En una suerte de diario en el que reúne
experiencias para luego ser publicadas en la Revista Misionera, el
superintendente de la Misión Anglicana de la Tierra del Fuego cuenta:
Un día muy agradable; ligera brisa todo el
día. Los que salieron para Heja hace unos diez días para conseguir carne de
ballena están regresando. Ya han llegado tres canoas. Para poder traer todo lo
posible, los hombres dejaron en casa a sus mujeres y sus hijos. George fue con
su esposa y los tres hijos mejores; Maten salió con dos esposas y sus hijos en
brazos, dejando a una esposa y cuatro hijos en casa; Phillip fue solo, dejando
a su esposa y tres hijos. Tuvimos una buena asistencia en la oración, cuando
traté de que fuera muy real para la gente la existencia, el poder, la bondad,
la santidad de Dios y también la pecaminosidad de ellos ante su vista y el
peligro en que están a menos que encuentren su salida por medio de Cristo a
través del arrepentimiento y la fe. He estado ocupado en forma muy variada en
casa y con los nativos. Pasamos una noche feliz con nuestros agradables vecinos
y compañeros de trabajo, Mr. Y Mrs. Lawrence, en homenaje al vigésimo quinto
cumpleaños de Mrs Lawrence.
Llama la atención el nombre de los nativos,
identificados con voces inglesas:
George es el nombre cristiano de Okkoko, quien
en realidad se llamaba Okokkowensis, indio que había estado en Keppel,
Malvinas, y que fue testigo de la Matanza de Wulaia.
Maten era Samuel Mahteen, que resultó ser un
indio muy industrioso que llegó a formar una pequeña hacienda de ganado.
Philip se llamó Lauiaenseis, o simplemente
Lauia, quien en su nombre tenía asonancias con su lugar de: Lauaia (Navarino).
La imagen fotográfica está datada un tiempo después, en 1883, antes de la llegada de los argentinos.
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