¿Y si se tratara del Yóshil? (Segunda parte)





La circulación del rumor y luego cierta institucionalización del tema del Chupacrabras nos llevó a recuperar las investigaciones realizadas por el padre Manuel Molina. En la presente entrega reúne sus observaciones sobre aquella presencia mítica o real que nació entro otros del recuerdo de Pa:ka:, es decir Luís Garibaldi Honte.

Las imágenes que nos acompañan vienen del mundo rupestre de la Patagonia, y hacia él nos conduce el relato de Molina.

Que la presencia de este mono fueguino date desde hace mucho tiempo lo atestiguan los topónimos regionales que aun se conservan en la Isla Grande. Cerca de la Ea. Catalina, en el sur de un bosquecillo de ñieres que aun conserva el nombre de Yoshyaltal: bosque de los yóshil (által=bosquecillo asilado en Aus).

Cerca de la Ea. Viamonte existe una laguna que leva el nombre de Shaipot= tío de Shai, donde, durante el invierno jugaban en la superficie helada los yóshil, según la tradición transmitida por los últimos Aus.

Que este mono pertenezca a la superfamilia de los platirrinos no lo podemos asegurar, a pesar de la existencia terciaria de los homoncúlidos en la Patagonia, como homunculus harringtoni Rusc. De Sacanana en Chubut. Son de características demasiado primitivas. Que haya que atribuirlo a la superfamilia de los hominoideos. Tampoco consta por los datos que poseemos, a pesar de ciertos detalles. Los restos esqueletarios que se puedan obtener dirán la última palabra.

La tradición Aus dice que el yóshil a veces apilaba leña, como hace el hombre para armar la hoguera, y se quedaba junto a ella sin atinar a encender el fuego. Que el calor de la hoguera le agradara lo dice bien a las claras el hábito de acercarse a un fogón abierto donde no había peligro.

Al parecer era de hábito frugívoro, porque no tenemos ningún dato que nos autorice a pensar en una dieta carnívora. Los onas utilizaban toda clase de hongos comestibles, como puede verse en la reseña alimentaria que se hace a propósito de los Aus. Pero como fuente de albuminoideos hay que pensar también en los insectos y sus larvas y en los huevos de aves, de que es pródiga Tierra del Fuego. Seguramente pasaría el invierno aletargado en un cómodo cubil dentro de un árbol hueco, al abrigo del frío y de las nieves, como tantos otros animales del hemisferio norte.

Que en ciertos momentos fuera un animal peligroso los dice la tradición ona shelnam, como lo consigna Zenone. Tienen la cara como los indios, decía uno de ellos –yóshi shelknam kosh yen = los yohi cara como los shelknam. Vienen del cielo y visten pieles de guanaco o de zorro, llevan en la mano piedras o palos. Son muy malos por que tratan de matar a los hombres. Por eso los shelknam los temen. (Zenone – 113)

Hacia el año 1914 andaba un yóshil vagando por los campamentos indígenas del lago Kami. Zenone le preguntó a Kaukokiol porque no lo mataban, disponiendo de rifles. Y el ona le contestó que si lo mataban, inmediatamente, vendría el padre que moraba en los bosques de Punta María y hacía mucho daño.

Que en un época determinada los Aus hayan matado a muchos yóshil se puede deber a dos causas. La primera a escasez de alimentos a causa de una larga y pertinaz sequía, constatada en las excavaciones arqueológicas locales, que los obligó a correr el riesgo de la matanza para poder sobrevivir. La segunda quizás la más verosímil, a la adquisición del arco y de la flecha, que les permitió herirlos a distancia, evitando el combate cuerpo a cuerpo.

Conclusiones

Si existió modernamente en Tierra del Fuego este mono quiere decir que debe haber vivido con anterioridad en los bosques patagónicos.

Así lo confirmarían algunos restos que dicen se encuentran en la hoya de la Laguna Azul de Río Gallegos. El lugar se presta para una morada no muy prolongada o transitoria, por hallarse muy lejos de la zona boscosa y siempre que el animal se hubiera adaptado al régimen herbívoro.

En un paredón de la Punta Gualichu del lago Argentino, se conservan una pinturas humanoides, en color morado muy despintado, que pueden representar a estos fuegopitecos. Son figuraciones totalmente distintas de las otras de cazadores humanos como se las ve en las varias escenas de caza del alto río Pinturas o en las escenas de baile del Cañadón Charcamac.

En una de ellas está sentado sobre sus patas, como se lo veía al yóshil cuando se acercaba a la hoguera para calentarse, como lo vio la abuela de Pa:ka: con los brazos abiertos y como haciendo señas con una mano. En las otras se le observa en la posición desgarbada que tomaba cuando caminaba. Así lo vio el cazador que lo flecho. Lo que no se observa en estas figuras es el arma que empleaba para atacar o defenderse el mono fueguino.

Otra figura semejante se encuentra en la gruta grande del alto río Pinturas. A la entrada, sobre la bóveda baja del lado izquierdo se ha pintado en color rojo un ser humanoide de cuerpo voluminoso. El color está bastante desconchado. Aquí los brazos son cortos y las piernas largas y curvas.

La investigación de los especialistas dirá algo más sobre el tema.

LA CANDELARIA 1921.5


El 15 de mayo de 1921 muere en la Misión de la Candelaria el coadjutor salesiano Juan Síkora.

Aparece nombrado en nuestro relato de LA CANDELARIA correspondiente a 1921, cuando se señala que en la penúltima aproximación del Piedrabuena a la Caleta fue para entregar una radiografía relacionada con su ya precario estado de salud.

Su nombre completo fue Juan Sikora Kiersznik, de origen polaco natural de Mietkowicz, donde había nacido el 22 de diciembre de 1858.

Durante treinta años fue misionero entre los indígenas, de los cuales 18 pasó en Dawson, y el resto en La Candelaria.

Fue catequista, constructor, jefe de cuadrilla de los indios en la tala y el transporte de árboles en la misión de San Rafael.

Construyó para mejor servicio un madero-carril, fue una suerte de Comisario entre los indios, por que tenía con ellos particular autoridad

El su juventud el coadjutor había participado de la aventura de buscar una conexión desde el río Azopardo, que desagua al Lago Fagnano en el Estrecho de Magallanes, con el Río Grande.

Allí pasó 45 días junto a otros salesianos, el Padre Luis Carnino y los coadjutores Valentín Salvaos, Juan Ferrando y Bernardino Ocelli, sin más alimento que la carne que le proporcionaban los caballos de la tropilla que, poco a poco, iban disminuyendo,, y sin más amparo que los árboles del bosque.

Iban dirigidos a Río Grande, para hallar un sendero que comunicara directamente la Misión San Rafael con la Candelaria.

La Candelaria sería el destino final de Síkora, a la que sería trasladado tras el cierre de Dawson, y donde se dedicaria a construir varios puentes, para los numerosos afluentes del gran río fueguino.

En el ángulo norte del cementerio de la misión está su tumba, en un tiempo fue cercada de madera y tenía las características que se pueden ver en la fotografía.

1966: AÑO DE LOS CÓNDORES (Segunda parte)


La imagen de Dardo Cabo nos acompaña ene ste reencuentro con un acontecimiento que puso a los fueguinos en el centro de la información. Un operativo guerrillero que no pudo ser dimencioado en su proyección futura. Una rituación reivindicativa en tiempos de inercia nacionalista.

El miércoles 28 de septiembre de 1966, pasada la medianoche, el Douglas DC-4, LV-AGG Teniente Matienzo de Aerolíneas Argentinas, un cuatrimotor de hélices fabricado alrededor de 1945, despegó de Aeroparque con destino a Río Gallegos y Ushuaia al mando del comandante Ernesto Fernández García secundado por el copiloto Silvio Sosa Laprida. Fue un vuelo normal entre nubes. Superando Trelew, mientras el comandante dormía Dardo Cabo y Alejandro Giovenco ingresaron a la cabina de pilotaje con armas y ordenaron a la tripulación desviarse hacia las Malvinas.

Así comienza a narrar Pablo Luciano Potenze la referencia al primer secuestro de un avión de pasajeros en nuestro país, nota publicada en Todo es Historia 381 bajo el título Secuestro de avión y política – El riesgo de volar en la Argentina de los años setenta; en la cual la acción de los Cóndores es el antecedente inesperado
.

DE CÓMO COMENZARON LAS COSAS

El “Operativo Cóndor” nació a principios de 1966, cuando la periodista María Cristina Verrier, que además de hacer teatro escribía en el ámbito porteño, entrevistó al militante Dardo Manuel Cabo, por entonces de 25 años, activo dirigente nacionalista. Pero la cosa fue más allá de la noticia puesto que entre ambos floreció el amor.

Mar{ía Cristina pertenecía a una familia desarrolista, pero en su romántico le propuso a su novio la empresa de llevar un avión a Malvinas; el joven Cabo tomó la propuesta como una ordalía y con ello comenzó a estudiar la factibilidad de la quimera.

Se contactó con personas que conocían el archipiélago, diseñó mapas, reunió fotos, en tanto la novia realizó varios viajes a Río Gallegos para conocer la operatividad de la empresa, a su personal y el comportamiento del pasaje, la joven se hizo familiar para la gente del vuelo 648.

Nunca llegó a saberse fehacientemente cuales fueron los recursos materiales que posibilitaron inicialmente toda esta logística, aunque en parte los gastos se cubrían con conferencias sobre temas teatrales de vanguardia daba en la capital santacruceña.

Conversando y conversando en el transcurso de esos vuelos se fue enterando de los pormenores operativos de la nave, mientras que Dardo fue reuniendo un grupo juvenil –sus edades iban entre los 18 y 31 años- todos comprometidos con llevar adelante la misión de secuestrar el avión en coincidencia con una anunciada visita de la reina Isabel II a nuestro país, lo que ocurriría por el mes de octubre.

Todos sabían que en algún momento les esperaba la cárcel, esperaban para entonces haber generado solidaridades, y con ello poder sobrellevar una instancia que importaba poco en el derrotero idealista trazado por los organizadores de la asonada.


UN JOVEN ABOGADO EN LA DEFENSA DEL COMANDO

Se trató de José Salomón primer Ushuaiense en recibirse de abogado, el que muchos años después para el diario El Sureño hizo memoria sobre su participación profesional en aquellos días:

Ushuaia, 21 de septiembre de 1966. “Bajo una fuerte nevada (una de las más grandes de los últimos tiempos), parte de un DC4 de la Armada Argentina con destino a Buenos Aires. En él viajan mi esposa, con un embarazo de varios meses y luego del cuál nacería mi segunda hija María Cecilia, mi hija mayor María Eugenia, y entre otros, el Sr. Gobernador del Territorio Contraalmirante (RE) Dn. José María Guzmán”.

Buenos Aires (Aeroparque), 28 de septiembre de 1966 (00,34 hs). “Parte de dicho lugar un avión Douglas DC 4 de Aerolíneas Argentinas, con matrícula LV-AGG, con destino a Río Gallegos, siendo su comandante Ernesto Fernández García. Viajaban como pasajeros, entre otros, el Sr. Gobernador del territorio Contraalmirante Guzmán, el Sr. Luciano Preto con su hijo menor Dany, la Sra. De Brandani, etc. Formaban parte del pasaje además, los siguientes jóvenes: Dardo Manuel CABO; Fernando José AGUIRRE; Norberto E. KARASIEWICZ; Andrés R. CASTILLO; Luis F. CAPRARA; Víctor CHAZARRETTA; Ricardo A. AHE; Juan C. BOVO; Edelmiro R. J. NAVARRO; Ramón A. SANCHEZ; Pedro TURSI; Juan C. RODRIGUEZ; Pedro BERNARDINI; Alejandro A. GIOVENCO ROMERO; Fernando LISARDO; Edgardo J. SALCEDO; Aldo O. RAMIREZ y María Cristina VERRIER”
Aproximadamente a las 00:06, y ya sobrevolando la ciudad de Santa Cruz, el grupo de jóvenes ya antes mencionado, toma el avión y hace que el mismo, previas conversaciones con el Comandante, quien alegaba la carencia de combustible, se desvíe y tome rumbo 105 con destino a las ISLAS MALVINAS. A los pasajeros se les comunica, para no atemorizarlos, que se regresaba a Comodoro Rivadavia.


EL TESTIGO PRIVILEGIADO

No era otro que Héctor Ricardo García, del cual tomamos sus memorias para avanzar junto con los restantes narradores de esta historia hasta el momento en que el avión toma su rumbo crítico.

Fui a casa, y me cambié de ropa, mudando la clásica indumentaria de ciudad por una más adecuada para el clima del Sur. Un cuarto de hora antes de las 12, mi gran amigo Enrique Capotongo pasó a buscarme para llevarme hasta el Aeroparque, desde donde iniciaría una aventura periodística jamás soñada.
Llegamos tres minutos antes de la medianoche. Tras estacionar sin problemas entramos por la puerta más próxima al mostrador de “Aerolíneas Argentinas”. Allí estaba Dardo Cabo, mirando hacia fuera, como si me esperara. Me saludó con extraña frialdad entregándome un pase de material plástico: el equivalente a un asiento en el vuelo número 648 que partiría a las 0.30 rumbo hacia Río Gallegos y Ushuaia. Diez minutos después de la 0 hora, por los parlantes, comenzaron a llamar a los pasajeros. Todos se agolparon por la puerta número 1; yo me quedé mezclado entre los últimos buscando a Cabo, a quien había perdido de vista.
Poco a poco fuimos avanzando hasta el avión. Ya en la escalerilla saludé con la mano a mi amigo Capotongo y penetré en la máquina. Cabo estaba sentado en el sector derecho, junto a un hombre joven y a una señora. Me acerqué a él y le pregunté donde debía ubicarme.
-En cualquier lugar- me contestó. Su respuesta no me agradó: siendo su invitado, lo menos que esperaba era que permaneciera cerca. Me dirigí hacia los asientos delanteros y ocupé uno de los tres primeros del sector derecho. Me puse a leer mientras esperaba la voz de la azafata con el habitual saludo “Aerolíneas Argentina les desea un feliz viaje” y el encendido de los carteles “Prohibido fumar” y “Abrocharse los cinturones”, prenuncios del despegue.
A las 0.31, levantamos vuelo. Entre sueño y lectura, sin moverme de mi sitio, permanecí hasta las 6 de la mañana. En ese momento empezó la última parte de esta sensacional aventura.
A esa hora la azafata comenzó a ofrecer café y bebidas sin alcohol, clásico desayuno de los vuelos de cabotaje.
Y entonces desperté mi humanidad. Segundos después fui hacia el fondo del avión en busca de un “toilette”. Encontré, a mi paso, dos jóvenes con camperas grises que, apostados como dos granaderos, custodiaban la salida y, no lo puedo asegurar, a “alguien”. Retorné a mi asiento y comencé a presenciar, inocentemente, una de las primeras partes del que, luego sabría, era el “Operativo Cóndor”.
Cabo me informó, después, que fue denominado así en homenaje al cóndor, que simboliza la soberanía. El emblema es usado permanentemente por nacionalistas y tomó notoriedad medio siglo atrás al ser difundido por la desaparecida “Alianza Libertadora Nacionalista”.
En ese momento de manera sorpresiva y sorprendente, otros jóvenes, con el mismo atuendo que los que había visto en el fondo de la cabina, estaban forzando la tapa de una de las bodegas de la máquina, ubicada bajo dos asientos delanteros, separada del resto por una cortina de tela floreada. Hasta momentos antes, sobre los mismos, reposaba una esbelta joven que era la representante de “Aerolíneas” en la localidad chilena de Punta Arenas, la que fue obligada a desalojar el lugar. Acto similar realizaron los dos jóvenes conmigo y con dos señores ubicados en los asientos del sector izquierdo.
Pocos minutos después, por los parlantes, se anunciaba que el vuelo continuaría hacia Comodoro Rivadavia, ya que en Río Gallegos, primera etapa del viaje, “reinaba mal tiempo”. El llamado “Operativo Cóndor” había comenzado.

EL COMANDO DE ENLACE SE CONFIESA

La revista ASI traerá inmediata referencia al apoyo y gestación de la acción de los Cóndores, el que será conocido ni bien los detalles de la operación tomaran estado público, cuando ya los ingleses habían rodeado la nave y los secuestradores rechazado una intimación dada por un sacerdote:

¿Por que realizaron la operación Cóndor?
Como argentinos consideramos que era indispensable reafirmar con nuestra actitud la soberanía nacional sobre las Islas Malvinas aunque sabedores que el sentimiento de nacionalidad es permanente en nuestra en nuestra juventud, era necesario avivar la llama a través de una prensa dirigida y de gobiernos antipatria que nuestra generación debió soportar pareció ya extinguida. Entonces surgió la idea de realizar el Operativo Cóndor a fin de concretar estos anhelos de la juventud argentina.

¿Cuándo surgió la idea?
La idea surgió en noviembre del año anterior.

¿Cómo surgió la idea?
La idea surge a raíz de una conversación realizada entre un grupo de gente joven entre quienes se encontraba Dardo Cabo. La conversación giraba en torno a la lamentable situación de nuestros gobernantes con respecto a la soberanía y la independencia del país. Como consecuencia de la ineptitud de la política diplomática a través de nuestra historia en muchas oportunidades nuestro territorio se vio cercenado y pisoteado por países extranjeros. Podríamos hablar largamente de la pérdida de territorios en el norte y en el sur de la patria. La admirable actitud de Miguel Fitzgerald con relación a las Malvinas, así como también la enérgica acción que como civiles admiramos del general Julio Alzogaray en lo que hace la disputa limítrofe con Chile nos sirvieron como ejemplo y nos dieron la pauta de que debíamos dar una continuidad a los hechos en esta posición irreductible a favor de la reafirmación de lo que nos pertenece. Ese es el ideal de todo argentino bien nacido y que conciente de que la patria merece cualquier sacrificio, aunque ello signifique dar la propia vida.

¿Quiénes realizan el Operativo Cóndor?
Son jóvenes argentinos que asumen la responsabilidad histórica con el coraje y visión propia de la herencia que recibimos , de quienes supieron forjar nuestro ser nacional.

¿Estos jóvenes pertenecen a algún grupo o corriente política identificable?
Son nacionalistas peronistas, que aunque individualmente pertenezcan a alguna agrupación, se encuentran identificados y mancomunados por el ideal de patria. Queremos dejar bien aclarado que nuestra acción no responde a ningún plan político, hecho demostrado por el tiempo transcurrido entre que se ideó la operación hasta la realización .

¿Por que le llaman Operación Cóndor?
La razón del nombre impuesto a esto operativo, que para nosotros tiene un significado muy sentido, lo queremos revelar cuando se encuentren nuestros compañeros de regreso , tras haber concretado exitosamente el objetivo que los llevó a Malvinas.

¿Cuáles son concretamente estos objetivos?
Primero, reivindicar la soberanía argentina sobre el territorio de las Islas Malvinas, segundo despertar el sentimiento nacional un tanto adormecido en nuestra juventud, tercero demostrar que argentina esta dispuesta a jugarse por los objetivos de su patria, cuarto dar un ejemplo para la movilización del pueblo en el logro de sus objetivos nacionales.

(Este dossier continuará)

CUADRO DE HONOR 2


Completando nuestros primeros comentarios sobre la existencia del INS.PE.Bo -Instituto Pedagógico Beauvoir-, una suerte de de primer gabinete que existió en Río Grande, en el colegio Ceferino Namuncura, aprotamos imágenes relacionadas con nuestros recuerdos.


En ella puede verse al Padre José Zink, en tiempos en que le tocó ejercer de Superior en esa comunidad, mi maestra de Cuarto Grado, Francisca Nélida Gimenez de Gisbert, de la cual sólo tenía recuerdo de "la señora de Gisbert", y yo.


Eran años de guardapolvos grises, y las camperas de cuero en nada tenían que ver con algún perfil sindical en los que las usábamos.


La señora de Gisbert tenía tres hijas y su marido trabajaba en Los Yaganes. En casa usaba la máquina de coser de mamá para confeccionar la ropa de sus pequeñas, que eran tres rubiecitas que tenia el porte germánico del marido.


Ella no me ayudaba en las tareas, el que lo hacía era papá, en tiempos duros de la regla de tres.., en todo caso era él quien hacía las consultas a la maestra.


Papá también trabaja en Los Yaganes, una vez por semana, haciedo francos del sereno al que yo llamaba "Julio Menino", así le llamaba María Caruso de Granja, el que vivía con su familia en la calle que cortaba Belgrano al fondo.


Una vez la señora de Gisbert nos llevó a Los Yaganes a conocer a un Pingüino emperador que había llegado a nuestras playas y subió por Belgrano hasta que fue detenido por personal del establecimiento. El ave era del tamaño de un chico de Cuarto Grado. Quedamos sorprendido de lo que cagaba, por su abundancia, su mal olor y su intenso color amarillo.


En el pecho, cada uno de los que estamos en las fotos, llevábamos un escudo dibujado y pintado sobre cartulina, que no recuerdo bien a que se refería.


En los recuerdos uno se va siempre por las ramas.



José Llancalahuén 4: "¡Gente sufrida!"


Cerramos con nuestra última entrega esta serie dada en el fin de semana largo por el Día del Trabajador. Don José no sabe de otra cosa que nos sea trabajar, y en este relato final abunda en detalles de su paso al mundo petrolero, su regreso a la construcción vial, y los sinsabores de la tarea pesquera en la que lo conocimos.

- En ese tiempo había poco trabajo. Y en la estancia igual le daban todas las cuentas. Como parece que en las estancias quedan gente, en ese tiempo no, quedaban uno solo, quedaban dos creo, uno quedaba pa¨¨ carne y el otro que recorría el campo, y nada más. La gente lo recibía todo en septiembre, en esas estancias eran grandes ya, llegaba el tiempo de mucho trabajo, de hacienda y todo.
-¿Y qué se hacía por Río Grande en esa época, un poco para divertirse digamos?
- Bueno, en esos tiempos había el club San Martín, pero ese era, una casita vieja, nada más. Después, muchos años después hubo otro baile, ese donde esta frente el cine, que era un caserón grande ahí, no se en que habrá quedado.
-¿El Belgrano?
- El Belgrano, bueno, ese era otro.
- ¿O sea que a Usted. le gustaba andar por los clubes?
- Claro, cuando bajábamos, esa era la fecha de los bailes…y había todos esos, no eran whisquerías, sino eran cabaret, así.
- ¿Se acuerdan por donde estaban?
- Sí, si, uno estaba por acá abajo, por la calle…
- ¿Moyano?
-Sí, la Moyano. Ese era de la Coca, el otro de la Olga estaba en la, por ahí cerca del hotel Austral, por ahí cerca.
- ¿Ahí dejaban su plata?
- Ahí había que dejar la plata cada mes…(risas)
-,¿Y después se le dio, don José, la suerte de entrar a trabajar en la Tennesse me decía?
- Sí.
- ¿Y cómo fue eso?
- Después de los 11 años que estuve en Vialidad, hubo, este, bueno, yo me salí, pedí mis cuentas, porque…me tocaba andar por todos lados y, en el pueblo claro tenia que andar toda la semana por el asunto de materiales …porque llevaba 3 puentes, 3 cuadrillas a mi cargo, y los víveres, la gamela, todo eso. Así que yo no podía quedarme afuera un mes, no, tenía que bajar todo el tiempo cuando los fierros llegaban, que se pedían a Buenos Aires pa los puentes, tenía que bajar a buscarlo. Así que al final, había meses que quedaba debiendo, y yo digo no, mejor, como por ahí pasaron el dato que en el Moreno faltaban, faltaba un foguista.
- El Moreno, en San Sebastián
- Sí.Era contratado por la empresa, la empresa era de Julio Villa, de Comodoro Rivadavia. Fui y me presenté en la oficina y me dijeron, bueno, justo el foguista era portugués, se fue enfermo y no vuelve más. Dice lo llevamos a prueba, se va por 24 horas, si da resultado queda, si no, no. Así que, bueno, vea, y allá me encontré con un muchacho cordobés, foguista, que había un muchacho chileno igual que lo habían traído los norteamericanos, sargento de la marina en el Sanavirón, y de ese me dieron las cuentas porque yo, dice, fallaba todo el tiempo, llegaba a Ushuaia y no aparecía como 2 ó 3 días en el buque.
- ¿El Sanavirón…el barco ese que estuvo incluso en la Antártida?
- En ese tiempo estaba acá…un aviso. Así que por eso me dieron las cuentas y acá fue que faltaba un foguista. Y ahí estuve un año. Así que, nos hicimos amigos todos enseguida, y ellos me hallaron varios, alguna ocasión que pudiera tener ellos me decían que así, que asa, cada cosa. Cuando ellos bajaron a, me dijeron tienes que darle toda la instrucción como es, del barco…que, la sala de máquinas tendría sus 50 metros de largo y había como más de 1000 motores abajo, y válvulas miles y miles, ahora para saber cuál era la de gas, la de agua, de calorías, pa dar todo esto, pa¨¨ dar lo otro. Y claro que en parte estaba así los tableros escritos en castellano. Así bueno, al otro día igual allá. Y uno me fue a ayudar un poco, y salí bien, ninguna cosa pasó. Y después de 15 días, ninguna cosa ni ningún tropiezo, nada. Llegaron los 90 días, tampoco, la compañía dijo, este dice que no es foguista, los otros siempre se les revienta un caño se quedan dormidos, y éste no. Así que así mismo los ingenieros, lo mismo, y en la compañía lo mismo. Y así que ahí me quedé, en ese buque estuve 4 años, me parece, hasta que lo llevaron.
- ¿Recordamos el nombre del buque?
- El Moreno.
- ¿Y qué era lo que hacía en esa zona?
- Ese estaba, este, como tipo pontón que se llamaba. Ahí traían todos los fierros, pa toda la zona marina, o sea cuando estaban haciendo todos lo embarcaderos pa los buques. En ese tiempo todavía no se embarcaba petróleo, a los otros buques. Porque no estaban hechas las, los tanques los estaban haciendo recién en el Chorrillo, porque primero hicieron una, pero muy chica, esa no dio resultado. Después la última, esa sí. Creo que no se si seguirá trabajando todavía, porque en Chorrillo hay siempre buques. Y ahí me quedé yo, hasta que llevaron el buque. Lo llevaron, según me dijeron después se lo habían llevado pa´Buenos Aires, después pa´ Italia, pa la fundición, pero en eso me dejaron (yo en el Brito), un buque panameño que trajeron. En esa, ahí en ¡eeeeh!, tuve un año y medio, y ahí tenía que tener otra clase de documento, no lo pude conseguir. O sea que ahí no anduve bien. Y ahí salí y me vine a trabajar a la estancia.
- ¿Anduvo también en el campo entonces?
- Si. Bueno, al poco tiempo, donde paraba estaba en el fuego, haciendo unas changuitas ahí en las casas. Cuando llega Humberto Santomé, y tocó la bocina afuera y salió un chico de la casa. Dice, está fulano de tal, sí le digo al chico, dígale que yo quiero hablar con él. Me fui, dice tiene algún trabajo, yo le dije que no, estaba haciendo una casilla arriba. Dijo, no, tienes que ir a renovar un puente de la Sra. Franca, en la estancia Libertad.
- ¿Doña Franca Susic?
- Si, porque ese puente ha sido mal hecho, lo arrastró el agua, y no puede pasar. Así que ahora hay que hacerlo, quizás nuevo, y vos vas a ver lo que es lo que hay que hacer. Claro, como yo era el único que había estado 10 años en Vialidad haciendo puentes, y todos los que hay de hormigón y madera los he hecho yo, claro que era el único puñetero que tenía Vialidad pero ahí yo ya había salido de la compañía. Fui a hacer ese puente, claro, me dieron maquinaria, gente, y todo eso. Me dieron una topadora con un maquinista y un camión, y la señora Susic si quería bajar al pueblo, alguna cosa, cualquiera de no otro, ya sea por enfermo o cualquier cosa. Pero la gente esa, la que tenía yo no eran de Vialidad, solamente…o sea que ninguno, solamente las maquinarias que había ahí, los choferes nomás, nada más. Y los otros eran todos particulares. Así que antes que termine llegó Santomé otro día. Me dice te mando buscar otra vez, y yo le digo para qué. No, que te salió la comisión que tienes que ir a hacer el puente de la Gobernación en San Pablo, porque el único que acá de Vialidad, no otros, quien era que había sido el mejor de Vialidad para hacer los puentes, y no te lo vamos a dar a vos. Así que vos tenés que hacerlo ahora. ¿Y cuándo podés terminar este? Y yole digo este ya está, hay que terminarlo de entablar y ya, el barato nomás, pero el contratista que tiene el sobrino de doña Franca, él lo hace.
- El lo puede hacer…
- El lo puede hacer. Porque él dijo que él sabía de eso, solamente quedaba mal porque no tenía las máquinas topadoras, la bomba, motobomba que se armaban para secar el río... Entonces dice estas están, listo, si está listo te llevo hoy mismo pa arriba. Y tiene que hacer la gente y ver allá, porque ahí te van a dar planos, este, te lo va a dar…Rouco te lo va a dar. Bueno, y fui, al otro día hice la gente, bueno, ahí llamaron ese día, ya la gente ya, pero ahí lleva toda la gente conocida, capaz pa¨¨ trabajar allá, pues. Y me fui, estuve 6 meses, a los 6 meses terminé la obra, pero cualquier cantidad de máquinas llevamos ahí, cargadoras, topadoras.
- ¿Ya habían cambiado los tiempos?
- Claro. Desmontamos todo ese cerro a pura fuerza de máquina, a pala no, antes se hacia a pala. Los desmontes eso a pala, y las cunetas, las curvas, todo eso. Pero ese tiempo ya no, a pura topadora nomás. Solamente el puente lo hicimos, como el puente era de cemento y madera, lo hicimos al uso antiguo todavía. Y le hicimos el puente a los 6 meses. Y claro,, yo era…saqué como 7 y eso que trabajaba en el hielo. Así que yo bajé y, me faltaban carpinteros y albañiles, y había unos que trabajaban por Gallegos por ahí, por todos lados, como contratistas, pusieron esos…
- Gente sufrida también.
- Sufrida también. Así que se fueron. Cuanto la hora, tanto. Y claro, yo tenía lo sueldo que me había ofrecido la Gobernación, porque yo tenia todos los papeles por Gobernación. Y representante en ese tiempo era el Gobernador de acá, el finado Ruperto Bilbao, ese era. Y después estaba de representante Rebuffo y el otro…Ponce, Venancio Ponce, no me dicen, está jubilado de Vialidad, acá siempre pasan los ingenieros, el otro día le pregunté y Ponce, no, me dicen, está jubilado hace más de un año. Yo… le contaba no ha pasado acá. Así que… después al otro año quería, bueno después al otro año volví a Vialidad de nuevo, pero el consorcio no 5, que ya llegó haciendo huella, pero todo con máquinas,, el consorcio. Bueno, las máquinas siempre las daban Vialidad, pero los maquinistas siempre, todo eso, eran la mitad de Vialidad y el resto…
- ¿Qué era ese Consorcio?
- Hacían Consorcios como el que dice la Cooperativa, entre todos los estancieros, o sea, de ese lado eran todos…pero, pagaban, le descontaban el 20%, y el 80% lo daba Vialidad. Y después la nafta todo eso lo daba Vialidad. Y eso, el 80% era para el gasto de la gente, el sueldo de la gente, y el gasto de máquinas, el aceite, el gasto de maquinarias lo daba todo el Consorcio.
- Bueno, don José, espero que hayamos entretenido a la gente que nos ha estado escuchando en este domingo por Radio Nacional Río Grande, muy al reparo del viento, porque parece que usted supo bien donde hacer su casa acá en Punta María, y bueno, agradecerle por estas vivencias y también indicarle a nuestros amigos que don José no los va a recibir mal cuando vengan por aquí, sobre todo si andan buscando pescado.
- No, siempre que haiga…A pesar que por ahora tengo 4 redes afuera, pero con el viento que hay tengo bien pocas posibilidades que haiga. Y la marea todavía de aquí es bastante tarde.
- Pero no es para desesperarse, sino es hoy será mañana... Todo que no se la lleve el…
- Bueno, eso también. La que tengo afuera quien sabe no me falte alguna hoy. No, de acá…bueno, acá, más allá es, no se fueron solas las redes, sino que me las llevaron. Una noche que no estaba acá, al otro día estaban las sogas cortadas, cortadas a cuchillo, dos redes me llevaron.
- Algún pícaro…
- Claro, por que algunos, ellos, que quieren tener las redes sin cortar ni un peso, con irlo a buscar basta. Pero esas redes, acá no trabajamos, porque tengo varios amigos pescadores, por Río Chico y por todos lados…lo conocían, así que…y eran las primeras que venían de Moncusa, que ese hilo no había acá así que no, las redes esas se fueron otra vez a parar a Porvenir, a Chile o por Gallegos, por ahí habrán ido, pero aquí no trabajaron.

José Llancalahuén 3: "Nosotros íbamos haciéndolos, cortando la madera en el monte, labrándolo y trayéndolo y a hacer las cantarillas"



En su condición de carpintero de ribera Don José del Carmen construyó varias chalupas, el oficio parecía enraizarlo al sur fueguino, pero de pronto encontró su norte.

Nuestro entrevistado hizo camino. De la Ushuaia que lo conoció primero pasó a Río Grande. Y en otro momento, el sin casa comenzó a construir casas para el personal que trabajaba para Vialidad.

Las aspereza de esas huellas esta en la impronta de la vida de Llancalahuén.

- Vamos a recordar que tiene 68 años. ¿Cuándo cumple años?
- El 16 de julio.
- En pleno invierno…esta como para festejarlo acá, ¿no?...Porque Usted. está acá invierno y verano, ¿no?
- Invierno y verano. Antes no, porque tenía allí unas casillas, en Río Grande, pero era de uno que se fue a Jujuy, me dijo en este sitio yo no pude hacer casa, hacete una casilla o alguna cosa, y después verás si te lo puedo dar. Yo le dije que no, soltero no le dan terreno a nadie, dijo no, pero puede ser. Y justo fue, estuve 5 años ahí, no pude conseguir el terreno. Después construí la casilla…
- Y eso le pasa por ser soltero…
- Claro… Y así que, no, me dijeron, el terreno se lo dimos a otro. Así que el que llegó se quedó con la casilla y la mitad del sitio si quedó cerrado, yo he cerrado poco y nada, ese muchacho que trabaja en Prefectura, de padre chileno es… Baeza es, que el hijo de Baeza es el que atiende el box cuando hay pelea y todo eso.
-Si, sí, lo conozco…Julián Baeza.
- Julián, ese es… Y el hijo también es Julián, pero ese es Segundo.
- Si, sí, Julián Segundo, si somos medio vecinos, vivimos en la misma manzana.
- Ah, si?
- Si, sí, él vive por Bilbao y yo vivo por Obligado.
- Por Obligado, entonces Usted. es vecino de mi patrón, compraba todas las cosas ahí, porque en esa cuadra estaba yo…
- ¿No se acuerda quién era?
- No…no, la señora Elena…
- ¿Gallardo?
- No, la que tiene el negocio ahí…
- ¿El kiosco Susy?
-…de Berbel.
- Ah, doña María Elena Smolcic de Berbel.
- Claro.
- Ahora se ha mudado doña Elena, está frente a la radio, frente a la plaza.
- ¿Ah, para arriba está?
- Si, si, si, se mudó para ahí. Y siempre nos escucha los domingos, así que se va a llevar la sorpresa de este saludo.
- El otro día baje yo y dije vuá pasar a ver, porque yo se que el negocio que tenía antes lo alquiló, yo digo a lo mejor se volvió a quedar otra vez con el negocio, porque a ella le gustaba mucho trabajar con el negocio. Yo en esa misma cuadra vivía.
- Claro.
-O sea, donde está Baeza, donde está Julián
- Si, sí, en la misma manzana.
- Claro…dentro tengo y ahí estuve en las piezas como 7, 8 años oye.
- Dígame don José: ¿Usted llegó el año 49, el año del temblor, no?
- Claro, el 49.
-¿Cómo fue eso allá?
- Por Ushuaia andaba en esa época.
- ¿Cuándo el temblor?
- Si. No, no, esta…no, no, yo vine después…El 49 llegué a Ushuaia yo, el 19 de marzo.
- Día de san José, día de su santo.
- Sí, si…el 49, el 19 de marzo, y el temblor fue…
- En diciembre.
- Sí, casi el año era como fue. Porque allí adentro donde estaba, el dueño de ese me dio un inmenso galpón, y había, después había otros muchachos que al otro día comienzan a trabajar en la empresa Borsari, entonces le dije, bueno, unos galpones grandes que hay. Le digo si, si, al dueño y el dueño me dijo está bien, si no tienen pieza, si se arreglan en el suelo, así te puedo ayudar en algo, una cosa, así cuando se fue el temblor, el galpón viejo se viene abajo, no se levantaba ninguno yo si me levanté y ahí, que ahí llegué, cierro las puertas, digo el galpón, este cae, que el galpón ese tendría el tiempo que se hizo Río Grande, pero no cayó eh. Era de pura madrea.
- Bueno, pero dicen que las construcciones de madera son las que mejor resisten el temblor, ¿No?
- Sí, si se zarandea igual que un acordeón, pero caerse no se cae…caer no se va a caer.
- ¿Hubo mucha rotura de edificios en Ushuaia en aquel momento?
- Sí, la iglesia, y otra, por el lado del cementerio había una construcción, no sé si estará de los italianos, ahí tenían el taller ellos. Toda clase de…ese también se rompió, pero no cayó, eh, se trizó nomás por todos lados. De material se trizaron varios. Y la iglesia se había abierto bastante, pero no cayó.
- ¿Y en Chile nunca lo había sorprendido un terremoto así?
-No, de esos grandes no, chicos nomás, pero…ya estaba acostumbrado.
- Estábamos recordando otras de sus experiencias, Usted al pasar nos dijo que había estado trabajando en Vialidad. ¿Cómo pasó del mar al camino?
- Bueno, yo cuando vine de Ushuaia, vine de este lado, porque Milo Fernández me trajo acá, me dijo que me haga una lancha.
- ¿Don Milin?
- Exacto. Dijo hace una lancha tal como la que hiciste a los italianos. Esa, la mejor que le hiciste a Sobral, y quede hacer una como esa y dice, me voy a dedicar a los turistas. Y cuando llego a este lado, ya dijo no, vua hacer mi casa primero. Al final no hicimos casa, ni lancha ni una cosa. Así que yo me vine a la fábrica de Finoccheto después, porque el se fue y trajo ahí gente.
- ¿En la zona del lago?
- En la zona del lago, adonde vive. Y yo de, de esos montes de andar a caballo no me gustaba mucho, prefería seguir trabajando Rivara y navegar con lancha, nada más. Así que en esos me vine pal pueblo y, y vino justo el ingeniero, o sea aquel que iba a hacer Héctor Rouco, el que vino a hacer los cortes de roca, todo eso, la picada si estaba hecha, que eso lo había hecho Garibaldi y el finado Finocchio, bueno, los dos son finados, el finado Garibaldi y el finado Finocchio. Pero, el desmonte nomás, y por ahí se pasaba de a caballo, con haciendas y vacunos.
- ¿En la zona del paso?
- Claro. Paso Garibaldi. Así que yo vine a pedir trabajo. Estaba Garibaldi, el finado, me dijo Usted a trabajado acá, en Vialidad, porque acá ha trabajado mucha gente chilena de muchos años. Y no le dije, yo por Vialidad no he trabajado nunca. Ah, dijo, entonces no, no vamos a poder darle trabajo. Y yo le dije esta bien, y después al segundo día encuentro un muchacho que me dice, el que quedó de jefe nuevo que dice que va a hacer el paso de que viene para explotar los cerros, hacer todos los cortes, y estaba buscando carpinteros. Yo le dije, bueno, viá echar una vuelta, llegué y le dije si necesitaba carpintero, había ahí un apuntador y le fue a preguntar al jefe, sí, dijo necesito carpintero, pero que tenga documento argentino. Y yo justo traigo documentación de la Gobernación, que tuve trabajo allá, cuando hicimos la embarcación y, la Policía, tengo cédula argentina. Del año 50…así que fue como el 54. Así que dijo-“Dígale que pase”. Pasé y le di la cédula. Claro, ahí decía igual carpintería ribera y que se yo, todo eso. Dijo:-“Bueno, Usted es el hombre que quiero yo”.
- ¿Y para qué se necesitaba un carpintero en la construcción de un camino?
-(Risas) Las casas de la población. Así que bueno, ahí llevaban como 100 y tantos, y en puras carpas no podían entrar tanta, y entonces le hicieron casas grandes para gamela, techado con ondalit, y los tirantes se partían ahí, con madera, que había tanta madera. Y ellos ya tenían como 5 ó 6 hacheros labrándolas, troceándolos palos esos livianos cuadrados pa’ hacerlos pasar por un aserradero a pulso. Pero siempre con la misma medida de tirante. Así que me dio un papel enseguida, que vea al doctor, y el doctor lo hallé enseguida, así que al otro día, a la cordillera. Llegue allá, hablé con el capataz que había, dijo que había otro, ya no me pertenece dice, si viene él mañana, sí, yo le dije viene mañana, ese es obra, dijo, y toda la gente del taller es obra, y yo soy, este, tipo de, de esos que están de planta de muchos años. Le dije acá tú eres el capataz, si, pero movimiento de tierra y puentes y esas cosas, de las casas que se van a hacer, de eso no sé nada. Y yo le digo: Mira, porque yo traigo varios planos también del asunto, de las casas que se van a hacer. Yo le dije acá hay un motor, si, me dijo. Y después le dije donde está la madera labrada, me dijo está ahí. ¿Y el tractorista? Es un tractorista. Así que el otro día ya yo le dije esto es lo que tenemos que hacer, y empezamos a sacar la madera tirada con el tractorcito, y para esos, tipo triciclo, que de última igual andaba en todos lados, la tierra, una circular redonda. Tenía como un metro 50, 70, así que, tenia buena fuerza el motor. Así que él se fue. Y ahí empezamos a pasar tirantes y con eso hicimos todas las casas pa’ la gente.
- ¿Eso en que zona es?
- Eso es ahí donde está Petrel. Ahí en ese cuadradito donde termina Laguna Escondida, claro ahí.
- ¿Ahí estaba su obra?
- Ahí estaba la obra. Y bueno, después el motor ya no anduvo muy bien así que, y la gente que llega, llegaron mas gente después,, se fueron mas arriba, al paso Garibaldi, y había que hacer cantarillas ya de madera para que puedan pasar las máquinas, porque la gente que iba al pasto, jadeando y tirando y haciendo cortes, al lado de la tierra, turba lo que sea, pero donde había rocas no, y adonde había chorrillo había que pasarlos, o sea ya cantarillas. Así que como ellos iban haciendo ahí, eran como 40 y tantos, cuadrillas de a diez, y carpas había afuera, de esas carpas grandes que usan los militares, donde entran veinticinco y tantos. Así que me fui allá, y me dice él, Héctor, que es finado igual, me dice ellos los muchachos que son carpinteros, preguntale si son buenos para la bruta hacha, porque arriba hay que hacer todos los tablones a hacha. Y al mismo tiempo dice, hay otro que esta con las tropillas y animales cinchadores, porque toda la madera esa que, los tablones donde labran van a ser sacados con caballos. Y hay dos ahí en eso. Así que le pregunté y me dijeron si no otros sabemos laborar con hacha. Yo le dije con hilo o así nomás, yo le dije no, mejor va a ser con hilo. Así que me fui en la misma cuadrilla con otros, porque una cuadrilla ahí, habían dos cuadrillas de 20 cada cuadrilla. Y nosotros llevamos una carpa chica y comíamos en una gamela con los otros. Así que empezamos a labrar tablón y donde había que hacer cantarillas, eso si que la misma que la máquina haciendo los paleros esos iban haciendo, donde había que hacer una cantarilla, ellos mismos ya han hecho la zanja, Era llegar y sin talar nomás, pero había que llevar toda la madera. Nosotros íbamos haciéndolos, cortando la madera en el monte, labrándolo y trayéndolo y hacer las cantarillas. Pero 5 con eso, con eso y dos gauchos, 7, bueno, ellos eran los que cinchaban la madera, porque ellos eran los que trabajaban con los caballos.
- ¿Se acuerda el nombre de alguna de esa gente que lo acompañó?
-Este, un muchacho era Aguilar, de esos de a caballo. Y de los carpinteros no me acuerdo. Esos vinieron, trabajaron la temporada nomás y se fueron.
- ¿Y Usted siguió trabajando con Vialidad?
- Si.
- ¿En muchos lugares?
- Si, porque yo, después cuando termino la temporada ya, cuando vino la nevazón, la lluvia,,, bajamos al pueblo, y el jefe que vino, Héctor Rouco, no me quiso…De 120 que vinimos, quedamos 4 nada más. Los otros que trabajaban la temporada nomás y después ya se iban, le daban la baja y después les recibían en septiembre de vuelta. En invierno, de vialidad no quedaba nadie. Quedaba la pura gente de planta que le llamaban, nada más. Pero esos, los que estaban efectivos. Pero gente nueva así, no. Me quedé yo, un maquinista, no, dos maquinistas y dos topadorcistas, ¡ah!, y un mecánico, que eran de Punta Arenas.

José Llancalahuén 2: "Por la edad ya no pueden darme trabajo en ninguna parte".



¿Cómo anda esa lectura? Alguno seguirá al ritmo de nuestras publicaciones el diálogo con el pescador, en este fin de semana largo por el Día del Trabajador.

Quien lo tome de otra manera le decimos que deberá descender a encontrarse con una primera lectura: allí hace referencia a su llegada a la Argentina para trabajar como Carpintero de Ribera, contratado por José Sobral, un empresario pesquero que llegó por 1922 junto a Prefecto Celso Otero y Francisco Moreira. Habrían llegado –al decir de José Cabezas en su libro Presencia Argentina en el Canal de Beagle- en su condición de “escapados” de las huelgas en que habían intervenido en Punta Arenas, aquí se hicieron pioneros de la pesca y la industrialización de las cholgas.

Un croquis del espacio internacional a la altura del Canal de Beagle realizado por Cabeza ilustra nuestro reencuentro. Ese en el cual Llancalahuén recuerda, sus navegaciones australes, su experiencia de lobero, y su mundo de pescador artesanal en las costas de Punta María.

- Don José, cuando estaba ahí en Ushuaia y por Navarino. ¿Usted. navegaba por los canales?
- Si, bueno, tengo un solo viaje a la Isla de los Estados, nada más. Y después por Navarino si corríamos, pero del lado de Chile, con chalupas a vela, botes a vela.
- ¿Y que es lo que hacían con esas chalupas?
- Nosotros nos dedicábamos a cazar nutrias y lobos p’al lado de Chile, que allá había mucho
- ¿Todavía había o hay todavía?
- Sí, sí, no se si ahora habrá, que yo ya llevo de Navarino acá ya llevo 37 años, así que ya no me voy más…
- Si, sí
- No. Porque yo ya no fui más para Chile, cuando vine hacerle la lancha.
- ¿Se pagaban bien los lobos?
- Sí, se pagaban muy bien los lobos. Nos cazábamos los lobitos chiquitos, recién nacidos, que esos todavía, por ahí habían avisos que esperaba las loberas y compraban los jefes. Claro, eso para beneficio de ellos. Y había varios que se dedicaban a venderles a ellos, a los jefes de los avisos. Por ese tiempo no había ningún reglamento, nada, porque veías que pasaba de allá para acá.
- ¿Era cuestión de andar nada más?
- Claro, buques argentinos acá…en una instancia, de repente había alguno, claro que hablaban por teléfono,, con la radio del puerto, que tanto entran por ahí y nada más. A veces pasaban y a veces no, pero ninguna cuestión.
- Así que Usted. debe ser uno de los últimos loberos que quedan, entonces
-Creo que sí. Todavía por todo eso, estoy acostumbrado a estar al lado del mar nada más.
-Si, porque a todo esto vamos a señalar que nos encontramos en la zona de Punta María,, dialogando con don José Llancalahuén, muy cerquita del mar, su casa no se ve desde la ruta, y realmente hay que ser muy conocedor de la zona para llegar donde el tiene su asiento de pescador, ¿no? ¿Cuál es su actividad cotidiana acá en esta zona de Punta María?
- Bueno, yo acá que me dedico este, a la pesca, y de pues, este…bueno acá estoy 6 años acá en este lugar. Y después a arreglar redes, tanto mías, como…y las redes, a mi si me faltan redes las pido a Mozcusa, en Mar del Plata, a José Mozcusa. Me manda las redes nuevas pero eso si que no fía un peso a nadie, hay que hacer el giro primero. Ahí si viene la red lo que quiera.
- ¿Cómo es su sistema de pesca acá, cómo trabaja Usted?
-- Bueno, yo acá lo trabajo con marea, cuando baja la marea. Entonces la red la tengo anclada en el mar, o sea de punta a punta. Una estaca de fierro en una punta y otra en la otra,, y si la red es grande o larga o temporal, le pongo un viento al centro, o sea una soga al centro. Pero la red lo fondeo directo, como viene la ola alta de afuera. Entonces la ola cuando viene de afuera no la agarra atravesada a la red en una punta, la red se zarandea por un lado, así que nunca la atropella, por mas que pueda venir la ola 5 ó 6 pies de altura, no le hace nada, y menos le saca el pescado. Y después que en estas playas, cuando sube la marea, el pescado viene de este lado, y cuando baja viene del otro lado. Entonces la red siempre, cuando baja la marea tiene pescado de los dos lados. Y son de esas, de esas mallas
- ¿Estas son las que le mandan de Mar del Plata?
- Si, esas son tejidas en Mar del Plata. Tejidas en fábrica son todas esas.
- Ahora vienen con flotadores de plástico…
- Si, con flotadores de plástico. Y son mejores porque los otros de corcho, yo tenía una con flotadores de corcho y se me enredaba mucho. Porque el corcho se abre, con el oleaje el nylon penetra en el corcho, y una sola que penetre, ya le hace un despelote bárbaro. Entonces estas no, claro que estas no, de esas son, estas amarillas, están no aguantan a 60 metros de profundidad, la presión del agua lo aplasta, las rompe, una vez que se rompe, o sea que filtra agua, porque igual no son bien pegadas, ahora la mejor es esa, la blanca, esa si que se pueden tirar a los 70, 80 metros, porque no teníamos otras, por ahí están, una coloradas, esas si son hechas en Ushuaia, donde se tiran 100 metros de profundidad, o 150, no se hacen nada.
- ¿Y acá a que profundidad se tiran?
- Bueno, acá no hay profundidad mucha. Nos hemos ido a 5 Km., 10, con lancha a motor acá y no hemos llegado a 150 metros, o sea yo, el muchacho que andaba con nosotros era chileno, Antuno, Juan Carlos, yo le decía ya estamos cerca de las Malvinas y no llegamos a 500 metros…
- ¿Van a pescar a Cabo Peñas habitualmente o Usted. o se maneja mejor acá?
- No, acá mejor.
- ¿Y qué es lo que hace con el producto de la pesca?
- No, acá, acá no, ningún pescado me queda p?al otro día.
- ¿No?
- No, cuando saben que la marea está bajando, la gente se viene del pueblo, y los que pasan a Usted. lo mismo.
- Bueno, por ahí le vamos a conseguir entonces más de un cliente, alguno que por ahí no sabía o lo podía encontrar en la zona de Punta María lo puede tener presente.
- Bueno, gracias, acá…estos del hospital vienen mucho, tanto las señoras que, bueno, a comprar pescado vienen. Y los de Vialidad que, antes cuando estaban las compañías cerca…la que estuvo haciendo el asfalto…
- ¡Techint!
- Techint, y la otra que estuvo cuando hicieron los estudios, que andaban haciendo los estudios para los puertos, según decían ellos, bueno, esos también. Porque esos tenían las gamelas por acá cerquita, porque faltaba asfaltar un kilómetro. De acá, así que ellos decían que usaban pescado dos veces por semana, nada más,, pero había que entregarle cantidades, 20, 50 kilos, porque esos eran Techint, eran 500, 600 en cada gamela de esos.
- Ahora dígame don José: ¿En qué consiste un buen día de pesca para Usted?
- Bueno, yo donde, ahora no pescaba nadie. Yo entré ahí pero entre cuando había salido de Vialidad, porque en Vialidad estuve 11 años ahí. De Vialidad pasé a Tennesee. Allá en San Sebastián estuve 6 años allá, en los buques petroleros. Después de eso me dediqué a la pesca, que lo se, a eso es donde estoy ahora acá.
- Y va a seguir, parece…
- Y… Porque trabajo ya no tengo en ningún lado. O sea, por la edad ya no pueden darme trabajo en ningún parte.