esta imágen la comisaría de entonces, donde hoy está el Comité de la UCR.


Una visión final de la calle Elcano nos muestra la casa de los Romero, cuñados de los Finocchio en lo que hoy es La Posada de los Sauces. Y luego las viviendas de Juan Ferrando, el hombre al que lo ganó el amor.

Muchas conversaciones se fueron hilvanando, y lo que parecía que iba a ser una charla de quince minutos se prolongó más de una hora.

Tal vez insistamos con la propuesta, esta que se asemeja a aquella que llamamos en su momento CAMINANDO CON LA HISTORIA.

Recortes. El juez prefería a los travestis.

Pinky es un travesti que ofrece sus encantos en los alrededores de la ciudad de Neuquén, especialmente entre los camioneros, agobiados por las largas travesías de la Patagonia, donde no hay mucho que elegir en cuestión de sexo.

Cuando a principios de abril fue detenido por la policía neuquina con una “raviol” de cocaína, Pinky declaró ante la jueza federal Margarita de Arguelles que su proveedor era “un juez pelado y bajito, propietario de un Mercedes Bens”, automóvil en el que había sido levantado en la Ruta 22 para luego trasladarse hacia la casa del magistrado, en Zapala.

Con tantos detalles y en un pueblo chico, la jueza Arguelles no tuvo mayores dificultades en identificar al amigo de Pinky y con presteza ordenó el allanamiento del domicio del fiscal federal Adolfo Sonnenberg de Zapala, pelado, bajito y dueño de un Mercedes Bens y cuya vivienda fue identificada por el travesti como el lugr donde recibió el raviol de cocaína durante una íntima velada.

Sonnenberg er casa, con un hijo de tres años, pero aquella noche que levantó a Pinky en la Ruta 22, su familia se encontraba en Buenos Aires. Los antecedentes del caso fueron enviados al procurador general de la Nación, Aldo Montesano Rebón, de quien dependía el fiscal de Zapala como funcionario de la justicia federal. Pero no hubo tiempo para el sumario Sonnenberg falleció a mediados de abril en la Capital Federal, a  causa de una supuesta complicación pulmonar.

EL PORTEÑO Nro 125. Mayo de 1992. The posta post.


El doctor Sonnenberg tuvo un desempeño en el Juzgado de Paz Letrado de Río Grande, y en 1985 mandó a secuestrar un programa que se estaba difundiendo por LU 88 TV Canal 13. La grabación era de un espacio Mundo Nuestro  conducido por Magdalena Ruíz Guiñazú que ya se había visto en Buenos Aires, y otros muchos lugares del país; se tema “El oficio más antiguo: la prostitución”, al que el letrado consideraba atentatorio del pudor… 

Ha muerto Emilia Bonifetti

Ya se que en estos últimos años viniste a descubrir que no te llamabas así, como te conocimos la mayor parte de tu vida, y pasaste a ser Franca Susic, como se conocía a tu madre.

Ya se que tu herencia más importante fue la consolidación del CAP, Centro de Antiguos Pobladores, sobre tantos pasos en falso, y lo hiciste nacer un 15 de mayo, como tu mamá.

Ya se que dejaste muchas cosas por hacer, y que tus caminos fueron varios: el comercio, la política, la acción comunitaria, la familia.

Lo que queda en este adiós es tu entereza. 

Qué no era poca..

Pregúntenle a los que saben de este lugar quien fue la Emila, y mientras tanto documentemos los recuerdos con esta entrevista que te hiciera en su momento Patricia Croci, donde hablaban de lo que ayudaste a nacer, a nuestro hospital..


***


La primera sala de Primeros Auxilios que hubo por estos pagos estaba en la casa de Don Francisco Bilbao, en la playa, en el lugar donde ahora así Elcano y pasaje Jorge Newbery casi esquina Rosales. Era una manzana grande, de tres cuadras, y allí había una casa donde él había tenido un despacho cuando recién esto se estaba poblano, y eso se facilitó para una sala de Primeros Auxilios y estaba un tal Dr. Serpa de médico.

Eso fue previo al Hospital y de allí pasó al batallón del BIM 5 y luego se inició el Hospital propiamente dicho.

El edificio del Hospital se tiró tres veces al piso.

Veinte años se demoró su construcción. Cada gobierno que venía no le gustaba, se hacía otro proyecto, subía otro gobierno, no le satisfacía, vuelta abajo; total la plata era nuestra. Se inauguró en la época de Frondizi, en la que yo era funcionaria, y por razones políticas había que aprovechar a hacer “bambolla”, para variar, como ocurre siempre: “Vamos a inaugurar el Hospital”, como aquí no había medios de comunicación salió en diarios de Buenos Aires. Va a venir el Ministro de Salud Pública: Dr. Noblía a la inauguración, y el Gobernador del Territorio era el Capitán Campos, él fue el responsable de que se inaugurara el hospital. Se inauguró lo que hoy es la Dirección y todo ese pasillo largo. Allí se hicieron al medio, de un lado mujeres, del otro lado hombres, y en la misma entrada estaba la sala de atención de los médicos. Así comenzó el Hospital.

Entonces hagamos ruido, vino el Ministro, yo no asistí a esa inauguración, a pesar de que pertenecía a Salud Pública por que no me presté a eso y así empezó. Luego se terminó el edificio con el Gobierno de Frondizi, quedó como hasta hace ocho años, eran salas de hombres, de mujeres, con entrada por Ameghino, si mal no recuerdo.

A cargo de la construcción estaba el Maestro Mayor de Obras, el Sr,. Campanella, que falleció al caer el Lear con el gobernador Trejo; y yo era presidente de la Cooperadora del Hospital, de la miseria del Hospital, y me dijo: “Sra. Bonifetti si me consigue 15 kg de cera en pasta yo le entrego esta tarde el piso lustrado, era iso de cemento, con la gente del Hospital”. Entonces, a salir a campear la cera. Agarré mi “catramina” y salí boliche por boliche y les decía: “¿Si Ustedes concurren al Hospital, se les cobra? ¡No! Se está por habilitar, no hay un solo peso y el MMO nos dice que nos entrega el Hospital lustrado pero es un enorme gasto para nosotros.” Si no tenían lata de cera me daban un peso con cincuenta y así juntamos en un recorrido, en una mañana 30 kg. de cera. Le dí 15 Kg. Y necesitábamos una lustradora además. La fui a pedir a Municipalidad, no tenía, a INTA, no tenía, al Banco de la Nación, no tenía, estaba de gerente Mones Ruiz y me dijo:¿para qué es?.Es para el Hospital, para que nos entreguen el piso lustrado. “Tomá la mía”. Me la dio su lustradora, le entregué todo a Campanella y a la tarde nos entregó el Hospital lustrado.

El Hospital lustrado pero con un vacío imposible de llenar, porque

...nos dieron la infraestructura pero absolutamente nada más.

¡Nada! Todo lo que había era chatarra rota, entonces a buscar colaboración: Me fui a la Tenessee y reparó todo lo que fuera hierro: camas, vitrinas, catres, mesa de cirugía, mesa de partos. Todo lo que fuera hierro lo reparó Tenessee, como contribución voluntaria. Después me fui a lo de René Díaz, le dije: “René hay que colaborar para el Hospital”.”¿Qué necesitas? “Necesito mano de obra de pintura”.”Me vas a traer la pintura? Si. Me fui a lo de Zapico (Tanarro entonces). Mire, nos entregaron el Hospital vacío, estamos empeñados en hacerlo.. Que necesitaba pintura.¿cuánto? Tantos litros. Tome la pintura.  Así llegaron camas, muebles, todo cero kilómetro. Colchones, a los ganaderos; algunos entregaron la lana, otros tela y lana; el colchonero Romano (el padre de Chito y todos los Romano) hizo casi gratis los colchones. Se hizo después sábanas, fundas, cortinas, cubiertos platos. No dejé de pedir a nadie: Waldron, que era importadora y exportadora regaló los cubiertos. Después la máquina de escribir. En esos tiempos había muchos prostíbulos y las madámas se atendían gratis: los jueves nos se atendía a nadie excepto a las personas de los prostíbulos. Entonces me fui a la casa de “La Olga” y les dije: Ustedes se atienden acá gratis y necesitamos su colaboración. ¡Y qué necesitaba Sra Emilia?  Mire, necesitábamos una máquina de escribir, tipo oficina, claro. Al día siguiente llegó la máquina más grande que había en La Anónima.

¡Gente generosa!

Después estaba La Coca que regenteaba sus casas de Mar del Plata al sur, y yo a ella no me atrevía a pedirle. A otras señoras yo las conocía de cuando éramos cuatro personas aquí y todos se conocían pero, a “La Coca” no, y como yo en ese interín había postulado a candidato a Intendente por Río Grande.. (Entrevistadora:¿Con cuántos años Emilia.) 34 años tenía –eso fue en el 63- fue la primera elección en Río Grande. Yo perdí por 41 votos y ganó el caballo del comisario. Bueno, la señora Coca decía que no me iba a votar a mi por que yo iba a cerrar los prostíbulos. O sea que ya sabía que la tenía de  eemiga.¡Mentiras!¿Quién soy yo?¿Que autoridad tenía la Municipalidad para cerrar los prostíbulos? Esas eran leyes a nivel nacional. Cuando llega, yo a esa mujer no me había arrimado porque sabia que ella a mí me tenía recelo. ¡Pero Dios hace las cosas! Un día yo venía de Buenos Aires, baja el avión en Gallegos, sube ella. No me voy a arrimar en el avión, pero antes de llegar al hall de Aerolíneas yo le voy a hablar. En ese interín de bajar del avión y llegar al salón, había un viento que volábamos, me acerqué y le dije: Quisiera hablar unas palabras con Ud., estamos haciendo esto por el hospital y como Uds. se atienden gratis..¿Bueno, que necesita? Quiero un lavarropas, tipo petit hotel, supuestamente, porque familiar sería insuficiente. Bueno le voy a mandar un lavarropas que tenía para el cabaret de Gallegos, pero como no lo abro iba a devolver a Mar del Plata, entonces se lo voy a mandar a Ustedes. Mándelo a nombre de la Cooperadora o a nombre del Director del Hospital, el Dr. Pacheco. No, se lo voy a mandar a su nombre. Bueno, haga como quiera. La cosa es que vino el lavarropas.

A mi cuñado que era concejal, le dije: Ud. también a colaborar.¿Qué es lo que necesitan? Una máquina de coser. Fue la máquina de coser, él con Soneyra –“El Coronel Cañones”- le decían por su porte, recio, fuerte.

Y yo, todos decían:

Emilia todo pecha, pero no aporta nada.

Yo decía: Bueno, pechar era un trabajo que llevaba tiempo y me eran necesarias las relaciones, sino no lo hubiera logrado. Pero yo dije: “Voy a donar la Nursery”. Doné seis camitas que las hice hacer a un carpintero, los seis colchones, los seis juegos de sábanas rosas y celestes (esos los hice con mis propias manos) las dos mudas y las cortinitas de la habitación. ¡Ah! Y las colchitas que quedaron amorosas. Esa sala fue toda hecha por mí. Sin nombre, en esa época no se ponían nombres.

Se donaron platos, cubiertos, vasos, ollas se arreglaron muchas, televisor... Sí cuándo salió la televisión, en el 66, creo. Salió así: había que juntar dinero por que la asistencia era gratuita, no se cobraba absolutamente nada y la medicación era gratis. Era Hospital Público. No existía obra social, nada. La cooperadora era muy fuerte y cuando necesitábamos algo, por ejemplo para la fiesta de fin de año, siembre había sorteos de 12 o 13 premios, todos mangados. (Entrevistadora: ¿o sea que la Cooperadora juntaba fondos organizando actos?) Si, festejos, rifas, bailes. La vez que fue el televisor, quedó sin rifar. Quedó para la Cooperadora, y el día de reyes aparecieron los reyes magos y a la noche le llevaron el televisor a la sala donde estaban los viejos. Pero, empezaron las grescas porque los hombres y las mujeres querían ver juntos, entonces a tal hora los hombres, a tal las mujeres. ¡Se vivían peleando! Entonces le escribí una carta al Intendente Allen donde le pedimos su colaboración a efectos de que pueda tener cada sala su televisor y no sea compartido. Entonces vino el otro televisor. O sea que con la colaboración de toda la comunidad se completó todo.

¿Quiénes formaron la Cooperadora?

Estaba Luis Saldivia (Lucho) un chico de Punta Arenas que era tesorero, estaba el Cónsul de Chile como Vicepresidente.¡Yo estaba muy piola! Aquí la colectividad chilena era fuertísima, estaba ocupado el Hospital en un 80% internados chilenos, así que convoqué al Cónsul: Vení, vamos a laborar juntos, Aceptó y fue un colaborador diez puntos. Él se desvivió por atender los problemas de su gente. Además estuvo como 8 años, antes estaban más tiempo. Cuando yo no estaba, él me suplía perfectamente. Lo único que él no hacía era recaudar fondos. Cuando volvía las monjas me decían: ¿Sabe Sra. Emilia cuánto debemos de remedios a la farmacia de San Juan?  $ 45.000.  Y bueno, vamos a hacer una kermesse. Y se salía a pata, a pata casa por casa. Se jugaban juegos simples: las argollitas, tirar las latas etc. etc. mil juegos. ¿Y que le voy a dar señora? Desde un pancito de jabón, cualquier cosa, juntábamos, juntábamos. ¡Bebidas! Me acuerdo de una kermesse que sacamos $ 21.000, limpios de polvo y paja, y nos sobró bebida para dos años para todos los agasajos habidos y por haber. Le pedíamos a la monja una habitación y la llenamos de vino. Una habitación sellada.
(Ent: ¿Y las monjas eran de la congregación de la Virgen Niña?) Si, llegaron en ese tiempo. Trabajaban muy, muy bien. Había una disciplina y limpieza propio de las monjas. (Ent:¿Y las kermesses como eran?) Eran en el Club San Martín. Todo el mundo participaba. La plata chica nunca terminaba: que el sapo, que las argollitas. Eran moneditas, moneditas. Entonces en una oportunidad alguien dijo:¿porqué no jugamos a la ruleta?¡Ah! Yo tengo miedo que nos allanen y nos den un disgusto; y por aquel entonces mi tesorero. Sr. Brenavente dice: Yo se sobre ese tema, pero no se por que nos enojamos, él me dijo dictadora, o cosa por el estilo, fue un disgusto raro, y me dijo que conmigo no trabajaba; entonces me quedé con la mesa, todo puesto y él sabía que no estaba. No se aflija que el capitán del BIM 5, él sabe. ¡Ay!- dije, nada menos que el Capitán, yo no lo conozco.. No te preocupes Emilia, yo lo voy a ver. Bueno, yo quedé clavando las telas, quedé sola en el San Martín, y de repente se abre una puerta de calle y un tranco: trum, trum, trum de botas. ¡Ay! – dije yo- ¿quién será?. –Buenas tardes señora.., deje eso no lo tiene que hacer Ud. ¿Y quién es? Es el Capitán del Batallón. Ya lo tenemos con nosotros, me dije. Estuvimos hasta las 6 de la mañana, se hizo muchísima plata, más que en todas las actividades anteriores. Eran encuentros de ruleta exclusivo, en un recinto privado, muy cuidado. Lo hicimos en dos o tres oportunidades y daba mucha plata rápida, de la otra manera había que moverse mucho más.



¿Cómo era el espíritu del Hospital. Cuántos médicos había?

Estuvo el Dr. Ferrá, estuvo el Dr. Luraguiz. Luego el Dr. Pacheco quien fue el primer director nombrado. Ese hombre trabajó como un enano, con mil contratiempos... Conseguimos máquina de placas, la portátil para placas dentales la donó Don Esteban Antúnovic. Era un viejo ganadero. Don Esteban me decía: ¡No te voy a dar nada! Era idignante. Yo le hacía la corte, me fui hasta la estancia  un día, era la Estancia Buenos Aires. Tomamos el té, en la cena haciéndole el verso al viejo y.. ¡No te voy dar nada!. Pero Don Esteban, todo el mundo colaboró, el Hospital está andando.. Boino, Boino. Yo, este.., voy.. ¡No te voy a dar nada! Me cansé y me fui. Al día siguiente a las 9 de la mañana suena el timbre, eran Don Esteban: ¡Apúrate tú, todavía durmiendo, todavía! Yo salté de la cama. Hazme la carta tú,¡lo que necesites! Pero yo no se, es el Doctor. Bueno..¡házmela, házmela! El Doctor Pacheco estaba en el Frigorífico, trabajaba en la mañana allí y en la tarde en el Hospital. Me fui al Frigorífico: Dr. Pacheco, por favor, la carta pidiendo la máquina con todos los detalles técnicos. El tenía un catálogo alemán. Ayer todo el día que no te voy a dar nada, y esta mañana, y ya, ta porque tengo que volver Estancia y tanto que ir aduana..¡ya! Bueno. Un aparato de rayos supersofisticado, se hicieron todos los trámites aduaneros, por el Ministerio del Interior, por exportación y en Buenos Aires hubo que dirigirse al Ministerio de Salud Pública y el Dr. Noblía le contestó que el Estado “no necesita dádivas”. ¡Ese viejo Antúnovic, como se puso! No vimos por años el aparato de radiografías, yo seguía pidiendo. Tu te das cuenta, ¡dádivas!, y cuantos años pasaste su sin tener eso, ¡pero era una dádiva! Porque Don Antúnovic pedía que de acuerdo a la ley, se desgravara de sus impuestos el importe de la donación. Eso se hacía. ¡Eran dádivas! Chau, listo, nos quedamos sin aparato. (Ent:¿Qué había en el Frigorífico?) Había una Sala de Primeros Auxilios, bien puesta, habían 3 o 4 habitaciones. Eso era de la CAP. Estaba el puente colgante, el antiguo para ir y volver, y eso era un odisea... sino se cruzaba en bote. Cuando no había placas la Cooperadora compraba la placa, el Dr. Pacheco lo subía al paciente en su coche, lo llevaba a CAP, le sacaba la radiografia y lo traía para este lado. ¡Era realmente atruista ese hombre!  En el Hospital no había casa, el Dr. Pacheco dormía en CAP. Si lo necesitaban para una emergencia agarraba el coche y vamos... Llegaba al puente y hasta llegar al Tropezón 4 o 5 encajadas de aquellas, con caballos, con camiones luchando hasta llegar. Del Tropezón al puente era un verdadero fangal. Cuando el aeropuerto estaba en el Frigorífico, cuantos se habrán quedado sin el avión por que se quedaban atascados ahí. (Ent: Así que la vida inicial de Río Grande transcurrió en CAP? Claro, el gran pueblo era CAP, que tenía 400 o 500 obreros. ¿Y acá que había? Estaba Prefectura, Policía y pará de contar. Luego si, se comenzó a asentar la gente de este lado del río. (Ent: Volviendo al hospital...) Si, después pasó mucho tiempo y lo convencí a Don Antúnovic que donara la máquina portátil de placas dentales. La donó. Ya estaba más cansado con el tema burocracia, pero veía que había necesidad y la donó. Hubo muy importantes donaciones y fue todo a pulmón porque el Estado puso en 20 años el edificio y nada más. (Ent:¿Y enfermeras?) Había poco y  nada. La Cooperadora aportaba para que hubiera más. Yo recuerdo a Hilda Lincomán. A nosotros nos prohibían que pagáramos sueldos, pero para que queríamos porotos, garbanzos, platos sábanas y colchones si no teníamos enfermeros.

¡Eso no era un hotel, era un Hospital!

No podíamos dejar constancia en los libros, pero como no íbamos a pagar sueldos si no había. Tanto es así que cuando se jubiló esta Sra. Lincomán, le sirvió nuestra certificación de la Cooperadora para completar sus años y creo que le valió nuestra certificación. También estaba Arsenia Álvarez, creo que también le comenzamos a aportar nosotros hasta que le vino el sueldo, no estoy muy segura... (Ent:¿Qué actividad predominaba?) Partos y cirugía de emergencia. Todos los días nacían chicos. Y atención a la gente de campo, y los jueves se atendía exclusivamente a las chicas de los prostíbulos, por razones de higiene no se atendía a nadie más. Ahora, ya no hay prostíbulos sino clandestinas, cosa que es peor. Antes se controlaba.

Recuerdo una vez, un congelado por vino. Se le cortaron los cinco dedos de ambos pies... y el Dr, Pacheco decía: Este pobre hombre no va a poder caminar, y estábamos preocupados.. Ahora que hacemos con este viejito, qué prótesis, que aparato tendremos que comprar, en que inversión nos tendremos que meter... El viejito se levantó y caminó como si nada.

En otra oportunidad llego de Buenos Aires y la monja me dice: ¡Ay! No sabe Sra. Emilia, tenemos un internado hace 40 días y tenemos un choclo en la Farmacia del Pueblo. Bueno, ¿Pero hay esperanza, hay vida? Si. Pero debemos cuarenta y tantos miles de pesos. Pero, ¿cortaron el crédito? No. No. Bueno, de algún lado va a salir el dinero. Mientras hay vida, hay esperanza. Si, pero hay que derivarlo a Gallegos, por que aquí no hay recursos, no hay elementos. Se trataba de un hombre de campo, con fracturas por todos lados, traumatismo de cráneo y el médico decía que en Gallegos se curaría. Allí tenía todo gratis también. Así que se sacó el pasaje, se fue el hombre y volvió sano. Bien, se hizo una fiesta para pagar las deudas del Hospital y se pagaron los remedios. En aquella época no había inflación. La cuestión es que, pasó mucho tiempo, y hace 5 o 6 años fui a Punta María y paré a comprar pescado fresco, y me dijeron: Camine que hay una casucha y está el pescador. Levantó una lona y hay unos pocos pescados. Deme, deme que soy sola, me va a alcanzar. Me los preparó el viejito y le digo: ¿cuánto es? Nada. ¿Cómo nada? ¿Usted no es la Sra. de Bonifetti? Si. Y bueno, ¿cómo le voy a cobrar si le debo la vida a Ud.? Yo no lo recuerdo. No se acuerda una vez que Ud. volvió de Buenos Aires y recorrió el Hospital con la Superiora, y ella le contó que un enfermo con el que había gastado mucho dinero en remedios, que estaba grave. Y que debía derivarse a Gallegos, Ud. le preguntó: ¿Hay esperanzas, hay vida? Evidentemente él estaba escuchando... Y me dijo, yo además viajé a Gallegos porque Ud. ordenó y seguramente pagó de su bolsillo, por que no había plata... Y así ocurrió, así fue. Y además me dijo, vuelva a menudo a conversar por que yo le construí el puente, en la estancia a su mamá, sobre el Río Menéndez, así que me conocía de chica. ¡Y cuántos otros!

El cáncer mayor del hospital eran los borrachos y la escarcha en el invierno, que se caían arrodillados y les quedaban los miembros cocinados.

El lamentable suceso en el que me vi involucrada

...fue cuando mi hijo atropelló con el coche a una chica de 16 años que iba del brazo del novio. La chica cayó sobre el capot del coche y de allí al piso, estaba lloviendo, era de noche y fue cerca de la comisaría. Mi hijo iba a buscar una enfermera para darle una inyección a Gloria, que estaba embarazada, estaba mal. Llamó a un policía, por favor ayúdenme que atropellé a una chica. La llevó al hospital y allí estaba el Dr Pacheco. A el se lo llevaron a la “cana” y aquí la mujer que esperaba la inyección.¿Cómo no viene Miguel Hugo? Y por ahí me avisan a mi de todo y que vaya al hospital. Llego, estaba acomodada la chica, conmoción cerebral, en la cama y a sus pies la monja, doblando vendas para esterilizar, mientras controlaba permanentemente la presión y el pulso. Y la atención a esa chica.. ¡Uy! Era a mi a la que estaban atendiendo, no a esa chica. Me están volcando toda mi dedicación al Hospital en esa chica. Así paso dos días, tres días y el médico decía que la chica estaba bien, que necesitaba 40 días de reposo, pero la chica se movía, hablaba, tenía buena respuesta. Un buen día viene un enfermero y me dice:¡Ay! Sra. Emilia, a esta chica se la quieren llevar del Hospital y la van a matar.¡No la dejen salir del Hospital! Y yo no puedo hacer nada, yo estaba al pie del cañón, pagando remedios y viviendo al lado de la chica, junto a la monja estaba yo. Vino la madre y el padre, que estaban separados. Cuando llegó la madre se desmayó: allá la madre, acá la hija... A la una de la mañana llegó el padre. A mi me mata, pensé yo.. y la monja me ubicó en un lugar donde no me pudiera él atacar. Pero yo no podía estar parada, caminaba, caminaba.  Y de repente dijo el hombre: ¿Quién es esa señora que tanto camina y llora? Y la monja le dijo: esa es la madre del muchacho que atropelló a su hija. Dígale que fue una desgracia. Que no se aflija tanto, que fue una desgracia que Dios lo permitió y que no se mortifique. ¿Fijate, que comprensivo! Vino la monja y me lo dijo: Que su hijo no es un criminal y no se cuantas cosas más. Yo respiré profundo...

A los tres días se escucha por un teléfono que el Dr. Luraguiz le había hablado a los padres y se la llevaba a su clínica. Por que en ese entonces era una guerra fatal entre privados y Hospital, se sacaban los ojos por disputarse pacientes.., en fin. Entonces yo llego y lo llamo al Dr. Pacheco y él me dice: Los padres son los dueños de la vida de su hija, y disponen de ella con el riesgo de que la perjudiquen. Yo no puedo negarme a que la retiren, si me firman que la retiran bajo su responsabilidad. Pero no me la dejen salir si no vienen con la autorización firmada. Bueno, me dijo: la quieren sacar por que dicen que el Hospital es una porquería, la están matando, porque esto, porque aquello, ni siquiera le lavaron la cabeza... Yo no aconsejo retirarla pero si lo hacen deben firmar la autorización. A los cinco minutos sueña el teléfono y siendo que el Dr. Dice, preparen a la niña para viajar, para sacarla, que vengan con la orden, yo no quiero estar cuando la retiren dijo el Director. Yo si quiero estar, dije yo. Así que fui afuera, no quería estar cuando la movían. Vino el médico con sus enfermeros y unos amigotes de la barra. Había un compañero de la Aduana y me llamó al coche y me dijo: La tenemos que sacar por que acá la están matando, en este Hospital no hacían nada. Y yo tenía que escuchar: Dios mío si que la estaban matando, yo nunca me vi tan gratificada como en esos momentos de dolor, nunca vi tanta dedicación, tanto empeño, las monjas no se separaban de la cama, ahí estaban, ¡ahí estaban! Si una iba a comer la otra la reemplazaba. Controlaban que el resuello fuera siempre constante, que no falte, que no le sobre. O sea que me sentía tan gratificada yo, estaba recibiendo todo el cariño, me estaban pagando los 12 años de hospital, me los estaban pagando. Se la llevaron, yo me vine a casa “hecha pelota” y después al rato llega el hermano de la chica, y yo quisiera saber Sra. ¿quien va a pagar la medicación de mi hermana ahora que está en la clínica? Yo se la voy a pagar, como se la estaba pagando en el hospital, por que se la pagaba yo, no la Cooperadora. ¿Y la internación? ¡Ah, no! Eso corre por cuenta de quien tomó la decisión. Por que si a mí me hubiera dicho el médico: Mire, Sra. la solución es llegar y hacerle una operación, aquí no hay elementos y en mi clínica si los hay, y es necesario para salvarle la vida, yo no hubiera tenido problemas, pero que me hayan pasado por alto y hayan desprestigiado al Hospital, que es el único lugar donde tiene que venir la gente que no tiene dinero, y que va a venir con miedo al Hospital. Por que si matan a esa chica que es a la que atropelló el hijo de la presidenta de la Cooperadora: ¡A quién no van a dejar morir! Así que eso yo no se los perdono, y yo me he sentido gratificada con la asistencia que ha recibido esa chica en el Hospital, que dudo que la tenga en la clínica. Así que vengan las recetas que yo se las voy a comprar, y yo haciendo de tripa corazón me voy a la clínica.  Esa pobre chica, che, la operan y a había que mantenerla a 34 grados, ni más ni menos, y salió de la operación muy bien, por que la chica hablaba, era coherente, tenía movimientos, pero le faltaba asistencia, por que primero: para mantenerla a esa temperatura era necesario hielo. No había hielo. Yo corriendo por las casas de mis amigas buscando hielo a los ponchazos, sacando de las heladeras,¡cómo puede ser eso! Tendríamos que haber traído barras de hielo del Frigorífico. Si no hubiera sido que yo traía hielo a los ponchazos.. bueno, duró un día y medio y murió.., para mí porque tenía 40 grados. La ponían en un palanganón para bajarle la temperatura. Yo creo que si quedaba en el Hospital no moría. Si anduvo bien ese pobre viejo, como no iba a funcionar esta chica joven..

¿Y como abandonó la Cooperadora?

Y cuando cambió el sistema, ya se empezó a cobrar y no se que más. Apenas cambió el sistema yo me borré, y cada cual se fue a su casa. A los tres meses nos mandaron a llamar, pero no se... (Ent:¿En que cambió el sistema?) No me acuerdo. Fue un experimento piloto en Salta y aquí, en zonas alejadas por si fallaba, por eso se hacía lejos. Y yo que había visto lo que era sufrir para que la gente se asista, y poder mantener eso. Cuando vino el nuevo sistema lo primero que hicieron fue amueblarle la casa particular a los médicos. ¿Y cómo era eso? Si no había plata ni para remedios, pero eso existíamos, pero... primero mi comodidad y después.. ¿no? Si tienen plata que vaya al Hospital. Cambiaron todos los médicos. A Pacheco lo echaron, no servía. ¡Ni para médico servía en el nuevo sistema! Pero estuvo 16 años en la lucha, pero no servía. Eso le costó la muerte a Pacheco, se fue a Gallegos, y al año murió de un infarto a los 40 años, con 6 chicos. Pero la gente lo reconoce, sin duda...   





* La entrevista fue realizada para una publicación interna del Hospital Regional Río Grande que nunca vio la luz. El objetivo no era observar la rigurosidad histórica en los datos, sino que se trataba de rescatar el espíritu con que se llevó adelante el trabajo hospitalario en otros tiempos. Patricia Croci, es kinesióloga, desempeñándose actualmente el Periférico Nro. 3 de la Margen Sur. Franca (Emilia) Susic Vda. De Bonifetti es –al borde de sus 80 años- una asidua paciente del Hospital Regional donde ya no queda gente que haya trabajado en esos tiempos.

En la foto: Hace cincuenta años, Emilia con anteojos voladores..

POST-SCRIPTUM: Como un dato curioso hay que decir que Emilia nunca se llamó Emilia. Al nacer el 3 de noviembre de 1923 fue anotada como Franka Susich, situación que vino a remediarse por intervención judicial rectificándose su apellido el 7 de mayo de 1940, pero no así el nombre. Pasando a ser Franca Susic. El trámite fue hecho por la madre, quien firmó de Susic' con acentos y apóstrofes eslavos sobre la s y la c; aunque el apellido de la hija se castellanizaba en la ch final. El padre, Miguel, estaba ausente en esos días que vino al mundo.

Relación de su hijo Alberto sobre los últimos momentos de Emilia..

según nos informó su nieta Silvia Bonifetti - a cuyo cuidado estuvo los últimos años de su vida - la mami nunca sufrió ... 
los últimos días comenzó a tener unas arritmias respiratorias que le producían unos desmayos, de los cuales despertaba sin tener noticias de lo que le había pasado ... 


el médico les indicó que no había nada que hacer, y mucho menos operar; solo había que transitar el desarrollo de los acontecimientos (la mami tenía 90 años - 03/11/1923 - 25/05/2014) ...
comenta Silvia que ayer tuvo el "día de luz" de muchos seres al momento de pasar a mejor vida ...
tuvo un día en familia, pleno de entusiasmo y lucidez, como hacía mucho no tenía, lo disfrutó mucho - luego de esa larga y emotiva jornada se fue a descansar, y a eso de las diez de la noche se encontraron con el cuadro de una nueva arritmia, y pese a los trabajos de masajes que el médico les había enseñado hacer, esta vez no reaccionó y continuó hacia su nuevo lugar en el mundo; en paz descansa ...

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