MEMORIA DE PADRE (para una paloma ausente, siempre presente)




Madre sintió grandes temores por aquello que se había desprendido de su cuerpo y fue así que con las evidencias del caso concurrimos a ver al Dr. Mario buscando una opinión tranquilizadora.
El ex director del hospital –había sido destituido por el gobierno militar- habló sobre eso que nos pasaba por primera vez como algo que suele ser más frecuente en los matrimonios jóvenes.
No debía apurarnos el temor a infertilidad. La tierra se va preparando con el tiempo y así se vuelve fecunda.
La metáfora sonó así: bíblica. Y nosotros seguimos adelante.
De por medio Madre viajó con una amiga y compañera de trabajo en el colegio Ceferino, lo hizo hasta Ushuaia donde el Dr. Sánchez Galdeano dio un diagnóstico esperanzado.
Tal vez esto ocurrió cuando había pasado un año de nuestro casamiento, para el segundo aniversario las promesas fueron más alentadoras.
Madre embarazada viaja a La Plata, allí habría profesionales que la acompañarían en el tiempo del embarazo con una mayor tranquilidad de su parte, además estaban los abuelos…
Un día me llegó por teléfono la lamentable noticia que el embarazo había terminado. Estaba detenido, y con ello un degradé era indispensable para reparar los riesgos que ella corría. Traté de entender lo que pasaba, y en parte me lo dijo Madre en cuanto llegó a Río Grande. Ahora confiaba en los médicos del lugar, o bien quería estar cerca mío en tan duro momento.
Vos llegaste un invierno de fiesta, cuando el país festejaba su mayor gloria futbolítica; apostamos a la certeza de que estarías con nosotros. Pero llegó la guerra.
Consultamos en el Hospital al Dr.Julio sobre la atención que podría recibir Madre, en medio de una contienda, él y su sentido de humor marcaron el camino:´¡Mirá Yoly, si no te antiendo yo, por ahí te atiende un carabinero!.
Las clases terminaron antes y Madre/maestra volvió a La Plata para ponerse en manos del Dr. Pera.
La guerra pasó de largo, pero yo seguía con la licencia postergada. El embarazo se notaba bien, pero vos te tomaste todo el tiempo del mundo para venir a nuestro encuentro.
Ya en La Plata se me acabaron las vacaciones y también los días de francos acumulados, hasta que el doctor decidió inducir tu llegada mediante un sistema de vacum.
Aquella noche sobre la Clínica de la calle 51 tu abuela y yo estábamos fuera de la sala de partos y estuchábamos los clamores de Madre. En un momento me dejaron entrar, vistiéndome apropiadamente. La marca de la vida te precedió, y un grito y un cambio en todas las respiraciones nos permitieron saber que la que estaba entre nosotros era María Florencia.
Al rato pregunté a que hora habías nacido y una de las mujeres que te atendía dijo que había sido veinte minutos antes, aproximadamente. Yo era el único que tenía un reloj para dar mejores precisiones. Ya había pasado la medianoche era 9 de febrero. Los veinte minutos te tenía nacida en ese día, que ya tenía por nacida a Natalia, la hija de unos amigos; quise de entrada que fueras diferente y advertía que habías nacido el 8, antes de la medianoche. Fue la primer trampa entre nosotros.
Al rato, un traquetear de pasos inquietos que llegaban desde afuera, me hizo recordar la abuela que esperaba identidades. Yo salí un momento y le dije: ¡Está bien! Y agregué tu peso; la intriga de tu sexo pasó para mas tarde… Y ya te estábamos viendo vidrio de por medio entre media decena de sus contemporáneos.
Volvimos en taxi a la casa de 72, y mientras yo pagaba, la abuela bajó a llevar la novedad. El abuelo me esperaba en la puerta, burlón: ¿Así que tenés una chancleta? y yo lo enmudecí con un abrazo.
El mismo abuelo me acompañó unos días mas tarde, cuando hubo que inscribirte.
Esa mañana salimos en colectivo en busca del Registro Civil que estaba de feria.. El abuelo pidió tenerte en brazos y solo te entregó a la hora del descenso. El registro era un edificio singular, de forma triangular, situado sobre una de las diagonales, y hubo que subir una larga escalera de mármol. Al bajar ví que los escalones estaban gastados y temí resbalarme y caer con vos… Llevaba en el bolsillo trasero de mi pantalón la constancia que te llamabas María Florencia.
Cuando regresé a la casa de los abuelos habían telegramas de salutación y uno que me apremiaba a regularizar mi situación en el trabajo.
Fue entonces que te tomé las primeras fotos: la del chupete que está encuadrada en casa de Madre, y esta otra que había sido desechada por ser la última del rollo y tener algunos problemas de encuadre.
Así como te ves seguiste por un tiempo: colorada, y de esa forma te recordó durante años Eduardo, el amigo de los días de estudiante que compartía nuestra alegría.
En Río Grande llegamos a la Residencial La Candela, la antigua casa de la familia de Esteban Martínez donde mis padres trabajaban de conserjes, y allí nos recibieron. Mamá era toda gestos, y algunas lágrimas, Papá se alegraba de la proximidad de los cumpleaños y se adivinaba que lamentaba que no fueras un varón; después -con el tiempo- se moriría por verte.

Aquellos fueron los días que enaltecieron nuestro vivir.

4 comentarios:

ana dijo...

cuando encuentre palabras escribo,
y cuanda deje de tener mis ojos nublados y mi garganta hecha un nudo.

Pali dijo...

¡¡¡Feliz cumpleaños Florencia!!! ¡¡¡Gracias por compartir tiempos en alegría y tristezas y siempre con esa voz de trascendencia.
Que conserves esa voz por siempre. Por lo menos tu papá te hará regresar a ella, si alguna vez pareciera que la perdés.

Momentos en el Fin del Mundo dijo...
Este comentario ha sido eliminado por el autor.
Momentos en el Fin del Mundo dijo...

Me sumo al mensaje de Ana, en la gargante hay un nudo que no permite respirar bien y ... Nada. Mingo, felicitaciones por lo escrito, tamaño homenaje...!