Qué se habrá hecho de Diego Angelino?

Cuando por los años 60 a inspiración de Leonor María Piñero comenzaron en Río Grande las Ferias Territoriales del Libro, una gestión de Del Biaggio trajo presencias de escritores de otros puntos del país. En una de ellos convergieron Arturo Gudiño Kieffer y Diego Angelino. El escritor que mentamos era entrerriano, y residìa por entonces en El Bolsòn. Asì conocerìamos su novela Recordando en el viento, donde la trama de la acciòn se centra en Comodoro Rivadavia -ciudad en la que había vivido- relatàndose la vida de Juna Sosa, la madre de Perón casada entonces con Canosa, en trande de muerte. La poblaciòn está ansiosa porque por tamaña circunstancia podría hacerse presente el general en un vuelo que todos parecen sentir.
Buscamos en internet relaciones sobre el devenir autoral de Angelino, y lo que encontramos para enriquecer nuestra mirada es un escrito firmado por Alejandra Delgado(1) y Haydée Razzari(2)

          Diego Angelino, nació en 1944, en Maciá, un pequeño poblado del Departamento de Rosario del Tala, Provincia de Entre Ríos, Argentina. Transcurre  parte de su infancia en el campo y parte en la ciudad de Nogoyá.  De allí se traslada a la  Escuela Normal Rural “Juan B. Alberdi” cerca de Paraná para seguir  los estudios secundarios, y egresar en el año 1960. Al año siguiente se inscribe en la carrera de abogacía,  que deja inconclusa. En la ciudad de Paraná,  perteneció al  Consejo General de Educación de la Provincia de Entre Ríos, afectado a tareas relacionadas con lo que iba a ser  su vocación literaria: la redacción del Boletín del organismo. En 1961, José María Díaz –también en el Consejo de Educación- lo vinculó con Luis Sadi Grosso, que lo animó a la publicación de su primer libro.
          La siguiente residencia de Angelino fue en Comodoro Rivadavia, donde vivió durante tres años, trabajando un período de bibliotecario y en la Dirección de Cultura, y otro período, en la Justicia. De allí se trasladó a la ciudad de El Bolsón, Río Negro, donde se radicó. Hace años que se dedica al cultivo de plantas ornamentales, en su vivero “Tierra Baldía”, nombre que además de la referencia a una de las obras maestras del poeta T.S. Eliot, recuerda la emblemática editorial de Fogwill, en la década del 80’.
          Hasta 1975, escribe obras “de cámara”, que desarrollan su espiritualidad sin volverse regionalistas respecto de la geografía, la historia o la militancia social. He aquí un poema escrito en  El Bolsón,  Río Negro, donde nos muestra un momentáneo ensimismamiento de entrerriano del interior de la provincia transradicado a esa tierra del  sur del país:
 
He cambiado
 
He cambiado
un árbol por un árbol
un cielo por cielo
una tierra por otra.
 
A veces, sin embargo
-lejos ya de los trigales, las colinas,
los montes de espinillo-
me sorprende un aire
de paraísos florecidos
O simplemente
el rumor de una siesta
imprecisable.
 
Si miro entonces
las montañas
no veo las hogueras otoñales
saludándome.
(Mis hijos me hablan
y no pueden saber
que entre los ñires
otro es el aire
que sacude las hojas.
 Me tiran de la mano
y compruebo
que la noche se acerca
y es necesario regresar
para encender las lámparas  y el fuego.
La noche siempre
nos acerca a nosotros,
nos devuelve a ésta
nuestra tierra elegida)
Otro es el aire
y es el mismo    
                                                
  (abril 1972)
  
          Lo primero que escribió fue la novela Al Sur del Sur (1973) que, si bien fue  especialmente recomendada por el jurado del Premio América Latina (La Opinión-Sudamericana), Angelino decidió no publicar.  Aun cuando el autor comenzó –como tantos narradores- escribiendo poemas, su registro más alto se observa en la prosa.  Al año siguiente el reconocimiento le llegaría con su libro de cuentos  Con Otro Sol editado por la editorial Corregidor, ganador del Primer Premio del diario La Nación en 1974, por un jurado integrado por Jorge Luis Borges, Adolfo Bioy Casares, Alicia Jurado, Eduardo Mallea y Leónidas de Vedia. Se trata de una historia que transcurre entre  sombras: una mirada introspectiva que se desarrolla entre el descenso y el ascenso del sol, pero siempre en la penumbra. En un primer  momento el libro se llamó Antes de que Amanezca,  bajo  este título recibió la distinción y seis de los cuentos fueron publicados en el diario La Nación.  Uno de los cuentos: Bajo la Luna, sobre la Tierra, bajo la Noche,   también  generaría elogios de parte de Borges, pero sobre todo de Victoria Ocampo, que en aquel momento integraba el Fondo Nacional de las Artes. En una carta enviada a Angelino el 30 de octubre de 1973, le expresa  su aprecio por el tono del cuento y cierta simplicidad existente en él. Y Juan Laurentino Ortiz consideraba a Angelino como uno de los más grandes cuentistas argentinos.
          Un dramatismo realista, una composición de tono poético, y un humor popular casi inadvertido pero sólidamente tratado, constituyen los elementos formales de sus historias. La escritura, transparente, aparentemente sencilla,  presenta  giros coloquiales y párrafos amplios, de rápida solución, que generan el nacimiento del siguiente. Angelino  construye sus relatos como un albañil experimentado levanta un edificio, redondo como un nido,  cada palabra va modelando un clima intimista, predominante en su obra.
          Autor poco prolífero, pareciera que por eso mismo la energía se condensara en cada uno de sus  libros, cuyas historias se suceden en círculos concéntricos, al punto de que el cuento Bajo la Luna, sobre la Tierra, bajo la Noche, con posterioridad  se convierte en la base de la novela Sobre la Tierra. Esta obra ha sido llevaba al cine bajo la dirección de Nicolás Sarquis,  con la participación de la actriz Graciela Borges. 
          Sus personajes caminan lentamente hacia la desintegración, pero están contenidos en un lenguaje que confirma la sentencia del poeta  Rainer  María Rilke: “Lo bello es lo soportable de lo terrible”.  El campo hostil y duro; es el ámbito natural de estas historias;  el conocimiento intuitivo del hombre que recorre osamentas y comprende el motivo del vuelo de los caranchos sobre muchos puntos del monte; de los isleños que son capaces de prevenir una inundación mirando el vuelo de las aves y  el color del agua del río, y  oliendo los aromas que viajan por el agua.  No obstante,  la desesperación nunca es completa,  el autor deja siempre abierto un resquicio para la esperanza:
 Y pese a que todos miraban el cielo y esperaban la lluvia, sabían que ya era tarde, que ese año no habría trigo ni lino, pero igual miraban el cielo… (Sobre la tierra)
          La baronesa y la vieja Frutos de Sobre la tierra,  madre e hijo de Recordando en el viento,  y el Viejo Pancho huyen de los estereotipos y bajo la pluma de Angelino se transforman por su humanidad y se vuelven tan reales como los vecinos a la vuelta de la esquina, al alcance de la mano.
         En el cuento Mi amigo, las islas, el capitán y la muerte ambientado en nuestra provincia, en Paraná, el protagonista, Biondi recuerda  las Islas del Ibicuy y sus habitantes, que son presentados por un narrador en primera persona, amigo de Biondi, ya no por medio de tercera persona del narrador omnisciente, recurso frecuente en la prosa de Angelino. Como en “Sobre la tierra”, aparece -  tangencialmente a través del personaje de Klaus-,  la inmigración alemana y hay cierta recurrencia temática: la incomunicación, la insatisfacción del sexo, la amistad verdadera. No obstante, aquí el autor escribe una historia de amor imposible. Y lo hace con un estilo sedimentado por los años, que gana en precisión y visualidad.
          Angelino no utiliza los consabidos recursos literarios para volver más poética su prosa, la poeticidad surge de la materia en sí,  de la atmósfera que va creando al hilvanar las acciones de un modo sutil, en una trama tejida en torno al destino de los personajes. Así logra inficionar el relato de poesía.
          No podemos dejar de señalar un hecho inusitado para cualquier escritor.  Después de Recordando en el viento, escrita a los 39 años, sobreviene un silencio literario de más de veinte años. El mismo autor le confesó al Director de esta Sección -publicada en el diario El Heraldo-, que no sabía el motivo por el cual había dejado de escribir, que se dejó ganar por “los trabajos y los días”. Angelino siempre estuvo apartado del mundillo literario, en un margen saludable, dentro del cual siempre estuvo la naturaleza. En el interín, hubo una aparición pública notable: su intervención como jurado del XXI Encuentro Patagónico de Escritores, que  integró junto a Héctor Tizón y Liliana Hecker, realizado en Puerto Madryn, en 1999. En el campo,  los tiempos son diferentes y el vuelo de un pájaro quiere decir muchas cosas (Viejo Pancho). Sin embargo, el cultivo de la tierra es análogo al de la escritura. Seguramente Angelino encontró su lugar en el mundo. Seguramente como Rilke, también Angelino se preguntó si moriría si le estuviese vedado escribir. Y sólo cuando volvió a sentir la íntima necesidad de la palabra pudo volver.  Y cuenta para volver a vivir.