AQUELLAS FIESTAS MAYAS (Segundo acto)


Hubo un tiempo que experimenté las tensiones del conferencista. Y con ese conjunto de escritos y vivencias alumbré un libro que llevó por título Temprano Río Grande.

En estas jornadas de evocación patriótica recuperamos el capítulo relacionado con las fiestas de Mayo, y con ello vamos día a día haciendo una entrega que terminará al fin el próximo lunes.


Río Grande tendrá su primera forma de gobierno comunal recién en noviembre de 1928, con la institucionalización de la Comisión de Fomento. ¿Cómo habrán sido las fiestas mayas al año siguiente?

No ha quedado mucha documentación de la acción cívica de aquella primera hora, a no ser el libro de actas que pormenoriza detalles de la lenta organización comunal, hasta que recién el 7 de mayo de 1931 se registra en el acta numero once la siguiente anotación: “Se acordó tomar la iniciativa para festejar la fiesta patria del 25 de mayo, fijándose el día 8 del corriente mes para convocar a las autoridades y al pueblo a una reunión con objeto de nombrar una Comisión Pro-Fiestas Patrias”. Para el 15 de mayo una nueva acta contiene algunos aspectos relacionados con la existencia de esa comisión; “A petición de la Comisión Pro-Fiestas Patrias se acordó invertir la suma de $ 100 moneda nacional para obsequiar a los niños de la Escuela Local, el día 25 de mayo con banderitas y escarapelas nacionales y confites y chocolates”.

Para la escuela de aquellos días el 25 de mayo también era el final del ciclo lectivo, y es de suponerse que con antelación a esta intervención comunal en los festejos patrios, no habrá faltado una evocación en los esporádicos finales de cursos de la primera escuela local, y formaciones especiales en ámbitos de la Subprefectura y la Policía. De aquellos actos del 31 no nos han quedado testimonios detallados de lo que pasó.

Para el 8 de julio una nueva reunión de la Comisión de Fomento consigna que: “Se acordó contribuir con la suma de $ 35,50 para obsequiar a los niños que asistan al izamiento de la bandera el día patrio del 9 de julio”. El presupuesto ha descendido -de 100 a 35,50- porque evidentemente la parálisis escolar evidenciaría una merma en la concurrencia a esta otra fiesta cívica: ¿vacaciones? ¨¿ falta de respuesta al carecer de obligaciones?

¿Y qué pasaría con los adultos?

Río Grande no tiene plaza, la escuela con edificio propio es un sueño de trabajo. La tradición oral recuerda que la comisaría es el espacio convocante, en el privilegiado lugar donde ha sido levantada, al reparo de los vientos.

Llega 1932 y esta vez la Comisión de Fomento decide: “sobre la organización de la Fiesta Patria 25 de Mayo, quedando acordado de invertir por unanimidad de votos la suma de doscientos pesos moneda nacional por cuenta de la misma Comisión. Con el fin de obsequiar a los niños de la Escuela Local, con chocolates, confites, galletitas, como también a los señores presentes en el Gran Día Patrio”.

Los valores y los rubros se repiten en 1933, no hay constancias de 1934. Para 1935 tomamos conocimiento de la existencia de la comisión en las personas de los señores Osvaldo Flores, Aurelio Mazziotti, Alejandro Matos, José Duardo, Telésforo Iglesias, José Mininelo, Pablo Imboden, Francisco Bilbao, Elías Berlín y Juan Mario Prosa; los que deberán administrar el mismo presupuesto que años anteriores. Al año siguiente se dan algunos cambios, ingresando Fausto Herrera, Juan Cabeza, Florentino Roselli, Eduardo Van Aken, Enrique Zapico y Alberto Bachofen, en lugar de Alejando Matos y Pablo Imboden que no figuran en la lista. Las reuniones preparatorias las realizan por las noches en el local policía, a propuesta del anfitrión el Comisario Herrera. Esta vez no se asigna presupuesto. En 1937 el tema de las fiestas no figura en actas, mas preocupada parece estar la Comisión de Fomento en la evaluación de las propiedades en vista a la aplicación de tributos. ¡Si se activan los trabajos para tener al fin una plaza!.

En 1938 no se consignan datos en relación a los festejos del 25 de mayo, en tanto que el 15 de mayo de 1939 se aprueba la constitución de una Comisión de Festejos “a efectos de que se encargaran de la confección del Programa a realizarse solicitando alguna contribución efectiva a los Estancieros y en caso de que se produjese algún déficit la Comisión de Fomento se haría cargo de ello. Integraría la comisión como presidente Fausto Herrera, que continuaba siendo comisario en Río Grande y también en San Sebastián, como vice el Juez de Paz.. Milton Roberts, secretario Juan Carlos Morelli, prosecretario Carlos Gómez, tesorero José Raful, protesorero Salomón Bunader, y seis vocales a los que no se identifica.
Para mayo de 1940 el tema no parecen ser las Fiestas Mayas, sino la instalación de un servicio de electricidad por los vecinos Pinola y Martínez.

En 1942 llegan efectivos del ejercito, para el 25 desfilan por la calle Principal donde se encuentran instalados, actual colegio Don Bosco. Hermenegildo Leguizamón toma una hermosa panorámica de aquella fiesta, desde lo alto de la barranca donde hoy se levanta Dehesas S.A.

El acto será en la plaza, con protagonismo militar. Allí tomará la palabra el Teniente Lobos conservándose la pieza oratoria merced al trabajo que periodísticamente realizaba Juan Muñiz para la revista Argentina Austral:

“Soldados. Acá presentes os miran con cariño ojos cansados de mirar lejano, miradas paternales de bravíos luchadores, rostros curtidos y almas templadas de continuo batallar. Son también soldados. No llevan uniforme ni correaje, paladines de antaño en la hora presente forman parte de las legiones ignotas, que luchando a brazo partido sin más medios que los propios y con la mente y el espíritu, nos ofrecen hoy este humilde albergue y el calor emocional de su corazón. Estos heroicos luchadores, legionarios de la Patria, son ellos, soldados, los primeros pobladores. Respetadlos, y que sus personas sirvan de ejemplo viviente por su espíritu de sacrificio, abnegación y patriotismo.”

El oficial agregaría para finalizar su arenga: “Por último, soldados: Cuando tengáis un hogar formado, cuando la nieve de la vida se acumule en vuestras sienes, cuando en una noche invernal rodeados de vuestros hijos al amor de la lumbre hogareña, os pregunten por estas tierras, orgullosos responderéis: siendo soldado de la Patria, tuve el honor de formar parte de la primera presentación del Ejército en Río Grande: fue el 25 de Mayo de 1942.”

No faltó aquel día Te Deum en la Misión, vermouth en la Comisaria, y función teatral en el Club San Martín, por un elenco compuesto por oficiales de ejército y jóvenes de la localidad.

AQUELLAS FIESTAS MAYAS (Primer acto)


El 23 de mayo de 1998, hora 18; en el marco de los festejos patrios dimos a conocer una conferencia en el Museo Municipal, por entonces anexo a la intendencia de Río Grande, las páginas que en esta oportunidad iremos desgranando día a día.

En aquel momento acompañamos la disertación con una serie de fotos que fueran encargadas en su momento a Hermenegildo Leguizamón, por la Comisión de Fomento, las que en copias de 20 x 30 permanecieron en exhibición.

El recorte que presentamos inicialmente puede verse en otro tramo de este blog en forma completa, correspondiendo a los festejos dados con la tripulación del Piedra Buena en 1921.


Dispuesto a entender al hombre y la sociedad desde sus representaciones, nuestro encuentro de hoy comprende cuatro actos. Más allá de los diversos nombres de los actores, los roles siempre difíciles de presentar son el amor y el poder, en variados matices. El escenario tiene primeros planos fueguinos, segundos planos argentinos, y como trasfondo un mundo donde los cambios son vertiginosos.

Primer Acto

La ocupación del espacio fueguino por el Estado Argentino es un hecho, si se quiere, reciente. Luego de los primeros ensayos exploratorios, que no fueron muchos, la primer presencia institucional en este norte fueguino donde crecería Río Grande se da por la creación de la Comisaría durante el año 1895. Custodia primero del establecimiento misionero nacido de la inspiración salesiana a fines de 1893; al incendio de la misma –a fines de 1896- pasa a instalarse en la margen sur donde comenzaba la construcción de la Primera Argentina de José Menéndez, casi al mismo tiempo que La Misión pensaba en su última mudanza. Pero no obran testimonios sobre festejos del 25 de mayo entre aquellos efectivos policiales en nuestro lugar, lo que no impide pensar que bien pueden haberse dado, aunque sea en el simple protocolo de una formación, de un izamiento del pabellón, de un Himno Nacional entonado al frío viento de siempre.

Las crónicas misioneras registran una circunstancia vivida hace casi 99 años: el 24 de Mayo de 1898: Monseñor Fagnano que visita La Candelaria, levantada desde el invierno anterior en el Cañadón de La Porotera allí a la vista del Cabo Domingo, sale rumbo al puerto. En que en ese lugar se encuentra varado un barco de la Armada Nacional, el Gaviota, que permanecería en esa situación entre el 26 de marzo y el 14 de noviembre de aquel año. Monseñor será recibido por el Capitán Lagos, comandante de la nave, que recibirá como obsequio una oveja y un cordero, una damajuana y una botella de vino. Imaginamos que tal vez aquella noche -Fagnano regresa a la Misión al día siguiente-, se realizo la primera fiesta de “Esperando el 25”, con una cena más íntima entre Monseñor y Capitán, botella y cordero; y otra más amplia: oveja y damajuana, entre los tripulantes que se alojaban en un galpón de la costa.

La fecha del 25 de mayo no ingresaría a las manifestaciones públicas fácilmente, las crónicas de la Misión de Nuestra Señora de La Candelaria no abundan en referencias a manifestaciones cívicas por esos años y estos días. En 1913, por ejemplo, el 25 es día de Corpus Cristi, y todo lo descripto ronda la festividad religiosa, no la patriótica:“Domingo. Después de misa procesión con el Santísimo Sacramento por la plaza de la iglesia, entré a descansar sobre bonito altar en el Salón del Museo, recién acabado de fabricar, y regrese a la Iglesia. Cirios de esterica en manos de indios e indias”. El 17 y el 19 se consigna que estamos ante un día patrio, pero la descripción de tareas deja entrever que estamos ante un día laborable en ese espacio rural.

La situación va a cambiar cuando el 25 de mayo de 1921 la misión aloje a los sobrevivientes del naufragio del Transporte Nacional Piedrabuena. Allí la crónica dirá: “Día Patrio. Oficiales, Comandantes y todo de la tripulación están entretenidos, se han hecho repartir tarjetas a las autoridades y a los que están alojados en el puerto para asistir al Tedéum que se celebrará a las 10. ½ horas que se tuvo que postergar a las 11 y más por no llegar a tiempo. Llegaron bastantes... y almorzaron aquí llenando de sobra la ya grande mesa del comedor. Se cantó el Tedéum solemne. Cencio celebrante, el virrector expositor, comandante y oficiales con las autoridades y vecinos respetables, con toda la tripulación del buque y población de la misión. A la salida del Te Deum formaron los de la dotación del Piedrabuena y cantaron el Himno Nacional. El comandante hizo una alocución alusiva en la que mostró su patriotismo y su gran corazón de marino. Acto continuo cantaron el Himno a la Bandera, y se fueron al Rancho. Todo el mundo tuvieron regalo, vino, fruta, 2 copones de más con mate, y a todos el día libre. Acabe el día como siempre sin notarse la mayor diferencia”.

En 1923 se canta el Himno al pie del mástil de la Misión. En 1924, se recibe la visita de autoridades, entre ellas el Cónsul Chileno, a los que se convida con vermouth y verduras. Para 1925 se celebra Misa en la Comisaría.

Algunos apuntes sobre el historial policial de Francisco Medina




Durante la reciénte muestra de la Policía Fuegui- na realiza- da en Río Grande en ocasión del 124 aniversario de la institución, pude tener acceso a los legajos de quienes fueron en su momento figuras destacadas de la misma: Salvador Molina, Ernesto Krund y Francisco Medina.

Sobre el prontuario de este último al que se lo reconoce descubridor del Paso Garibaldi, pude tomar algunos apuntes de su Pronturario el que fuera iniciado con dos fotos –una de civil y otra con uniforme, en fecha 1 de diciembre de 1943 la de paisano, y el 15 de diciembre de 1952 la que exponemos junto a esta presentación.

Medina era hijo de Venero y de Dolores Ortiz, y había nacido en San Martín, Mendoza el 24 de agosto de 1906.

Tenía al tiempo del registro prontuarial 1,75 de alto, y su cuerpo mediano. Se lo identificaba también con el Carnet de jubilación 260.046; por que había prestado servicios militares en el DM 51, teniendo a su haber la LE 3.278.543, u la cédula de identidad de la Policía Federal 1.576.685.

Eran sus hermanos Enriqueta, Julio, José, Raquel; estando casado com Filomena Maldonado, con quien trajo al mundo dos hijos residentes en Ushuaia, Oscar Rubén y Julio César..

De la lectura de algunos incluídos em su foja de servicio, rescatamos:

27-VII-Res 53.1932. Se felicita por la forma excelente en que cumplió su misin de preparar el viaje y guiar al Sr. Coronel Solari y sus oficiales ayudantes, en el cruce de la cordillera desde Río Grande a esta capital (Ushuaia)

21 de agosto de 1933. Nombrado oficial en comisión en Ushuaia. En la misma disposición José Cabezas es designado escribiente.

8-11-36 Alta como gendarme

8-2-936. Se le encomienda buscar un nuevo paso cordillerano.

25-10-1936 Comisario de la Policía del Territorio por decreto del PE.

9-1-38. Edecán del obispo de Viedma Monseñor Nicolás Esandi, en su visita a Ushuaia.

16-05-1939 Se hace cargo como titular de la Comisaría de Río Grande.

2 de septiembre de 1940. Comisario Francisco Medina s/acusación. Figura en el Prontuario diversas investigaciones relacionadas sobre un supuesta denuncia de haber permitido la práctica de Juegos de Azar, durante una Kermesse a beneficio de la escuela local. Situación que parece nació de enconos personales entre el médico local, la enfermera y la intriga del jefe de la Prefectura, pero de la que salió libre de culpa y cargo..


El 4 de noviembre de 1940 eleva proyecto de comunicación a la Gobernación al que se le encontró aplicación.

Comanda oficialmente la comisión que conduce al Capitán de Fragata Mora, mereciendo el agradecimiento del citado jefe. Cooperó en forma eficaz en el censo escolar desde el 10 de noviembre de 1942 hasta el 30 de noviembre de 1942.

15 de diciembre de 1948. Dirige las acciones para controlar en Río Grande el incendio de los comercios de Fadul e Ibarra; por lo que será felicitado..

5 de agosto de 1944. Es amonestado severamente, en nota reservada por lo que se consideran desplantes ante la autoridad gubernativa de Marina. “Llámase severamente la atención al Sr Comisario Francisco Medina por su falta de serenidad ante la posibilidad de una denuncia absurda contra resolución del suscripto, perfectamente enmarcada en disposiciones legales y facultades que en consecuencia le son inherentes. Hace saber al citado comisario que solamente una falta de juicio severo pudo haber llevado a redactar telegramas como los que encabeza esta investigación pues el señor gobernador, no “arregla situaciones con su presencia, si jamás ha dado motivos para que as{i pueda pensarlo , sino que corrige la situación equívoca produce sanciones disciplinarias o somete la situación de los hechos planteados ante las autoridades que corresponde”. Eran días de obediencias debidas, y el legajo no contienen todas las diligencias de esta nota de censura número 15.

Octubre 1944. Pide 30 días de licencia, tras lo cual aparece como trasladado a Rawson. Es de recordarse que en aquella época pertenecía a la policía de los Territorios, dependiente del Ministerio del Interior por lo que podía tener distintos destinos en las gobernaciones..

1 de diciembre de 1944. Llegada a Río Grande se hizo cargo de la comisaría.

10 de diciembre de 1944. Será ascendido a comisario inspector.

Mayo/11 de 1947. Mario Perón –siendo jefe de la Policía en Rawson- interviene en trámite de su traslado a Chubut. Con el tiempo será- hermano él del presidente de la Nación- director del Zoológico de Buenos Aires.

7 de marzo de 1948. Se aceptó renuncia.

Hay otros detalles que en tiempo ampliarán esta escueta presentación, producto de lo que hay –prima facie- o lo que queda en su Pronturario.

La llamada llegó.


Algo más abajo en este conjunto de lecturas les presenté a mi tía Anita, todo para decirles que estaba esperando la llamada.

Y la llamada llegó.

Suponemos en medio de esta ausencia a la que no nos tenía acostumbrados que hay un reencuentro con Volé, su esposo, y habrán entre ellos –como hubo siempre- alegrías y rezongos.

El último sueño la ganó por la calle Serrano, muy cerca de donde naciera hace más de 96 años, y fue el pasado 9 de mayo el que vino marcado con silenciosas señales de muerte.

Andaba en el aire de mis días cierto sabor de ausencias.

El once lo recordé como la fecha de la muerte de Rodolfo, el hermano que era aún más joven que ella, entre los Martínovich Martínovich.

Ese día de su adiós podrían haber llegado a Punta Arenas mis primos Arnoldo y Margarita que vinieron por los 80 de ella a festejarlos en Río Grande, pero hubo un impedimento y no llegaron a verla.

Noldo la había despertado una noche de su último viaje, cuando Punta Arenas fue un mágico retorno para el que ya tiene 76 y lo había dejado siendo niño.

La tía Anita recibió la gran llamada, y por ahora no se comunica con estos espíritus a los que tanto ha querido.
Fue mi última tía.

Regionalizar


Este es verbo que desde hace más de dos décadas viene conjugando el maestro Roberto Chenú.
Todo se dió luego de su reencuentro con esta tierra donde creció, su inserción al mundo docente lo llevó continuamente por caminos de indagación sobre nuestras realidades y su acercamiento con los multiplicadores del aula.
Este año trabaja desde la SADE -Sociedad Argentina de Escritores- en su filial de Río Grande para brindar por parte de la Comisión de Regionalización de la Direccion de Bibliotecas Escolares una capacitación que en un primer novel congrega los jueves a unos 40 educadores.
Ahora es en la escuela 32, antes la convocatoria se daba en el Colegio República Argentina y la temática era la Literatura Regional.
Me reuniendo con miradas inquiets el pasado jueves 14, de ellos me llevé un testimonio de agradecimiento que coloco en esta página.
Hablamos de las motivaciones generales del encuentro entre el hombre indagador y el medio fueguino.
Vimos interés entre los concurrentes agobiados por estos días de falta de sueldos y paros continuos.

Afloraron algunas sonrisas mientras se repartía el material didáctico que Roberto preparó para la jornada. Él todavía busca financimiento para Campanillas, relatos fueguinos que con el nombre de Juan Kaikén vienen esperando desde hace rato la tinta de imprenta.
En el día no era el único invitado, tras mío venía el meteorólogo Nestor Viera que también tenía su decir.
Recordé aquelo del Padre Juan Esteban Belza que los fueguinos alardear de dos condiciones naturales que tienen que ver con el tiempo, se creen por lo vivido en condiciones de predecirlo, y apuntan haber sido testigos -por más que no acumulen muchos años en la isla- de acontecimientos que otros que llegaron después no pueden siquiera valorar como ellos lo valoran.
Roberto que no peina canas porque lleva el pelo bien corto forma parte -eso sí- del tácito concejo de ancioanos de la fueguinidad, y responde sobre este y otros cargos en la siguiente dirección electrónica chenuroberto@yahoo.com.ar

J.Button según J.W.Guevara (o lo real según lo imaginado)


La imagen no nos pertenece pero es pórtico a esta expresión de la literatura contemporánea argentina que se apropio del espacio austral. Es un fragmento de Naufragio de J.N.W.Turner, y fue pintada en los albores del siglo en el que ocurrieron los hechos que vamos a presentizar.

Alusión clara, si se quiere, para los que habitamos estos territorios de náufragos.

El hecho de haber leído un ejemplar de la segunda edición de La tierra del fuego de Sylvia Ipasrraguirre, me llevó a abrir juicio de valor sobre la misma antes que comenzar a llover sobre ella los premios literarios.

En tiempos en los cuales Internet no se había intercalado entre nosotros y la realidad, tampoco podía saber quien era la autor, y los lazos afectivos que tenia ganados con Abelardo Castillo, un narrador de mis afectos del cual me gustó siempre mucho más la línea cuentística que novelística.

La tierra del fuego tenía en parte algo de ese engorro de las novelas de Abelardo, y la situación estrenada en el primer pliego en el cual un personaje mestizo desde la pampera Lobos, ciudad de cuna peronista en mi escaso conocimiento de esas bastedades- iniciaba un relato sobre lo vivido en el sur, en el que yo siento, en el que yo conozco, o en el que yo habito.

El jueves 14 fui invitado por Roberto Chenú para participar del Curso de Regionalización que brinda en la escuela 32, en algún momento afloró una reflexión sobre la importancia de ver nacer una novela que sea referencial del tiempo que hemos vivido, de la misma manera que en su momento Esteban Lucas Bridges nos legó con El último confín de la tierra, una pieza referencial del tiempo pionero. Pero una novela escrita desde aquí, puesto que habían otras, la Fuegia de Eduardo Belgrano Rawxon, y la de Iparraguirre habían conseguido despertar lectores y crítica pero siempre con la mirada distante puesta en este sur.

Y fue por eso que a posteriori ordené algunos papeles que ahora alimentan esta crónica.

Entonces me encontré con tres crónicas en las que Emilio Urruty describía en El Diario del Fin del Mundo la presentación del libro en la capital fueguina, allá por diciembre del 98.

Más que la presentación de un libro una devolución al lugar donde los hechos ocurrieron.

Un viaje en clave por la memoria del un gaucho marinero, entre la pampa tempestuosa y la anónima capital del Imperio Británico.

Como salir elegida entre seiscientas novelas y, además de elogiada, sentirse “bien leída”.

Son los tres títulos laudatorios.

Iparraguire andaría un tiempo después en el norte isleño, siendo incluso protagonista de un accidente en ruta camino al campamento de la Total; es que por esos días con Silvio Boscchichio como amanuense local escribía un libro vistoso con el título también e Tierra del Fuego, junto al fotógrafo Florian Von den Fetch. El que terminaría de presentarse el 6 de diciembre del 2000 editado por la petrolera. Pero eso es materia de futuros comentarios, tal vez.

Por ahora lo interesante es que La tierra del fuego (con minúscula) es otro libro inscripto en la zaga referencia a la figura del fueguino más famoso Jimmy Button, pero recreado en este caso con la mirada mestiza de un gaucho que en Lobos –localidad de efluvios peronistas- comienza a describir la experiencia vivida de su conocimiento del drama de aquel, expuesto a la justicia británica.

John William Guevara, un personaje ideado para ser los ojos y los oídos del lector, nos trae ciertas connotaciones del espíritu de Cook y del Che; pero como un ser frustrado de su propia inexistencia.

Esa existencia que se reanima al recibir una carta que dice “…siendo usted un testigo privilegiado y directo de los hechos, desearíamos que realizara una noticia completa de aquel viaje y del posterior destino del desdichado indígena que participó liderando la matanza por la que ha sido juzgado en las Islas”.

Guevara había sido un servidor del imperio británico, y el imperio volvía para que esos lazos no se cortaran.

La carta generaba en mí un malestar creciente.¿Cuál era la versión requerida del “desdichado indígena”, de aquel hombre llamado Jemmy Button por los ingleses pero cuyo verdadero nombre, su nombre yámana, casi nadie supo? ¿El indio de galera y pómulos relucientes bajo la galera, vestido de levita, especie de cochero achaparrado y grotesco, un Button sumiso y sonriente echando monedas al aire sobre los mugrientos adoquines de Londres?¿O el salvaje del Cabo de Hornos, desnudo bajo la llovizna helada, con su cuerpo pestilente de grasa de foca, la crencha informe y la cara embadurnada de negro?

La autora afirma que en su novela no hay héroes, y yo agregaría que tampoco hay vencedores y vencidos.., tan solo vencidos: los nativos, el observador/relator, la justicia del colonizador.

Sólo el lector triunfa con una lectura que resulta digerible, y la autora gana en el camino haciendo ver lo real como fantástico, y lo irreal como verdadero.

¿Cada cuántos años hay que volver a leer un libro que nos gustó?

¡Han pasado once!

¡Tal vez no deba esperar mucho más!

¿Por qué cayó el Lear Jet?

En su momento se habló de la fatalidad. Se sostuvo la posibilidad de un atentado teniendo en cuenta la actitud del gobernador Trejo de cancelar la obra del Aeropuerto de Ushuaia, que suponía un gran negociado. También se habló de intereses ligados a al petróleo que no verían con agrado la continuidad de una política como la que el gobierno de entonces podía gestar. ¡Se habló, se habló y se habló!. Y aunque nada se escribió por el particular no se tuvo en cuenta que el vuelo podía a haber sido un vuelo suicida, teniendo el cuenta el momento y los actores operacionales del mismo.

Están hasta los que piensan en el “mufa” de Roberto Maidana que entrevistó al gobernador fueguino en el canal porteño donde trabajaba

Hubo un momento en el cual la situación se esclareció, pero la comunidad miró para otro lado y continuó atada a diagnóstico de la fatalidad, con alguna esperanza –sobre todo radical- de que el gobierno difunto podría haber generado acciones superadoras del momento fueguino; legado que no habrían podido llevar adelante por desconocimiento, incapacidad u otras mezquindades, los que los sucedieron en el tiempo.

El diario El Sureño del 11 de mayo de 1997 publicó con la firma de Daniel Puebla un informe de la FFAA sobre como fue la tragedia del Lear Jet.

Se hace referencia a una mala relación entre el comandante y copiloto. “el comandante Mario Marconcini era contrafóbico, egocéntrico y con autoestima y que el último período de descanso por treinta días lo había solicitado el 25/11/83, pero que lo interrumpió el 10/12/83. Mientras que el copiloto Rodolfo Pourrian era compulsivo” En un párrafo del documento se expresa que “existía desarmonía en las relaciones de la tripulación”, además que, “no existen antecedentes de agotamiento de la tripulación por sobrevuelo, pero el copiloto solicitó atención por agotamiento físico y nervioso” en febrero de ese año. El asesor médico R. Cabane aseguró que por las personalidades del comandante y copiloto “no eran las más deseables para el pilotaje. Existía además una desarmonía socio-laboral entre los mismos”..

En las conclusiones se agrega: “se transportaba un pasajero que no disponía de asiento”. Como así también “El accidente se produjo por factores operacionales al violarse procedimientos establecidos. Fueron factores contribuyentes a la clase de operaciones que se realizan en el Aeródromo de Ushuaia, el tipo de traslado de personal y las características de la personalidad de la tripulación”.

Daniel había realizado gestiones para saber que había pasado 13 años antes y el informe le fue dado en persona. Se supone que alguna dependencia oficial fueguina pudo tenerlo antes, pero el resultado no tomó por ellos estado público.

Hoy los enemistados pilotos tienen cada uno su calle recordativa, como los restantes integrantes del pasaje desaparecido y fallecido. La calle de Marconcini está en Ushuaia, y la de Pourrain en Río Grande.