EVOCACIONES**14 de julio de 1889. En el centenario de la revolución de la libertad, una muestra humillante para los fueguinos..

En diciembre de 1888 en Bahía Felipe un navío francés –el Toulusse- capturan a siete onas que se les habían acercado amistosamente.

Va a ser llevados a la exposición internacional de París que funcionará al año siguiente en conmemoración del primer centenario de la Revolución Francesa.

Los fueguinos serán mostrados enjaulados e identificados como antropófagos.

El Ministro Plenipotenciario de Chile protestará por este atentado a súbditos de su país, y por ello el empresario responsable de la exhibición dejará abierta la jaula para que escapen.

Tan solo tres de ellos regresarán a su tierra.

Esta situación de mostrar a nuestros nativos como fenómenos es la más conocida, pero no la única.

El episodio de los fueguinos llevados como antropófagos a la Exposición Internacional de París es emblemático en la historia de las postergaciones fueguinas.

En su reciente libro ENCRUCIJADAS DEL CAMPO PSI JURÍDICO, Luis Camargo (foto) aporta algunas reflexiones sobre el particular.

Nueve onas fueron obscenamente expuestos a la mirada del mundo civilizado bajo la sombra del monumento al progreso, encerrados en una jaula cn un cartel que rezaba Indios antropófagos, mientras us amo les tiraba carne cruda por entre los barrotes. Luego de la muestra parisina, Maitre –tal el nombre del captor- los llevó a Londres huyendo –pues se dice que un sacerdote francés, que hablaba la lengua ona por haber sido misionero en estas tierras australes, dio intervención al Ministerio de Relaciones Exteriores de Francia, luego de hablar con lo que quedaba de la familia ona-, donde fueron exhibidos, una vez más, en el Acuario de Wesminter. Entretanto, una de las mujeres onas se moría, olvidada en la niebla londinense. Cuando los misterios de Relaciones Extranjeras y de Gobernaci´n comenzaron a tener interés en el asunto, Maitre decidió huir otra vez con sus cautivos hacia Bélgica. Allí fueron nuevamente exhibidos, esta vez en un museo, el Musée Castan, ahora con interés antropológico. Entonces, el Ministro de Justicia ordenó la detención de la compañía de antropófagos en la cárcel Petits Carmes, como sujetos extranjeros sin recursos: por entonces de los once aborígenes quedaban siete. El gobierno chileno, a cuyo cónsul se había anoticiado de la situación, entretanto, no terminaba de decidirse si estos indios pertenecía a su territorio o al argentino. La intervención del Foering Office ingles, luego de muchos debates jurídicos, logró dirimir la cuestión a mediados de febrero de 1890, resolviendo que los indígenas exhibidos en Paris, Londres y Bruselas y luego detenidos en Petitis Carmes, debían volver a su tierra natal. Uno de los onas resolvió quedarse en Europa, y los seis restantes, maltrechos, ultrajados, fueron embarcados de regreso al suelo fueguino. Dos se dice murieron en el viaje, cuatro, finalmente, lograron tener la Cruz del Sir sobre sus cabezas. Se había hecho justicia, tarde quizás y como siempre, a medias: No hallé en las crónicas que el captor hubiera recibido sanción alguna.

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