Con prontuario fueguino


El mes de mayo comenzó –anónimamente- con un encuentro entre gente que en algún momento de su existir, allá por los años 80, encontró un la Tierra del Fuego un trampolín para sus realizaciones culturales.

Podríamos decir que fue un encuentro entre amigos, pero apuntaba para más.

En un momento se situaron en contacto con la naturaleza y en Carlos Spegazzi, cerca de Ezeiza, se tomaron esta fotografía sobre la cual podemos hacer algunas identificaciones.

Oscar Barrionuevo fue aquel profesor de letras que llegó a publicar junto a Julio Leite un libro siamés titulado Primeros Fuegos, luego fue animador sociocultural en la Municipalidad de Río Grande, hasta que partió con rumbo norte en Patagonia en una iniciativa que llevaba el nombre de un programa que hacía en LRA 24: Navegante de Tierra Firme. En cada lugar compartía la poesía que iba juntando en el camino, y juntaba mucha más. Vaya a saber a donde quería llegar, cuando una noche en El Bolzón, en compañía de Nelson Avalos se dio cuenta que el barco naufragó, y me lo expresó en un telegrama. Con el tiempo volvería como profesor de castellano para la Total, editaría un libro bilingüe en Francia, y se repatriaría a Tucumán.

El Tuni Castro nos recibía al calor de sus guitarreadas en su casa de la calle Bilbao, lo hacía en compañía de otros congéneres de los cuales –los de la guitarra- no fue quedando ninguno. El atractivo de las fábricas, se desmoronó. Antes, en la etapa galponera de la isla había tenido por primer trabajo descorchar envases de vino Paponi y tirar su contenido al desagüe. Su itinerario norte lo radicó en Neuquén donde encontró un espacio propicio para su labor de comunicador, siendo en el mediodía el responsable de la emisión de El gallo blanco. Cada tanto viene al encuentro de sus hijos mayores, y siempre está en nuestro corazón y nuestro correo electrónico. Además: ¡Canta!

Alejandro Montini, peinando menos canas, escribió con Daniel Quintero otro libro siamés: Mensaje de Náufragos; y después escapó del archipiélago. Es el dueño del mayor abrazo donde cobija a Luís Ferreira, a quien tenemos el gusto de conocer.

Julio Leite, entre ellos muestra su cruda calvicie, en tanto que pude dar domicilio en Punta Arenas y al mismo tiempo deambular en nuestras calles fueguinas. El me señaló hoy, en el alto de un semáforo, que el encuentro en Spegazzini fue el 1 de mayo.

Solo en un win se presenta Manuel Zalazar, el que llegó un día a Ushuaia para convertirse en el señor de las Goteras, fue con el tiempo trabajador portuario y poeta. Al partir deglutía Leyendas de Calafate, que no lo han hecho volver.

Acunclillado aparece Quintero, aquel que llegó con un libro a la isla –cosa inusual- pergeñó su unión con Montini, y admitió tener por estado civil el de poeta. Le aseguró a Leonor Piñero que piensa que es inmortal y en su partida se afincó en su Parque Chas para generar con ese nombre el título de una Editora.

Las mujeres no tienen pasado fueguino, y tal vez no saben lo que se han perdido, se llaman Graciela, Igembor, Mary, Berta y Silvina.

Carlos Spegazzini, el que da nombre al paraje del encuentro, fue un naturalista italiano que participó por 1882 en la Expedición de Giacomo Bove –expedición Ítalo Argentina- estudiando la flora austral; encontró 1108 ejemplares distintos, entre ellos 481 de hongos.

Estos ejemplares que propiciaron en el encuentro algo deberían saber de aquel científico de la Generación del Ochenta.

Ellos a su modo, y en nuestro ámbito, fueron también parte de otra Generación del Ochenta.., mucho más reciente.

¿Cuántas cosas habrán pasado esos primeros días de este mes! A nosotros, simplemente, nos ardían las orejas.

1 comentario:

oscar barrionuevo dijo...

Pucha Mingo qué lindo comentario. Me alegra que nos recuerde con tanto cariños como nosotros te recordamos cada 1ero de mayo en Spegazzini. En este lugar no precisamente buscamos hongos, más bien almacenes abiertos y quedamos, en todo, caso como hongos.
Te mando un abrazo a vos y a Patricia.
Oscar
PD: me gustaría saber a qué hora salis al aire por radio nacional que cuando puedo la escucho. La mitad de mi corazón sigue allá y en hecho este reencuentro con los muchachos es como sentirnos "fueguinos en el exilio". Otro abrazo