OPERACIÓN ALGECIRAS.

El nombre estaba ligado a un hermosa canción: Mediterrano de Joan Manuel Serrat (“de Algeciras a Estambul”). Pero de pronto se comenzó a hablar de esa tierra andaluza cuando se señaló que ese puerto figuraba en un próximo hermanamiento del Municipio de Río Grande. La razón: su proximidad al enclave británico de Gibraltar, y en nuestro caso la cercanía espiritual con Malvinas. Inglaterra en el ojo de la tormenta.
Pero el tema vino a despertar mi recuerdo sobre un documental filmado en España hace once años, al que nunca consideré relevante desde el punto de vista cinematográfico, pero si ilustrativo de las globalización en la que inevitablemente nos vemos embarcados.
Las acciones militares de 1982 podrían haberse extendido hasta la misma Europa, en una conjunción de acciones entre gente que perteneció a la agrupación Montoneros –guerrilla urbana de identidad peronista- e integrantes de la Armada Argentina.

Uno.

Desde la red las referencias sobre esta circunstancia:

La Operación Algeciras u Operación Gibraltar fue un frustrado plan militar argentino de tipo comando que se intentó llevar a cabo de manera encubierta y extraoficial durante la Guerra de las Malvinas en 1982, en territorio español y británico. Su objetivo táctico (inconcluso) era sabotear a la Marina Real tratando de hundir con minas submarinas un navío de guerra británico cualquiera en la base británica de Gibraltar, e impedir su marcha hacia las islas Malvinas, escenario del conflicto bélico. El plan se llevaría a cabo mediante la actuación de buzos tácticos y la utilización de minas submarinas de origen italiano.
La operación fue aprobada por el almirante Jorge Isaac Anaya, quien la guardó en secreto a la mayor parte de sus camaradas. Los militares lograron convencer a dos antiguos miembros de la guerrilla peronista Montoneros que tenían experiencia subacuática, a pesar de la represión que los militares habían realizado sobre la guerrilla. Uno de los comandos era Máximo Alfredo Nicoletti, ex buzo táctico y ex guerrillero que actuaba para el servicio de inteligencia de la Armada. Los planificadores negarían cualquier implicación de funcionarios de la Argentina.
Desde territorio español, una fuerza de 3 hombres (dos montoneros y un oficial de enlace argentino) supervisaban el tráfico naval británico alrededor de Gibraltar, preparándose para atacar un blanco en la oportunidad en que se lo ordenasen, usando hombres ranas y minas italianas. Esperaban la llegada del HMS Ariadne como primer blanco.

Sin embargo, el plan falló luego de que la inteligencia británica interceptara y descifrara comunicaciones entre Buenos Aires y la embajada argentina en Madrid e informara al gobierno español, que arrestó al equipo. El arresto fue realizado por el Ministerio del Interior sin involucrar al Centro Superior de Información de la Defensa, (CESID), la agencia de inteligencia española.
Lo que imposibilitó esta operación fue un incidente casi fortuito. El 31 de mayo de 1982 dos detectives españoles detuvieron en Málaga un automóvil alquilado en el viajaban dos argentinos que se habían hecho sospechosos por los gastos que realizaban. Se alojaron en un hotel como turistas y se pensó que podían ser narcotraficantes.
Cuando la policía española detuvo a los argentinos, estos trataron de continuar la operación a cualquier precio. Fue por eso que el capitán de la operación pidió hablar a solas con el comisario, con quien tuvo la siguiente conversación:
-Soy el capitán Fernández, de la Armada Argentina, y estoy en una misión secreta. Desde este momento me considero prisionero de guerra y no diré una palabra más.
-Si tú eres marino argentino, yo soy sobrino del Papa.-le contestó risueño el comisario y ordenó a la policía que detuviera a los otros dos argentinos que esperaban en el hotel en el pueblo de San Roque.
Cuando los miembros de la operación fueron capturados se dieron cuenta de que el trámite de detención se iba a demorar mucho, por lo que les pidieron a los policías almorzar con ellos. Según relataron los mismos miembros de la operación - Fue un almuerzo muy divertido, los policías españoles lamentaban que este hecho hubiera llegado a sus superiores, y de no haber sido así, los hubiesen dejado libres. - recuerdan los miembros de la operación.
"Los españoles nos trataron muy bien. -recuerda- vino uno y nos dijo: Hombre, si yo hubiera sabido que ibais a hundir un barco inglés os dejaba. Después de todo, el Peñón de Gibraltar también es territorio usurpado por Inglaterra." Después del almuerzo, el capitán y los ex guerrilleros miembros de esta operación fueron transportados a Málaga.
Leopoldo Calvo-Sotelo, el presidente del gobierno español, que se encontraba en la zona en plena gira de campaña electoral, ordenó tapar el incidente y reservó ocho asientos en el vuelo charter que utilizaba, para que los tres argentinos y los cuatro policías regresaran a Madrid junto con él. Ya en Madrid los embarcó en un vuelo a Buenos Aires.
Fueron acompañados hasta las islas Canarias por los policías españoles y luego prosiguieron su viaje solos.
Las razones por la cual esta operación no pudo ser llevada a cabo son muchas, se dice que si el grupo hubiese sido provisto de un mapa militar en lugar de un mapa turístico, hubieran llevado pasaportes falsificados de buena calidad (no como los que llevaron, que ya generaron sospechas en Francia, primer destino de los miembros de la operación), y hubiera utilizado tarjetas de crédito en lugar de dinero en efectivo, la historia hubiera tenido otro desenlace.
Por otra parte, las operaciones de este calibre las suele planificar un grupo especializado, en el cual uno hace las tareas referidas al reconocimiento y otro ejecuta la operación.


Ojos de niño: A menina.

Mi madre no dejó de molestarse cuando en el terreno de al lado se levantó una fábrica de mosaicos.

En parte por el ruido y el volar del cemento. En parte porque le quitaba la tranquilidad de mirar por la ventana lo que pasaba en la casa principal y la iglesia, esas que estaban a su vista desde lo alto del cerro donde se levantaba nuestra vivienda.

Le incomodaba la mirada de los hombres que iban de aquí para allá, pero que en algún momento viraban la vista para vigilarla en su observación del mundo. Mamá corría las cortinas y escudriñaba a veces.

Y así fue que un día descubrió que la miraban unos ojos enormes de mujer. ¿Qué así entre ese conjunto sudoroso de trabajadores una mujer joven, extrañamente vestida y con un niño en brazos? Mamá se inquietó. Observó durante un buen rato. Era primavera y la mujer no sabía bien como colocarse con el viento. Cuando todavía no había pasado una hora de su descubrimiento mamá tomo coraje, se sacó el delantal, se cubrió con un chal y salió para presentarse y dar solidaridad en el momento.

Al rato María traspasaba el umbral de nuestra puerta mostrando de inmediato con sus gestos, y en un idioma que no entendía, la satisfacción por el cobijo que le ofrecía la humilde casa.

Ella era la cuñada del dueño de la fábrica, no hacía mucho que se había casado con el hermano y allí en Brasil de donde venía hacía mucho calor, cosa que aquí era materia escasa de vida.

En sus brazos llevaba a ese niño  que de inmediato me hizo recordar a mi primito, tal vez un año mayor que ella, que tantas incomodidades me traía con su trajinar cada vez que venían a visitarnos.

Mamá le mostró a María la cafetera siempre caliente en un costado de la estufa, y le mostró un jarro para que se sirviera. Casi que no ponerle azúcar y mientras iba sorbiendo ese café mi madre le pidió al pequeño al que comenzó a acunar en sus brazos, y yo cargado de celos sentí el impulso de partir a jugar al patio.

Pero tratando de defender mi lugar me ensimismé en mi trabajo con los ladrillitos que ocupaban toda la mesa, y de cuyo empeño salían casitas de diversos tamaños, autitos y hasta un avión.

Al rato levanté la vista. El niño ya no estaba, al parecer dormía en una cama, mientras María terminaba de lavarse en la misma pileta de la cocina. María era una mujer que con el tiempo clasificaría en la categoría de exuberante, y bajo el sacón de lana que parecía prestado, lucía ropas que abundaban en escotes por pecho y espalda, que mostraban sus brazos redondos. La pollera se le chingaba a María.

Hasta ahí la situación era soportable, hasta que un berrido despertó el alarma. Es que mis radares auditivos captaron de inmediato de donde podían venían: no era del cuarto de mis padres era de mi propio cuarto, y el tema es así: estaba ocupando mi propia cama.

Sentí el impulso de desalojar la criatura, pero si me levanté para hacerlo no puede avanzar porque mamá y su invitada parloteaban en el pasillo tratando de entenderse. Al rato estábamos los tres en torno a la criatura. Yo quería salir de mi dormitorio, pero había quedado acorralado por las dos mujeres, entonces asistí a la ceremonia del cambio de pañales. ¡Qué cosa desagradable cuando se daba con mi primo! Verlo con sus enormes bolas rojas al aire, oler lo nauseabundo de eso que para la madre y la tía eran la caquita, pero que para mí era la mierda más inmunda.

La situación tendría que repetirse, ¡y yo no podía salir de allí!

Pero de prontó es como que el mundo se ensordeció ante lo que comencé a ver y apreciar. El cambio de pañales dejó escapar aromas dulzones, la cantidad de mierda era ínfima, y la pequeña criatura mostraba desde las entrepiernas… ¡no mostraba nada!

Yo me fui acercando, desbordado de curiosidad, entonces María, tal vez dándose cuenta ella, antes que yo de lo que pasaba, hizo con las manos un gesto de presentación y dirigiéndose a mi me dijo: ¡A menina!

La visita de María se fue haciendo común, incluso un día nos invitaron –era un domingo- a almorzar a la casa que alquilaban. Una enorme casa, con una extensa galería, por donde abundaban las plantas y las moscas y donde con un artefacto de plástico me encomendaban la tarea de matar a los insectos.

Pero siempre de local y visitante se repetía en algún momento la circunstancia del cambio de pañales –que en aquella época nadie pensó que en algún momento podrían llegar a ser descartables- y con ello mi mirada curiosa sobre la anatomía de aquella “crianza” –sin saberlo iba incorporando algunas voces en portugués- y la presentación y la explicación de siempre: ¡A menina!

Yo no lo sabía del todo pero algo en mi vida estaba cambiando. Mi madre tardó un poco en darse cuenta, pero cuando lo advirtió se volvió insistente. –¡Qué te está pasando!--¡Porqué estás preocupado!


Y yo me resistía a dar toda respuesta, hasta que una tarde, cuando el vecino pasó por su familia y quedamos solos, yo –dejando escapar las lágrimas- me atreví a preguntar: -¡Mamá! ¿A menina, será contagioso?


RASTROS EN EL RÍO.91*“Aunque sea siempre un misterio como terminan las cosas, Río Grande ha ido tejiendo su urdimbre histórica con realizaciones que dieron vida a la felicidad de su gente; entre estas el nacimiento de un Club perdurable: el San Martín.”

En las cuatro piezas que los nuevos empleados de La Anónima le alquilaron a Antonijevic, aquel invierno de 1937, cada noche convergía el interés de la muchachada porque Rogolini calzaba guantes con quien se le pusiera por delante.

Don Vicente Stanic recordaba tiempos mejores de su experiencia pugilística nacida en Porvenir y Don Casiano Pérez, el vecino, ya sin uniforme se daba una vueltita después de cenar.


¡Qué más podían hacer los muchachos en ese Río Grande de 30 familias!

En el Social no se entraba sin ser socio, no era cosa de echarle copas al cuerpo todos los días, y el deporte surgía como una pasión nueva para el cuerpo y para el alma.

Fue así que en la esquina de lo que hoy es San Martín y Libertad, un 12 de julio, más de treinta vecinos se dieron cita por una convocatoria que corrió parcialmente de comercio en comercio, y con ello nació la decana de las instituciones deportivas de Tierra del Fuego.

Juan José Guarado fue su primer presidente, y la tarea inmediata que comprometió a la dirigencia fue conseguir una sede social, para ello se alquiló a Berlín la casa que este tenía en la calle San Martín –donde hoy está La Feria Franca- y allí surgieron entre campeonatos de truco y ping pong los sueños, las expectativas de que al llegar la primavera se formaría el primer equipo de fútbol de la institución.

Eduardo Camilo Rogolini, el socio Nro 1 , con el número uno en sus espaldas, reeditando su condición de crack del Boxing; en la lína de fondo José Chierasco, Porfirio Silva y el petiso Castro, empujando para llegar al gol: Ildefonso Lagos, Alberto González, Alfredo Lepori, Jorge Goyak, Ernesto Riera y los dos wines: el izquierdo: Heráclito “Tito” Ibarra, el derecho Antonio Falgueras; en más de un puesto Silenio Cuello y Onofre Andrade. Cuando se necesitaba un capitán se optaba por Chierasco o Silva, para evitar discusiones se acataba la voluntad estratégica de Carlos Alvarez.

Antes de cada puesta de sol, cuando los días se fueron alargando a la espera del verano, el picado congregaba a los paseantes en el campo de deportes que se había improvisado en toda la calle frente al Hotel Argentino.

Atrás de la intención de los muchachos aparecieron los nombres maduros de don Vicente, José Rafúl, Abraham Vázquez, Francisco Santomé, Oscar Caballero y Francisco Ross –el correo- que prestara su vehículo en las primeras incursiones deportivas fuera del pueblo.

Porque hay que aclarar aquí que Río Grande en el 37 no daba para más de un equipo, y si hasta entonces existía un rejuntado “de la gran siete”, duros rivales sólo se los podía encontrar en el Frigorífico, María Behety, San Sebastián chileno o Porvenir.

San Martín estaba destinado a ser el equipo de todo Río Grande.

Y con esa voluntad cada uno adquirió su propia indumentaria llegándose a la elecci´0on de los colores del club, esos que quedaron estampados sobre su primer camiseta azul marina y blanca a líneas verticales.

No se había mudado el club a la casa Raful, donde se mantuviera largos años hasta el triste incendio de 1961, cuando San Martín afrontó su primer compromiso internacional compitiendo con la selección de Porvenir, con la que, luego de ir ganando 3 a 1, se terminó en la paridad del marcador gracias al “bombeo” del referí del encuentro, el padre Mario Zavataro, cura párroco del pueblo vecino, quien otorgó dos penales seguidos a los locales.


Pero estaba aún todo por hacer, y hoy está todo por recordar, su historia compromete al Club con la comunidad que creció a su paso, con los que ahora en distinta medida son testigos de sus logros, y son esperanzada semilla de su mañana.


En la foto un equipo que hizo época: Américo Gutiérrez, Goyac, José Raful, Camilo Rogolini -uno para identificar, el bajito de vincha-, Lepori y el Sr Rivas como presidente el club en ese momento. Agachados: Antonio Falgueras, Lagos, Porfirio Silva, Barría, Heraclio Tito Ibarra.

TRÍPTICA NACIONAL.HISTORIA.12.La deuda externa.

Apremiado por la deuda contraída en tiempos de Rivadavia con la Banca Baring Brother, desde su gobernación en la Provincia de Buenos Aires Juan Manuel de Rosas sugerirá el canje de las Islas Malvinas, ya en poder inglés por el monto adeudado.

El gobierno de Rosas había reclamado por la usurpación  pero en 1838 insinuó el abandono de sus pretensiones a cambio de la cancelación del préstamo de la BB, insinuación que fue reiterada diez años más tarde, ofreciendo entonces además  la libre exploración del litoral comprendido entre el Golfo Nuevo y el paralelo 53 por un espacio de 15 años. Dándole el privilegio en estos diez grados costeros de obtener y explotar el guano existente, salitre, metales, yeso y la pesca de anfibios sobre un litoral aproximado a los mil kilómetros.

Los ingleses no se interesaron, ya tenían las Malvinas en su poder, y con sus barcos entraban en cualquier costa sobre la cual el gobierno no tenía control operativo.

Además el gobierno inglés no veía por que debía asumir como propia una deuda contraída por un país extranjero con una firma de su país.

Muchos años después sería Inglaterra la que haría una contraoferta sobre otras comarcas en litigio, sería cuando ofrecería en canje las Islas Orcadas por un terreno en Buenos Aires para construir su embajada. Pero aquí sería el gobierno argentino el que negaría una respuesta

La situación se había dado un día de Junio de 1913 cuando el nuevo embajador británico Rignar Tower visitó Héctor Bosch, al frente de las relaciones exteriores de nuestro país. Mediante un Memorandum se expresaba que se cedía la soberanía en las islas, reconociéndose a Inglaterra el derecho de pesca en esa región. En un acuerdo de ministros tal iniciativa fue rechazada por que significaba un reconocimiento de la soberanía británica en tierras australes.


Ya para entonces el Estado Argentino había pagado aquel empréstito, pero sumaba otros compromisos y la deuda externa se volvió un tema de nunca acabar.



Foto: Embajada británica en Buenos Aires. Argentina fundó derechos sobre el sector antártico luego de la compra de la estación escocesa de Isla Laurie, en 1904. Pero en 1908 el Reino Unido extendería sus fronteras de Malvinas al polo.

APUNTES PARA UNA HISTORIA DE LA AERONAVEGACIÓN DE TIERRA DEL FUEGO.2.5

Hoy hacemos un último abordaje a los escritos de Graciela Santamaría, presentados en el Segundo Congreso de Ciencias Históricas Fueguinas, realizado en Río Grande en 1978.
Y dejamos para una entrega siguiente algunos comentarios y referencias.


Después de un largo tiempo el expediente de Portillo se reabrió en el año 1934. El 5 de mayo de ese mismo año el Jefe del Servicio de Aviación Naval Capitán de Fragata Marcos A. Zar elevó una nota al Señor Jefe de E.M.G. Capitán de Navío León L. Scasso, en relación a las órdenes de esa Jefatura para que el Servicio de Aviación Naval cooperara en los trabajos de relevamiento que efectuara la Comisión Hidrográfica en la Isla de los Estados. 
Zar informaba que existía un expediente (7-P-1079/931) conteniendo un estudio del Teniente de Navío Gregorio A. Portillo y que sería conveniente que el autor se pusiera en contacto directo con el Servicio Hidrográfico para actualizar los recursos y elementos que exigirían la cooperación de la Aviación en aquella Comisión.

El Servicio de Aviación Naval contaba a la sazón con el avión FLEESTER T-202 equipado con cámara vertical que podía emplearse dentro de los 16.000 pies como hidroavión. Sería indispensable adquirir los flotadores a un costo aproximado de 5.500 dólares.
Solicitaba en la misma nota: a) que se mantuviera cuidado y parquedad en el uso del avión; b) que se trazara con la intervención de Portillo el plan de trabajo; c) que se designara el “team” y se iniciara su entrenamiento; d) que se autorizara las gestiones para la provisión y distribución de materiales requeridos.

El Estado Mayor General tomó conocimientos y aprobó lo solicitado por Zar. La Jefatura del E.M.G. solicitó la cooperación del “Señor Piloto Naval de la Reserva Don RUFINO LURO CAMBACERES” para que determinara en su próximo viaje a Puerto Gallegos y Río Grande, las posibilidades y facilidades que se encontrarían en el caso de operar con un hidroavión tipo FLEESTER T.202. La intención era que desde uno de los dos puertos y como hidroavión pudiera trasladarse a la Isla de los Estados para efectuar una serie de trabajos fotográficos.

Cambaceres en su nota constestación aconsejó utilizar a Puerto Gallegos pues existía un guinche para poder cambiarle al avión el tren de aterrizaje por uno de acutizaje. Además tiene la ventaja de ser un puerto al abrigo para maniobras de despegue o amaraje. Poseía también estación de radio de onda corta, propiedad de la Gobernación y contaba con las instalaciones y el personal de la Aeroposta que se ponía a su servicio. Acompañaba un plano de la superficie apta para aterrizaje en Río Grande, utilizada por él en tres ocasiones para descender con el LATE 25 y detallaba la forma en que había de hacerse de acuerdo a las condiciones del terreno.

Por la nota que el Jefe del Servicio Hidrográfico dirigió al E.M.G. contestando información requerida por la Primera Región naval, se conoce el objetivo específico de esta misión: “se requiere un levantamiento topográfico de toda la Isla de los Estados y zona de mar  adyacente, de una milla de distancia de la costa. También  un relevamiento hidrográfico de los islotes adyacentes a la Isla de Año Nuevo”. “En definitiva, el propósito del Servicio Hidrográfico, es obtener una carta marina con la exactitud necesaria para la navegación, sin pretender un relevamiento aerofotográfico de precisión, es decir, que el trabajo de avión, debe ser considerado como un complemento sumamente valioso par la tarea que realiza el buque hidrográfico”. (18)

Los Servicios Naval e Hidrográfico, presentaron proyectos de trabajo, que pudieron a consideración de Portillo quien, en base a ellos, elaboró el definitivo. Este proyecto tenía los siguientes lineamientos: se emplearían las cámaras FAIRCHILD F-1 y K-3-A. El personal podría vestir con ropas  normales sin calefacción eléctrica , en razón de que el T-202 había ejecutado vuelos hasta 15.000 pies sin que la tripulación las necesitara. Se tomaría Ushuaia como base de operaciones.  La autonomía de vuelo era de 5 horas; considerado que la Isla se encontraba a 2 horas de viaje ida y vuelta de Ushuaia, restarían 3 horas para el trabajo efectivo.

De acuerdo a las pruebas realizadas en Puerto Belgrano con las películas pancromáticas no habría una urgencia inmediata de que fueran trasladadas al laboratorio. Si la altura media del terreno no pasaba de 150 metros, la altura media de vuelo podría ser de 14.000 pies lo cual se consideraba como muy conveniente. Se instalaría el laboratorio de revelado en el buque y detallaba los implementos con que debería estar dotado.
Dado en Puerto Belgrano el 29 de agosto de 1934.
El Jefe del E.M.G. aprobó el informe de Portillo que estaría sujeto a las variantes de detalle que pudieran ocurrir como consecuencia del viaje al Sur del Alférez de Fragata JUAN G. KAY ENEMARK, quien fue nombrado “Observador fotógrafo a cargo del trabajo aéreo y Comandante del avión”.

El personal que tendría a su cargo el trabajo de laboratorio, ya fuera a bordo del buque hidrográfico “SAN LUIS” o donde se dispusiera instalarlo (Ushuaia, Puerto Belgrano), el Ayudante Mayor Jaime Mut y un conscripto fotógrafo.

El 23 de noviembre de 1934 el Alfárez Enemark elevó su informe del viaje a la Isla de los Estados y Tierra del Fuego, realizado en el buque San Luis. Consideraba como apto a Puerto Cook y detallaba los trabajos que habría que hacerse para proteger al hidroavión: “una rampa que termine en un desplayado horizontal protegido a los vientos donde el avión es izado por medio de un aparejo diferencial y luego minuciosamente estaqueado, lo cual es factible, y luego permanecerá hasta el momento en que el tiempo permita el decolage.”

Un gran porcentaje de días contaba con buen tiempo en las horas de la madrugada lo cual permitiría volar con una duración de dos horas y con un considerable margen de seguridad.

En cuanto al Gabinete fotográfico sería conveniente instalarlo en la Sub-Prefectura de Ushuaia  pues contaba con mayores comodidades.

El reaprovisionamiento debía repartirse entre Puerto Cook, Ushuaia y el buque San Luis.

Portillo elevó el informe Enemark al jefe de la Comandancia, con sus propias consideraciones.  Aprobó tomar a Puerto Cook como base de operaciones del avión fotógrafo y considerar a Harberton y Ushuaia como puertos de emergencia pues ofrecían gran seguridad.

En cuanto al avión T-202 “podría ser reemplazado por el T-201 con ventajas derivadas de su mayor fortaleza y mejor estado de los pontones. Esta sustitución debería encararse de inmediato, con objeto de que se proceda de inmediato a su alistamiento, con los siguientes trabajos:

I-                    Preprar el avión para transportar 200 litros de nafta en los flotadores, mediante la colocación de tanques adicionales;
II-                  Alojar la cámara fotográfica;
III-                Hacer práctica aérea de entrenamiento – piloto-fotógrafo – con cámara “FAIRCHILD”.

El Jefe de Estado Mayor General aprobó lo sugerido por Portillo y ordenó realizar las tareas necesarias.



                                                                                                                                              
El “San Luis” partió de Puerto Belgrano el 13 de enero de 1935 con destino a la Isla de los Estados arribando a Puerto Cook el 19 del mismo mes. Este buque y el transporte “Pampa” embarcaron al personal y elementos para la provisión de las etapas del  T-201.

La orden de operaciones de la Escuadra Aérea de Defensa Nº 3 – Comandancia de Aviación – PRIMERA REGION NAVAL, en términos generales expresaba: Se le asignaba para la Comisión el avión FOKKER T-201 con tren de acuatizaje y la siguiente tripulación:
Comandante: Alférez de Fragata JUAN G. KAY ENEMARK.
Piloto: Suboficial 2ª. Aeronáutico CESAR BALAGUER.
Mecánico: Suboficial 2ª. Aeronáutico JUAN TOMOSSI.
Se fijaba para la ida los siguientes puertos de escala: Caleta Valdéz, Caleta Malaspina, Deseado, Gallegos y Ushuaia.

Llegado el avión a destino, se pondría a las órdenes del Comandante del buque hidrográfico San Luis. La Sección Contabilidad, entregaría para el desempeño de esta Comisión de cantidad de $800 m/n con cargo a rendir cuentas. (Puerto Belgrano 31 de enero de 1925).

El avión Fokker T-201 partió de Puerto Belgrano el 1º de febrero de 1935 a las 6 horas con destino a Ushuaia. Ese mismo día alcanzaron la Caleta Malaspina.

El 2 de febrero llegaron a Deseado. Allí comprobaron que los flotadores presentaban problemas al no mantenerse estancos. Un arreglo de emergencia les permite partir el 4 de febrero y amarar el mismo día en Puerto Gallegos.

Desde ese lugar el Comandante del avión informó sobre inconvenientes mecánicos en la nave, aparte de los ya citados de los flotadores.

Ante ello el Capitán de Fragata Marcos A. Zar ordenó que el maquinista de “a. Carlos M. Gadda partiera hacia Río Gallegos para inspeccionar el avión, intentar su reparación e informar si era posible continuar con el cumplimiento de la misión. Además dispuso el alistamiento de la máquina anfibia Douglas T-203 y el Fairey Fal para que en caso de imposibilidad de arreglo del avión Fokker T-201 pudieran operar en su reemplazo.

El 11 de febrero de 1935 el Ing. Gadda informó al Servicio de Aviación Naval que el Fokker T-201 estaba reparado y en condiciones de vuelo.
El 12 de febrero se reinició el vuelo proyectado haciéndolo desde Puerto Gallegos hasta Puerto Cook. En este lugar permanecieron dos meses haciéndose un total de cinco vuelos: uno fue de reconocimiento; dos fotográficos y dos con el propósito de abandonar la Isla para dirigirse a Ushuaia.

En razón de la imposibilidad práctica de aspirar a cumplir todo el programa aerofotográfico proyectado el Alférez  de Fragata Enemark solicitó a la Comisión Hidrográfica embarcada en el buque San Luis sobre qué aspectos fundamentales debían fotografiarse. Esta autoridad expresó que dado el relevamiento terrestre existente del sector norte de la Isla, convendría limitarse a hacerlo en los sectores Este, Oeste y Sur.



Los días 24 y 28 de febrero de 1935, se procedió en base a la rectificación del programa inicial. (19)

Para el regreso del avión Fokker T-201 hubo que realizar tareas de reacondicionamiento terrestre de la máquina para lo cual se utilizaron los servicios del Ing. Collazo. Este había arribado a Ushuaia con la Escuadrilla de Ataque de la Escuadra de Defensa del Río de la Plata.

El Comandante del San Luis mandó un radiotelegrama considerando que, acondicionado como terrestre el Fokker podría completar el trabajo de levantamiento. El Jefe de Estado Mayor General no aceptó la sugerencia. Marcos Zar tuvo en cuenta en su informe: “el estado de un material que forsozamente ha sufrido las inclemencias de tres meses de campaña en las peores condiciones, pese al optimismo que se deriva del reconocido entusiasmo del personal que ha desempeñado en ella, es opinión del suscripto que conviene disponer que el T-201 dé por terminada su labor y regrese de Ushuaia a su base”.

El 27 de abril de 1935 el avión partió de regreso a Puerto Belgrano destino que alcanzó el día 29 del mismo mes dando así fin a la misión que se le impusiera.




2 de abril de 1983.

A un año de la guerra el desprestigiado gobierno que las gestó vive sin mayor brillo su recuerdo.

 En Río Grande hay un encuentro estrictamente castrense, y esto es en el ámbito de la Plaza de Armas del BIM 5. Allí se recibe al Comandante de la Fuerza de Infantería de Marina Número 1, Capitán de Navío Miguel Ángel Zárate,. que no hacía mucho tiempo había comandado la unidad.


A nivel nacional, otros son los silencios. Y tomamos para el caso este testimonio dado  dado en página par por Jorge Omar Vázquez. presidente del Centro de Ex-Combatientes de Malvinas.


LRA 24 en 1976:“Los cinco mil pesos de contrato no eran muy estimulantes. La crisis económica dibujaba situaciones inflacionarias".

El seguimiento del historial de LRA 24 estamos a principios del año 1976, semanas antes del golpe de estado.

Y por entonces a programación contenía en horarios fijos mensajes reflexivos remitidos desde Buenos Aires, lo que constituían una suerte de microprogramas en boca de los locutores de esta filial.

Uno de ellos se titulaba ESPIRITU PATRIOTICO, y así fue leído el 19 de enero del 76:

Se ha registrado en el Ejército, en las zonas norteñas donde se realizan las operaciones antisubversivas, un hecho llamativo y no carente de repercusión social.

Soldados licenciados al cabo de su conscripción obligatoria, que habían actuado en la lucha contra la guerrilla, solicitaron su reincorporación como volutarios.

A nadie se le escapa que, si la vida de un cuartel entraña incomodidad, por la disciplina lógica. El frente operativo suma a la incomodidad riesgos. ¿por qué, entonces, estos muchachos adoptan esta actitud?

Es sencillo explicarlo. La lucha los ha templado en u ideal, han visto caer camaradas y saben de la cobarde emboscada de los agentes de odio y de la destrucción.

Y saben que ese accionar va contra una manera de ser, de sentir y de vivir con dignidad.

Por una y otra causa, sintiéndose plenos de valor y dueños de la justicia de una causa, se ofrecen para defenderla.

Enorgullece a todos el gesto. Enorgullece sin fatuidad, porque dignifica al pueblo que tiene estos hijos.

A un mes de estos dichos seguía preocupado en esta emisora la falta de voces para conducir los programas. Mabel Traberg había renunciado, Silvia Fattori se encontraba por comenzar su licencia por maternidad, y sólo quedaban para cubrir las 20 horas de transmisión el matrimonio Muchnik, contratados como relatores con cuatro horas cada uno, Juan Juárez que dejaba por ello sus tareas de operador, y Rubén Bernardo Ramírez que debía responder también por sus funciones como Encargado de Programación Interino.



Los cinco mil pesos de contrato no eran muy estimulantes, ni había en Río Grande tantos osados que se atrevieran a sentarse frente a un micrófono.

La crisis económica dibujaba situaciones inflacionarias, si no hace mucho comentábamos como mensualmente se compraban treinta discos, ahora con los MIL PESOS de presupuesto que se arrastraban del año anterior, apenas se conseguía adquirir cuatro LP, en precios que oscilaban entre los 201 y los 259 pesos la unidad.


Un contrato en nacional no alcanzaba para comprar 20 discos, y ahora… ahora casi es lo mismo. 

Foto; Rubén y Silvia.