Los Visic y su casa.



En la intersección de Colón y Don Bosco, no en la esquina que ha quedado despejada, se levanta la casa que fue chacra y que albergó una familia riograndense de origen croata.



La casa verde fue levantada a pedido de  de Juan -también conocido como Jack- oriundo de la entonces Yugoslavia, hoy identificada con Croacia con una nacencia que se remonta a 1893, allí formó su familia con su esposa: Catalina Zuvic, nacida también por la Dalmacia en 1904 y llegada aquí luego que se instalara en el medio su hermana Franka, casada con Sucic, permitiéndose a la vez la llegada de una tercera hermana..

Jack era Kovasevic con línea materna, Catalina era Mlaninic.



La chacra fue célebre en su lechería y el reparto que de su producción se efectuaba, en carro. Ocupaba un espacio más extenso que se comenzó a lotear promediando los 70, dando respuesta a las urgencias poblacionales de un Río Grande que no encontraba hacia donde crecer y ocupó el lugar de quintas y chacras.



Yo entré un par de veces en ella: Cuando se casó mi primo Eduardo Omar Vasquez, con Catalina Visic, hija de Antuco; y otra par entrevistas a Elisa, a la que mostramos aquí en su función de cocinera en momentos en que realizamos un programa sobre lss niñas de la Misión de Nuestra Señora de la Candelaria.

Como es de esperarse se fueron dando algunas modificaciones en el tiempo, puertas que se cegaban, otras que eran reemplazadas por otra más moderan.

Hace un par de años se puso un cartel de venta inmobiliaria y supusimos que de su venta se daría un cambio en el paisaje urbano. Pero se dio lo imprevisto, uno de los herederos: Choty Martinic, experimentó un incendio en su vivienda por el barrio profesionales 2 y debió buscar amparo en la casa que fuera de los abuelos.

La chacra aquella era sitio de convocatoria de una vasta familia, y también de los interesados en preservar la imagen del Río Grande pastoril, como se aprecia en esta maqueta que durante años vimos en el Centro Histórico Documental.



9 comentarios:

cristina dijo...

Siempre me encantó esta casa y hasta hoy no supe de quién era

Mabel Caparros dijo...

Esa casa,la chacra como la llamamos desde los afectos fue la que nos recibio en el año 1981 cuando vine de Luna de miel ,llena de gente vinculada afectivamente a mi esposo y esa misma casa fue la que me recibió en el año 1985 cuando nos vinimos a radicar definitivamente,y donde viví los primeros meses de mi vida fueguina....

gladys patricia Subiabre dijo...

Hubo un tiempo en que una parte de la casa era una librería. La entrada estaba por la calle Don Bosco.

Anónimo dijo...

Franka Žuvić Mladinić y su hermana Katica nacieron en Milna, isla de Brač, Dalmacia. Franka se caso con Mihovil Sušić proveniente de Trilj, region de Imotski, Dalmacia. Katica se caso con Ivan (Juan) Vičić Kovačević proveniente de Krašica, Litoral Croata.

Anónimo dijo...

Franka Žuvić Mladinić y su hermana Katica nacieron en Milna, isla de Brač, Dalmacia. Franka se caso con Mihovil Sušić proveniente de Trilj, region de Sinj, Dalmacia. Katica se caso con Ivan (Juan) Vičić proveniente de Krašica, Litoral Croata.

Anónimo dijo...

La casa

Solidaria aparición,
en el medio de la pampa,
como torre se levanta,
guareciendo sin descanso,
a todo el que se acercó,
buscando amparo en sus brazos.

Custodiadora del alba,
recibió a los peregrinos,
que olvidando los caminos,
que debían transitar,
allí venían a dar,
como buscando un destino.

Hoy en medio del progreso,
e inmutable en su subida,
lo mira como diciendo:
“ya te gané la partida,
porque tengo el corazón,
en la carta de la vida”.

Sus chapas y sus tirantes,
los clavos y los rellenos,
aquél pasillo en el medio,
bien ancho para los juegos,
y un entretecho cerrado,
para facturas de cerdo.

Los dormitorios grandotes,
ventanales hacia el cielo,
la cocina siempre alerta,
alentada por estiércol,
quemaba la chimenea,
que era toda de cemento.

Comedor de navidades,
de bautismos, casamientos,
regocijos y alegrías,
festividades, encuentros,
como si allí no pasara,
a visitarlo el tiempo.

El baño con sus estrellas,
luego fue invitado a entrar,
de esa forma fue uno más,
de sus cálidos ambientes,
aunque sin agua caliente,
hasta la modernidad.

El techo a las cuatro aguas,
como un sol horizontal,
firme viene a resguardar,
las paredes de madera,
las de adentro porque afuera,
son forradas de cristal.

Apoyada en los pilotes,
y separada del suelo,
protegía a las cebollas,
y a las papas de los hielos,
como un sótano a la vista,
que mostraba su misterio.

El ojo de agua de entonces,
sin duda el más visitado,
daba vida con sus latas,
que a brazo se trasladaban,
con rumbo hacia la cocina,
donde el jarrito esperaba.

La despensa siempre a mano,
en años de crecimiento,
invalorable puntal,
no pudo llevársela el tiempo,
todavía algún capón,
soporta su propio invierno.

No lejano se levanta,
el legendario galpón,
que albergó más de un cordero,
en aquel aniversario,
fueron ochenta los años,
que dicen, cumplió el patrón.

Allí queda como un hito,
la casa con su galpón,
en sincera imitación,
reflejando su pasado,
para ninguno olvidado,
como si fuera un coirón.

Anónimo dijo...

Pioneros
Le robaron fuerza al cielo,
enterrándola en la piedra,
se forjaron un destino,
alejados de su tierra,
que miraron con nostalgia,
y a la que nunca volvieron.
Vaya saber que tormenta,
pasó en aquellos cerebros,
para que luchen porfiados,
convertidos en guerreros,
de la azada, de la pala,
del rastrillo y del apero.
Buscando el brillo del oro,
a tierras frías de fuego,
llegaron con un caballo,
que ni su nombre recuerdo,
a tierras frías de fuego,
comentadas desde lejos.
Hablaban a media lengua,
cada uno en su dialecto,
algunos usaban boinas,
otros iban sin sombreros,
las mujeres arrastraban,
por el viento sus atuendos.
Esquilando en los galpones,
pasó de peón a lechero,
repartiendo con su carro,
ofició de carnicero,
o trayendo aquél abono,
a un tal Jack, pasar lo vieron.
Y sin dar cuentas al frío,
cuando la chacra la hicieron,
también supo trabajar,
a modo de carpintero,
cuentan paisanos ya idos,
que con el primo, la hicieron.
Con Catalina tuvieron,
hasta hijos sus bisnietos,
y su quinta alimentó,
a buena parte del pueblo,
cuando el pueblo no llegaba,
ni siquiera a ser inquieto.
Las parvas y los repollos,
los nabos y las lechugas,
las zanahorias picudas,
y los sauces con reparos,
se fueron con Catalina,
en su delantal, guardados.
Hubo tan solo un peón,
simplemente era: Toledo,
que volvía de la quinta,
para tomarse un recreo,
y perderse en el tazón,
gigante de los recuerdos.
Hoy queda la Casa Grande,
donde todos habitaron,
monumento declarado,
sin papeles ni decretos,
pero que firma el respeto,
que todos le dispensaron.
Los dos descansan en paz,
quién no sueña con tal premio,
reservado para algunos,
de esos pioneros sureños,
que a hacha y cuña calentaron,
sus hogares en invierno.
Las cuatro manos no están,
ya no hay leña con la sierra,
y si parece que vuelven,
en lupinos de sorpresa,
seguro que son los sauces,
que los extrañan de veras.

Anónimo dijo...

Las mejores meriendas por Elisa.. Los interminables cumpleaños pasados ahi me dejaron un hermoso recuerdo de esa casa y de toda la familia.. Siempre tan calida cuando iba alguna visita..
Las escondidas en todo el patio y la habitación con todos los juguetes.. Hermosos recuerdos ��

Anónimo dijo...

Muchas gracias por el artículo. Una bella porción de historia de una gran familia de pioneros que forjaron su destino con esfuerzo, dedicación y amor. Tuve la gran suerte de conocer a Elisa que nos recibió con sus brazos abiertos y nos deleitó con su Fiambre alemán...jamás he probado uno más delicioso! Ya pasaron doce años de aquella comida familiar, aún recuerdo el crujir del piso de madera y la calidez de todos los que nos recibieron en esa oportunidad. Hermosos recuerdos!