SILVIA AMANDA, DEVUELTA CON NOSOTROS

La noticia está ahí y dice escuetamente “En los últimos días, en el marco de la Iniciativa Latinoamericana para la Identificación de Personas Desaparecidas, lanzada en 2007 por el Equipo Argentino de Antropología Forense (EAAF) junto con organizaciones de Guatemala y Perú, y con el apoyo de la Secretaría de Derechos Humanos de la Nación, se logró la identificación de una joven de Río Grande”..

Se trata de Silvia Gonzalez de Mora, esposa de Juan Carlos Mora, conocido por todo el mundo como “el chino”
.”Los restos fueron ubicado en una fosa común, en la localidad de Avellaneda, Silvia, que tenía solo 18 años al momento de ser secuestrada junto a su marido en la localidad de La Plata, donde vivía, estaba embarazada, Juan Carlos Mora estudiaba Medicina y trabajaba para mantenerse”.
”Ambos jóvenes, muy queridos por sus vecinos y amigos, descollaron en sus actividades escolares, durante su pasaje por el Instituto Salesiano Don Bosco de Río Grande”.
“En el marco de la Iniciativa Latinoamericana para la Identificación de Personas Desaparecidas, lanzada en 2007, junto con organizaciones de Guatemala y Perú, y con el apoyo de la Secretaría de Derechos Humanos de la Nación, la EAAF trabajó en la identificación de los restos que fueron ubicados en una fosa común, en la localidad de Avellaneda”.

Me queda como una contribución simple en estos tiempos que reflejan todo el dolor acumulado desde entonces, transcribir una crónica expresada en RASTROS EN EL RIO, suplemento de EL SUREÑO en diciembre de 2001, a 25 años de aquella cobarde desaparición.


“De como en la historia negra de la dictadura se inscribieron hace 25 años dos nombres fueguinos en la larga lista de los desaparecidos”.

SILVIA 1:

Mi amigo Juan que era un sabueso para esas cosas llegó con la noticia que habían chicas nuevas en el pueblo. La noticia fue a principios del año escolar. El número de chicas: cuatro. El lugar de avistamiento: en las inmediaciones del bar. Acordamos que la casa de Bernardo podía ser un buen punto de observación, y allí nos trasladamos. La casa de los Miranda tenía una hermosa glorieta tras cuyos cortinados se podía ver el escaso movimiento de la calle Estrada. No se tras cuanto tiempo las chicas González comenzaron a hacerse visibles. Las había de todos los tamaños, y eran en verdad todas muy lindas, morochas la mayores y la menor rubiecita.., rubiecita natural seguramente porque a esa edad no se andaba entonces con pretensiones de peluquería.

Alguien me había dicho que las chicas venían de Monte Grande, donde yo tenía algunos parientes. ¿Y si las encarábamos por ese lado?

Las chicas conversaban entre sí, el viento les molestaba y a cabeza descubierta no terminaban de arreglarse los cabellos, después salieron caminando como quien fuera para el Correo; tal vez llevaban noticias a sus lugares de origen sobre como las estaba recibiendo Río Grande. En chicas como ellas uno siempre imaginaban que había un diario íntimo, confidentes lejanos y una gran melancolía.

Nosotros no. Nosotros teníamos bullicio, desenfreno, y una marcada timidez.


JUAN CARLOS 1:

El Chino era el menor de los Mora. En nuestro universo masculino –misógino- de niño de colegio de curas no advertíamos entonces que existía Mavis, la hermanita. El Chino tenía que seguir el rumbo de sus dos hermanos mayores. Tanto Marcos como El Negro tenían una personalidad avasallante. El mayor era sumamente inteligente, a tal punto que se pensaba que debía continuar sus estudios en otra parte. El Negro era un seductor, y pendenciero. Juan Carlos –El Chino- tal vez quisiera ser todas esas cosas a la vez. Pero El Chino era chino, tenía los ojitos así –ojos claros pero escondidos- y como por aquel entonces se abotonaba el cuello de la inefable camisa a cuadros parecía todavía mas poquita cosa. Además andaba siempre como encandilado, tal vez por sus ojos tan claros. En muchas cosas el parecido mayor era con Marcos, que visto al lado de Héctor –el Negro se llamaba igual que el tío- era menos sabandija; aunque se recordaba un momento de su infancia cuando había tenido una quemadura muy seria con agua hirviendo. Al terminar el segundo año del secundario, habiendo demostrado su inteligencia –y también su capacidad de picardía- Marcos fue enviado, como se suponía, a estudiar más lejos: al Salesiano de Río Gallegos. Los otros dos hermanos transitaron sin él su enseñanza media en el secundario local. El Chino no dejaba de hacer referencias continuas a las vivencias de su hermano lejano.

Juan Carlos se poetizó y politizó como aquel que al poco tiempo ya estaba viviendo en La Plata. Un día nos volvimos a encontrar allí, en ese departamento de la calle 8 que era sede de tantas inquietudes. El Chino estrenaba sonrisa nueva, mecánica dental de por medio, y nivelaba sus esperanzas con las que por entonces teníamos todos los allí reunidos sobre el destino de nuestro país, de latinoamérica, del mundo. Mora, el más chico, recitaba algunos versos de Rimoldi Fraga.


SIILVIA 2

Un tiempo después las hermanas González ya estaban entre nosotros. El papá trabajaba en la carnicería de SADOS, el supermercado de la Armada que vino a alborotar la plaza comercial del pueblo. Algunas de las chicas vestían el rígido uniforme del colegio secundario, ese que hacía desaparecer bajo la cuadratura de las formas todo contorno femenino. Por sobre la camisa blanca, y la nudosa corbata aparecían las sonrisas, limpias, sin maquillaje. El rostro de Silvia –la rubiecita- se me confunde con tantas otras sonrisas adolescentes, de ese tiempo, del que siguió.., no me parece que fuera desbocada en el reír.

Por 1974 trabajaba en el Hospital, era una de las pocas estudiantes secundarias que además estaba empleada, aunque esto sería solo hasta completar cuarto año. No había entonces gran oferta para el sector público, y ella se organizaba para cumplir en ambas partes.

Un día fue noticia sin salir en los diarios. Por entonces los temas de los que hablaba la gente no siempre eran los que trataba la prensa. ¿O ahora no? Lo cierto es que a Silvia la había atropellado la ambulancia. Era costumbre que en ese transporte destinado a las emergencias, que no eran tantas, se fuera a buscar a los empleados; situación que por otra parte no dejaba de ser criticada en la comunidad, como criticada ha sido siempre la falta de inmediatez en acudir a un llamado. Un día de niebla, de esos que nos aprisionan cada tanto. Una maniobra inadvertida por parte del conductor, o de la empleada, y aunque sin mayores consecuencias Silvia que termina atropellada.

En el macondizado Río Grande de aquellos días aquel incidente fue parte de la colección de absurdos que adornaban nuestra existencia. A la luz de lo que vendría a pasar tal contingencia resultaría ser un anticipo de la fatalidad.

JUAN CARLOS 2:

Por entonces había algo que se llamaba la JP. Y un ideal revolucionario. América, el mundo parecía caminar en ese sentido, el de la liberación. La Plata era un hervidero de voluntades, El Chino se contagió de ese clima, nuestro clima. Estudiaba medicina. Tuve que hacer bastante memoria sobre este particular. El chino militaba. Eran los años del tríptico nacional, de los cuadros, de la superficie. Era el tiempo que comenzaba a inquietarnos los resortes de la violencia

¡Cómo le gustaba hablar a Juan Carlos! Y cantaba con ímpetu los estribillos de las manifestaciones. Y se reía del presente, porque confiaba en el mañana. Allá en La Plata no sería nada, pero aquí rondaban otros prejuicios, otros temores. De vacaciones tratábamos de ocupar nuestro tiempo, Cesar –León- su padre los arreaba para que ayuden en la empresa familiar, atrás del camión y con una bloquera. Pero se andaba en otros compromisos, por ejemplo la divulgación de las condiciones de vida y estudio en La Plata con la finalidad de ir llevando gente a un destino de capacitación. Una vez nos reunimos para pintar una casa, antes de hacerlo nos divertimos llenando las paredes las consignas que no existían todavía en las prolijas calles de nuestro pueblo. Después vino el trabajo solidario, no fue suficiente con pintar, hubo que empapelarlo todo.

QUISIERA UNA VEZ MAS o SILVIA 3:

En Octubre de 1974 la Revista Juventud del colegio Don Bosco publicaba el siguiente poema de Silvia González:

Quisiera detener con mis manos no vencidas
Quisiera acortar la distancia infinita
Quisiera que la vida perdure y no permita
Caer en un abismo de soledad sin dicha.

Aferrarme al recuerdo con pureza divina
Gritar en las alturas hasta ser oída
Negar todo lo malo, luchar con sentimientos
Creer en esta vida, sentir que pasa el tiempo
Dejar el mal al lado, acompañar al viento
Vagar por los senderos, llevar amor y al cielo
Limpiarlo de la bruma, dejar el sol intenso.

Quisiera que haya paz
Y todos juntos estemos,
Entender la razón de lo que fue incierto
Quisiera ver la luz, reflejar sus destellos
En este inmenso mar
De cobardía y desprecio.


SILVIA Y JUAN CARLOS 1

Esta historia no está escrita. La historia de cómo se conocieron.

SILVIA Y JUAN CARLOS 2

Un martes 13 del otoño de 1976 fue el casamiento en La Misión de Juan Carlos y Silvia Aman da. Era una mañana de sol, a El Chino le quedaba grande el cuello de la camisa y ceremonioso el traje azul. Ese día, se casaron y se embarcaron. A Silvia le faltaba una semana para cumplir los 18 años y se decía que estaba embarazada; en el Río Grande de entonces no era una materia de fácil conversación.

AQUEL SILENCIO

No se a ciencia cierta –me parece que fue Mónica- la que me contó sobre el secuestro. Era uno de esos días de diciembre en que los ámbitos escolares parecen vivir un ritmo distinto al resto del mundo. Pero la noticia que llegaba a mí daba cuenta de que en La Plata, en un operativo encubierto de la represión, se había procedido a sacar de su domicilio a Silvia y a Juan Carlos.

La novedad corrió de boca en boca, y se escucharon los primeros: ¡por algo será!, esa lamentable definición del que me importa repetida en tantas bocas a las que con el tiempo e visto levantar reclamos públicos por su intereses privados.

Como en la memoria de un niño está mi conversación con Elsa, la mamá de El Chino, en la vereda de su casa, frente a los cuarteles. Hablamos de lo que había pasado, y de que no se sabía nada; confiaba en algunos contactos que podían devolver la esperanza y también me decía de cierta gente de la Iglesia que estaba trabando en situaciones similares.

Yo dirigía entonces el periódico El Austral, que había experimentado sus primeros encontronazos con los organismos de control, y el silencio periodístico podía ayudar.. es lo que se sentía entonces, aunque hoy parezca absurdo. ¿Qué podía hacer desde el periódico para multiplicar esta realidad? En el pequeño Río Grande de fines de 76 lo que se tenía que saber se sabía, y el periodismo era casi solamente un gesto de algunas verdades. Al tiempo El Austral se silenciaba definitivamente.

El padre de Juan Carlos activaba sus denuncias, y demandaba respuestas, ganándose múltiples solidaridades. Una de ellas fue el petitorio elevado el 16 de diciembre al General Videla por una pluralidad de vecinos: Ángel San Juan, Francisco Bilbao, Francisco Javier Puget, Rubén Garde, Ramón Trejo Noel, Luis A. Trejo, Franka Viuda de Susic, Eduardo Carletti, Héctor Francisco Mora, Fernando Rufino Alvarez, Estanislao Dobronic, Luis Rivero, Dominga Stranic, Francisca Vukásovic, Rodolfo Gauna, Fernando Barría, Ariel Galvarini, Luis Gliubich, Esteban Martínez Martos, Ricardo Lynch, Néstor Nogar, Ramón Vargas, Osvaldo Federico Romero, Bruno Baschera y Carlos Alfredo Gatica.

Yo que había salido de La Plata a fines del 75 volví a mediados del 77. Por las noches se escuchaban los incesantes movimientos de las fuerzas militarizadas: sirenas, motores desorbitados, ráfagas, estampidos. Algo que tampoco salía en los diarios, pero que la gente conocía como parte de su terrible cotidianidad.

Ya para entonces se había agrandado nuestra lista personal de aquellos para los cuales habría que adecuar una palabra: desaparecidos.


JUICIO DE LA VERDAD



En la ciudad de La Plata , Capital de la Provincia de Buenos Aires, a los 30. días del mes de septiembre de 1998, comparece ante esta Excma. Cámara Federal de Apelaciones y Secretario Actuante, dejándose expresa constancia que se hallan presentes el Sr. Fiscal General ante la Cámara, Dr Julio Amancio Piaggio, el Sr. Defensor Oficial, Dr. Ricardo Alberto González, en representación de la Asamblea Permanente por los Derechos Humanos- sede La Plata- la Dra. Elizabeth Rivas, una persona previamente citada a quien en este acto se la impone por secretaría de las penas con las que la ley castiga el falso testimonio de acuerdo al Art. 275 del Código Penal (conforme Art. 295 C.P.M.P), quien seguidamente presta legal juramento de producirse con veracidad en todo lo que supiere y le fuere preguntado. Interrogado por sus circunstancias personales manifiesta llamarse Cesar Marcos Mora, de nacionalidad argentino, de 45 años de edad, de estado civil casado, con profesión u ocupación contador público, quien se domicilia en la calle. Lasserre Nro. 893 de la ciudad de Río Grande, Provincia de Tierra del Fuego, acreditando su identidad mediante D.N.I. N°.10.353.737, haber nacido el día 10/10/52, en la ciudad de Río Grande, Tierra del Fuego, resulta ser hijo de Cesar León y de Elsa del Carmen Vera - Acto seguido se le entera de las generales de la ley, las que explicadas manifiesta que si, por resultar ser hermano de la persona desaparecida en autos. A continuación se le entera del contenido de esta causa y MANIFIESTA: Que en calle 15 Nro. 873 entre 49 y 50 se produce la privación ilegal de la libertad de Juan Carlos y Silvia. Esto resulta de información obtenida, el mismo día del secuestro de Juan Carlos y Silvia por una comunicación efectuada desde la pensión en la cual vivían, hacia el lugar de trabajo del declarante en la calle Moreno al 500 de Capital Federal, con posterioridad me entero que era la encargada de la pensión como en aquella época los padres no tenían teléfono se comunico el día 2 de diciembre con sus padres, el padre viajo hacia Buenos Aires donde él estaba y luego hacia La Plata para retirar las cosas lo mas rápido posible, cuando el padre llega, le informa la dueña de la pensión y alguno de los testigos, como había sido el secuestro, con posterioridad en el año 1986 cuando se le hace el juicio a Camps declaran María Ofelia Sanz y el marido un médico dermatólogo llamado Juan Bautista Mayor, que viven en la provincia de La Pampa, y con los cuales el padre y el declarante tuvieron un acercamiento, porque ellos le comentaron como habían permanecido con Juan Carlos y Silvia detenidos en el centro Arana. Desde el primero de diciembre de 1976 y hasta el día 16 diciembre, y posteriormente desde el 16 hasta el 22 de diciembre en la Comisaría 5ta. de La Plata, ahí también se enteran que Silvia estaba embarazada, que Silvia le había comentado de su embarazo a María Ofelia, en agosto del 85 la madre recibe una carta de Gustavo Mariani, que era un amigo de Juan Carlos , mío y de mi otro hermano, lo que sabemos es que terminó trabajando con las madres de plazo de mayo, y que en la carta de esa fecha, textualmente dice “le cuento que en poco tiempo antes de desaparecer Juan Carlos había tenido una larga charla conmigo, charla en la cual su compañera me manifestó que estaba embarazada con toda certeza, es mas el motivo principal de la charla fue el embarazo de su compañera, es decir que estos son los datos de los últimos días antes que de Juan Carlos fuera secuestrado. A Juan Carlos lo secuestran el 1ro. De diciembre de 1976 a las 12:00 horas del mediodía, en el domicilio mencionado anteriormente, en la esquina se encontraba una seccional de la Policía Federal argentina en 15 y 49, la puerta de entrada a la seccional estaba a no mas de 5 metros de la puerta de la pensión, el día del secuestro las vallas las habían ubicado pasando la puerta de la pensión, estaban casi en la esquina, esto tiene importancia porque a raíz de un expediente que fuera iniciado por el gobernador, a raíz de que en el croquis obrante figuraba la entrada a la pensión en la otra punta, refiriéndose a la calle 15 y 50 y no cercano a 49 como realmente se encontraba. El gobierno de la Pcia. De Bs. As. como consecuencia de una nota presentada, y contestada por el General Saint Jean es notificado que se instruyó el correspondiente sumario por privación ilegal de la libertad, con intervención del Juez Penal Dr. José Luis Mosca, observado el problema del domicilio. En ese expediente figuran declaraciones de otros testigos y el numero de causa es 125.719 exp. 330.155/76 este último número perteneciente a la gobernación. Hombres de civil fuertemente armados que dijeron pertenecer a fuerzas conjuntas de seguridad, se conducían en 3 automóviles, actuaban a cara descubierta. Duró el procedimiento media hora aproximadamente, revisaron la habitación donde ellos estaban, se llevaron los documentos, y los pasajes para Tierra del fuego porque comenzaban sus vacaciones., entre otras cosas, pronunciaron como arenga que se cuidaran, los encapucharon y se los llevaron. Desea resaltar que el 2 de diciembre se presenta en la casa de Tierra del fuego ante el señor Guillen, porque estaba estudiando medicina. El 6 de diciembre de 1976 el cura Arístides Paciaroni director de la Escuela Agrotécnica Salesiana, a pedido de los padres y gente de Rió Grande, porque Juan Carlos era egresado de la obra Don Bosco y hacia poco tiempo que se había casado, le hace una nota dirigida al arzobispo de La Plata Mario Picchi, para solicitarle intervenga en el problema de los chicos, dice textualmente un párrafo “ mi estimado compañero amigo, molesto tu atención con la posibilidad de añadir una preocupación a las que ya tienes... espero me perdones cuando conozcas el motivo. Y la parte final dice que el día 13 de este mes espero estar en Buenos Aires, Editorial Don Bosco, llamaré a tu hermano por si vas por allí. Alrededor del 10 de diciembre mi padre estuvo con Monseñor Picchi, quien manifestó que Silvia y Juan Carlos estaban vivos y con asistencia médica y espiritual y que era preferible que ese hubieran sido el momento de su detención y no más adelante donde el tenía conocimiento que los eliminarían en forma inmediata. Desea mencionar lo relacionado con la familia de Silvia que no han colaborado en nada para la averiguación de ella y del niño, su padre Pedro Enrique González pertenecía a Obra social de la Marina, era empleado, y la esposa Lucerina Chacón en aquel momento domiciliados en la calle San Martín 1080 de Río Grande, hasta hace poco, no se si ahora este matrimonio desarrolla actividades cuidando la Residencia Estudiantil de la ciudad de Río Grande en la ciudad de La Plata. Preguntado por el señor Procurador General doctor Julio Amancio Piaggio, si esta documentado el paso de su hermana y cuñada por la Comisaría 5ta de esta ciudad, manifiesta que no, surge de la conversación mantenida con el matrimonio Mayor. Preguntada por la representante de la Asamblea Permanente de los Derechos Humano doctora Elizabeth Rivas, Ud. hablo de un matrimonio del cual el señor era médico que se encontrarían en ciudad de La Pampa con los que compartieron la detención, tendría ese domicilio, contesta que no, pero puede averiguarlo y aportarlo a la causa. Preguntado sobre si el doctor continua ejerciendo su profesión, manifiesta que si, preguntado si en cuanto al tema del embarazo de su cuñada existe causa abierta por ese caso concreto, por desaparición de menores. Responde que no, porque al tener que realizar análisis genéticos, la familia de Silvia no presta colaboración, solo Rosa Aguilar una prima de Silvia. Preguntado sobre si los estudios realizados de la familia paterna se encuentran en el Hospital Duran, contesta que si, que se volvieron a practicar hace aproximadamente quince días, dado el avance científico operado en esta materia. Preguntado nuevamente por el Fiscal General doctor Julio Amancio Piaggio. Si los datos fueron confrontados con los bancos de datos, manifiesta que no hasta la actualidad. Que presuntamente podría haber nacido desde fines de mayo hasta los primeros días de junio del año 1977. Que no tiene nada más que agregar con lo que se da por finalizado el acto, previa íntegra lectura que el Sr. Secretario da de la presente, ratificándola en un todo por ser el fiel reflejo de sus dichos, luego del Sr. Presidente, Dr. Alberto Ramón Duran . y Jueces, Dres. Julio Víctor Reboredo, Antonio Pacilio, Carlos Alberto Nogueira; al igual que los demás intervinientes en el acto y mencionados al comienzo de ésta y por ante mí, de lo que doy fe.- En este acto el declarante aporta dos fotografías y un recorte periodístico sobre la detención que sufriera su hermano, que se anexan a la presente causa.

ESTE SILENCIO

Estoy parado en la esquina de Rosales y Fagnano, la esquina de Radio Nacional donde trabajo desde enero de 1977. Es el día en que esta democracia cumple 18 años, débil, inmadura, despreocupada... me acuerdo de ella en esta misma esquina. Se había programado un acto: La Fiesta de la Democracia, pero yo estaba en otra parte, en el Salón de Usos Múltiples del Hotel Los Yaganes, donde juré como concejal. Casualmente, ahora, pasaba Diego, que en aquella fecha estaba con un megáfono alentando consignas. La convocatoria la hacían partidos de lo que entonces se llamaba el Campo Popular. Diego había experimentado la cárcel en Tierra del Fuego -por una mínima identidad política-, y estaba militando dentro del Partido Intransigente donde anidaban espíritus revolucionaros que otros días comulgaban con la JP. Cuando yo pasé por el lugar ya se había hecho una convocatoria en el centro de la plaza, se había cantado el presente por otro desaparecido local: Guillermo Barrientos, y en la ochava del Ibarra se había empapelado con afiches donde la imagen de Silvia y El Chino se mostraban elocuentemente...

En estos días, 25 años después, todavía encontré mucha gente que se recuerda de amores y temores. Y aunque no busqué deliberadamente a nadie tuve sobrados interlocutores para evaluar penas y distancias. Los padres de Silvia viven desde hace años en La Plata, el lugar de la desaparición. Los padres de Juan Carlos viven en Mar del Plata, allí Elsa centra sus preocupaciones en buscar a través de Abuelas de Plaza de Mayo el nieto que aun no alcanzamos a conocer.

Por AGP hay una calle que lleva el nombre de El Chino, he pasado muchas veces por ella, y aunque nada la diferencia de los demás esa calle nos acusa. Me levanto, voy a peregrinar hasta encontrarla, voy a caminarla en uno y otro sentido.




La nota aquella merecerá otro final. O tal vez estemos, que bueno sería eso, a la puertas de un nuevo tiempo.

2 comentarios:

Pali dijo...

¡¡¡Querido Mingo, realmente el dolor se adueñó de nuestra casa, pero... también aunque la palabra es cruel, ahora hay una tumba real donde llevar flores y ya dejar de seguir buscando, por lo menos uno menos!!! Restando, restando al dolor. ¡¡¡Bendiciones a los familiares!!! y calma para vos...

cristina dijo...

En su momento no leí esta nota, conocí la historia de Silvia y el Chino a través de Silvia Serravalle, antes de inaugurar el monumento que recuerda a los tres desaparecidos de Río Grande, al igual que vos ella me contaba que una mañana conduciendo su auto por AGP de pronto se encontró en la esquina de Cámpora y Mora, y le pareció una buena reivindicación. Hermosa tu nota!