RASTROS EN EL RÍO.91*“De cómo la vida le entrega a algunos mortales una pequeña oportunidad de rozar la eternidad.”

La construcción de la escuela de Boca en la manzana 160 B del barrio La Vega representó para Alberto Salman un desafío inesperado, una responsabilidad más y un conjunto de satisfacciones indescriptibles.

¿Qué hombre puede tener la suerte de construir una escuela?, ¡un recinto en el cual año a año pasen niños en la aventura del saber!

El capataz municipal sentía aquel otoño la importancia de su tarea luego que el Intendente en persona le explicó los plazos ineludibles: había que inaugurar la escuela antes de un mes.

Cinco años antes el Club Atlético “Boca Juniors” compró en Chascomús ventitrés escuelas a la empresa EMEPA de Don César Alberto Cao Saravia, buscaban de esa manera compensar mediante un donativo la cesión de tierras ganadas al Río de la Plata, donde se construiría la Ciudad Deportiva y se soñaba el estadio de doscientos mil espectadores.

El gobernador fueguino –Contralmirante Guzmán- fue invitado por la entidad xeneise a asistir el 23 de septiembre de 1967 a una ceremonia en la Isla Número Uno donde junto a la entrega simbólica delo que en el futuro serían el Jardín de Infantes “La Calesita Encantada”, se incaría la primer estaca del “Monumental boquense”,

De esta forma se inició un dilatado trámite administrativo que llevó a pensar a muchos riograndenses que la escuela de Boca sería como su estadio, no se terminaría nunca.

El 20 de octubre de 1969 –dos años después- el entonces Intendente Néstor Nogar solicitó al Gobernador Gregorio Lloret la remisión al municipio de los antecedentes obrantes para proceder al montaje del establecimiento, en vista a la licitación por parte de la comuna.

La memoria de Vukásovic dijo más que el expediente: combatiendo contra la herrumbe la escueal de Chascomús había llegado a CAP y algunas piezas –eso lo comprobó Salman manual en mano- habían desaparecido.

El edificio era para entonces nada más que una Escuela circular –Tipo A/1 15 de 170 metros cuadrados, consistentes en un Hall de entrada, living comedor y un dormitorio.

Era un dodecágono –geométricamente- para el capataz y su cuadrilla: un mecano enorme.

El 16 de septiembre de 1967 el Gobernador Guzmán “en conocimiento de las necesidades escolares del barrio denominado La Vega de la ciudad de Río Grande –en nota dirigida al Presidente del Consejo Nacional de Educación, Dr.Raúl Crespo Montes –estima que el edificio donado podría emplazarse en dicho lugar, lo que permitiría desplazar una gran cantidad de niños que concurría a la Escuela Nacional Número 2, cuya capacidad receptiva –si bien amplia- se encontraba dentro de los límites máximos”.

El lugar propuesto fue la manzana 72 donde hoy funciona el Centro Deportivo, obra que creció más rápidamente junto al Albergue de la Juventud lo que llevó a que la construcción –en manos de la Municipalidad- se realizara también sobre la calle Alberdi, pero cinco cuadras más hacia la salida del pueblo.

Salman sabia desde el primer momento la urgencia de la obra porque entre otras cosas se esperaba la presencia de Alberto J. Armando para su inauguración hasta pensó que los colores debían ser azul y amarillo, pese a lo que le costaba a él, un hincha de Vélez Sarsfield.

Antes que esto ocurriera se planteó la polémica de cual sería el destino apropiado para esta escuela singular.

Luego un estudio de las Señoras de Arteche y Baschera, en el cual se determinó la existencia de 44 niños con dificultades de aprendizaje, se propuso que allí funcionara una escuela diferencial; el pronóstico resultaba alarmante para la sociedad fueguina que no dejó prosperar la sugerencia.

Y cuando Susana Ladd de Arteche y Diana Cotorruelo de Havelka solicitaron su utilización como Centro Comunitario, se aludió a “asesoramientos técnicos efectivos” que nunca se dieron por el trámite se oxidó mientras la escuela en el frigorífico dormía el sueño de su destino.

Salman –un porteño enorme al que llamaban “turquito”- llegó a la policía en 1949; unos días antes del comienzo de su trabajo en la escuela –el 9 de mayo- cumpliría 46 años, 23 de estos –la mitad de su vida- acrisolados en Tierra del Fuego. La carrera de 28 días para terminar el edificio representaba más que una obligación un compromiso de gratitud con este sur donde había formado su  hogar y donde crecían sus tres hijas. En ese cumpleaños no esperaba regalos, el regalo debía darlo él.

En más de un momento pensó que no llegaba, por más que organizaba el trabajo con el rigor y disciplina el plazo era demasiado corto, la importancia de los últimos días le hizo recordar aquella otra que sintió cuando nació la meno de sus niñas y debió atender solo en el Lago Kami un parto invernal. Riner.. el médico, llegaría cinco horas más tarde.

Por eso cuando cumpliendo con un cronograma no prefijado, pero al impulso de las cosas que deben hacerse, la escuela se irguió y tomó cuerpo; Salman advirtió  que aesa nueva casa la sentía como propia, y se alegró que ahora con su destino de jardín de infantes fuera a recibir en su bautismo un nombre seguramente simpático....


Corolario 2014.



Sobre el mediodía de este domingo me acerqué a la casa de Ana Ester Paillán, viuda de Salman. Golpié en las ventanas llamando a la dueña, era para solicitarle una foto de su esposo. La casa se sentía en silencio, pero a ratos alguien caminaba dentro de ella. Cuando insistí por el lado de la cocina ella salió. Estaba recién peinada. No tardó nada en conocerme y en preguntarme por mi mujer y los hijos. Después recordó que su esposo murió hace 31 años, “en los días de Malvinas”. Lamentó no conservar ninguna fotografía “se la llevó su hija que está en Buenos Aires”. Había una de documento pero la dio para que quedaba eternamente, en el nicho que le mandó a hacer en el cementerio. Me preguntó como la veía, le dije que bien, ella dijo estar preocupada por su salud, temblaba pero a la vez estaba desabrigada. Luego me inquirió sobre su edad, y yo le dije que tendría 78, se rió:¡87! ¡Al revés! Ya los tengo cumplidos el 26 de julio, con el marido nos llevábamos un mes, el tenía solo un mes más que yo.. ¡y se fue hace tanto tiempo!

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