El barrio Danés.



En enero de 1990 la revista Arco Iris publicaba esta relación periodística vinculada a un barrio “privado” de la ciudad. Allá al poniente el Barrio Danés, nacido de la compra de terrenos al vecino Danilo Havelka. La situación, así como se contaba no era mejor por ser privado de lo que sería en otros lugares de la ciudad donde la misma crecía ganando tierras a espacios fiscales.



Estuvimos charlando con algunos habitantes del Barrio Danés de nuestra ciudad. Ellos nos contaban un poco la historia del lugar y las dificultades que tuvieron y tiene actualmente. Este es el resumen de lo dialogado.

El barrio nació allá por 1986,, cuando comenzaron a venderse los lotes. En ese entonces esto no era más que campo abierto, con la casilla de los chicos que se encargaban de mantener la señalización, casilla que más de una vez se dio vuelta debido al viento. Poco a poco fueron llegando los primeros habitantes, a los que podríamos definir como verdaderos  héroes, dadas las condiciones en que se arriesgaba a instalarse aquí.
Todavía no se sabe por qué, pero lo cierto es que las obras de agua, cloacas y gas prometidas para fines del ‘86 o enero/febrero del ‘87 recién se comenzaron a ver, en el caso de agua y cloacas, en abril/mayo ’87 y las de gas, si se quiere las más necesarias, recién se habilitaron en enero/febrero del ’88. Esto es importante destacarlo, ya que aquí se trata de un barrio particular, existiendo en los contratos de compra-venta una cláusula con el compromiso de entrega de los servicios. En cuanto a la luz, por suerte existían tableros de obra, y en ese sentido la Cooperativa fue rápida, ya que pronto se pudo contar con las primeras bajadas particulares.
Los inviernos del ’87 y del ’88 fueron muy duros. Sólo aquellos que lo vivieron pueden saber lo que es pasar un invierno, o dos, sin gas, dependiendo de un cilindro de 45 Kg., que a veces se terminaba en un sábado o domingo, obligando a estar hasta el lunes sin ellos, gastando fortunas en electricidad y a pesar de todo ver como se formaba una capa de hielo del lado de adentro de los vidrios.
Por suerte, estas cosas hoy fueron superadas. Pero dejan un recuerdo difícil de olvidar en aquellos que lo vivieron: sobre todo por el hecho de haberse sentido muchas veces estafados, toda vez que meditaban acerca de las promesas a corto plazo de quienes comercializaban los lotes, y se caía en la cuenta que no se cumplían.

El barrio necesita alumbrado público, de ser posible antes del próximo invierno.
Esto es un pedido para aquellos que tienen poder para decidir a qué barrio atender con prioridad y a cuáles dejar para después: que el Danés sea tratado en igualdad de condiciones con todos los otros barrios de nuestra ciudad. El hecho de haber podido adquirir los lotes no quiere decir que los que allí habitan sean de condiciones económicas desahogadas. Muy por el contrario, la mayoría accedió a ellos con grandes sacrificios, privándose de un montón de cosas para poder pagar las cuotas, empujados muchas veces por las perspectivas de crecimiento rápido que planteaban quienes vendían y, por sobre todo, creyendo en Tierra del Fuego, detalle no tan necesario a la hora de recibir un terreno fiscal de regalo, pero si importante cuando se trata de invertir lo que bien se podía haber utilizado en la compra de un auto, o algunas comodidades fáciles de trasladar en caso de verse “apurados” porque “la isla se hunde”.
También se hace un llamado por este medio para aquellos que sean propietarios de terrenos desocupados (más del 50& a tres años de su inicio), para que se hagan cargo de ponerlos en condiciones, por ejemplo procediendo a su relleno y cercado, para terminar así con las lagunas internas del barrio. Recuerden que esos lugares se constituyen en peligros latentes para los niños que juegan en las cercanías, a la vez que afean la imagen de lo que con el tiempo pretenden que sea un “barrio”.





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