Oscar Domingo Gutiérrez “Los riograndenses somos muy pedigüeños”



         En una tarde ventosa de un jueves primaveral en Río Grande, tuvimos una charla con Oscar Domingo Gutiérrez (48), quizás la persona que más sabe sobre una historia no muy antigua y no muy conocida, la Historia Fueguina.
         Era media tarde de aquel día, en su oficina ubicada en las instalaciones de LRA 24 Radio Nacional Río Grande. En aquel recinto habían afiches pegados de antiguos pobladores como don Segundo Arteaga. También habían libros, una computadora, y una vieja máquina de escribir.
Mingo, como todos lo llaman, nació en Río Gallegos, porque sus padres habían tenido algunos problemas con unos embarazos anteriores y les recomendaron una mejor atención médica de la que habían tenido en el campo. Él se considera un santacruceño concebido en la Tierra del Fuego. Actualmente está casado, pero es divorciado de un matrimonio anterior. Tiene 4 hijos, dos de los cuales estudian en universidades de Capital Federal, y los dos menores viven  en esta ciudad.

Han pasado tantos años de aquella visita de Eber, cumplía tareas encomendadas en su colegio, y es uno de los pocos de los tantos jóvenes con los que he conversado que tuvo la gentileza de devolverme el tiempo entregado por escrito.



       ¿Usted es profesor de Historia?
       No, yo soy profesor de Comunicación Social. Pero cuando llegué a Tierra del Fuego, en el año 1975, había terminado mis estudios y traté de conseguir un empleo afín con mi capacitación que era el periodismo, encontré algunos obstáculos pero también encontré algunas puertas abiertas en el Colegio Don Bosco donde yo había hecho mi escuela primaria y secundaria. Y tuve la posibilidad de comenzar a dar clases en materias como eran Formación Cívica, Instrucción Cívica e Historia, para las cuales mi título tenía carácter supletorio. Y estuve dando continuamente clases hasta el año ’83 donde hice un receso en mi labor docente por actividad política. Pero bueno, uno un poco tiene cierta identidad con respecto al tema histórico por dos motivos: uno porque di clases de Historia a casi toda una generación de riograndenses, y otro porque siempre tuve un gran interés desde que comencé la universidad por profundizar mis conocimientos con respecto a la historia de Tierra del Fuego. Yo solía ir regularmente dos, tres, cuatro horas a la biblioteca Dardo Rocha de la Universidad de La Plata o a la biblioteca de la legislatura de la ciudad de La Plata, a leer antiguas publicaciones sobre Tierra del Fuego, cosas que aquí no existían. Entonces me fui formando de un caudal de conocimientos librescos, que no me lo daba ninguna carrera, es decir, no existe la carrera Profesor de Historia Fueguina, pero yo un poquitito me fui formando en esa especialización.
       Investigando, ¿no?
       Sí, es continuo. Es lo que hago todos los días. Todos los días uno trata de acostarse sabiendo un poco más de lo que sabía cuando uno se levantó.
       ¿En qué establecimientos ha ejercido la docencia?
       La docencia en el Colegio Don Bosco, en el Instituto María Auxiliadora y los últimos tiempos en el profesorado del Instituto Salesiano de Estudios Superiores, allí estuve por un lapso de cinco años hasta que me retiré en agosto del año pasado. Allí estaba dando un módulo de Problemática Socio-cultural y otro en pareja pedagógica con la docente Patricia Irurtia en Ciencias Sociales y Enseñanza de las Ciencias Sociales.
       ¿Qué representa la historia para usted?
       Bueno, la historia son, en alguna medida, algo más que los recuerdos. Porque los recuerdos formarían parte del caudal personal de las vivencias. Para mí, el desentrañar la historia, el conocer el pasado, es una forma de mostrar que las sociedades humanas siempre han tenido una serie de constantes, de valores, de ideales y de equívocos también, que no solamente se encuentran el día de hoy. O sea, es muy fácil encontrar entre gente de mi edad o mayor aún, gente que dice: Todo tiempo pasado fue mejor. En realidad todos los tiempos tuvieron sus cosas buenas y sus cosas malas. Y la Historia es un campo de experimentación de la verdad. Uno descubre, a veces, que hay muchas verdades, porque cada uno vive convencido de que lo suyo, su visión del mundo es la verdad. Bueno, esto siempre ocurrió a través de los tiempos. Y también, la Historia es una madre que enseña la humildad, por sobre todas las cosas. La gente que no tiene un conocimiento cabal de la historia, generalmente se muestra muy soberbia y piensa que se va a llevar el mundo por delante. Pero todos somos efímeros y la historia nos sobrevive a todos.
       ¿Qué lo llevó a estudiar la Historia de Tierra del Fuego y convertirse en un Historiador?
       Bueno, hubo una gran motivación familiar. Mi padre era una persona muy lectora y que le había tocado vivir una parte importante de su existencia en Tierra del Fuego, llegó aquí en el año 1930. Trabajó en un ámbito rural, que era muy plural, donde había gente de muy diversos orígenes y también nativos. Y había un culto muy particular de la historia oral, o sea de la narración, de contar lo que me pasó a mí, lo que yo di, lo que me dijeron. Durante mi infancia, en una familia pequeñita como era la mía (soy hijo único), en una época en la cual no habían grandes medios de entretención a la noche como es la televisión, por ejemplo, se escuchaba radio hasta cierta hora; en un tiempo en el cual papá no tenía trabajo siempre porque era portuario (entonces tenía trabajo solamente cuando había parco), era muy común la tertulia familiar en la cual a veces se sumaba alguna amistad, algún vecino, algún visitante y formaba parte del culto el recordar, o sea el recordar era una tradición continua. Y cuando yo voy a estudiar periodismo a La Plata, veo que hay un caudal enorme de información relacionada con el ayer de Tierra del Fuego, que corroboraba un poco lo que decían los viejos. Y también me doy cuenta que en esa historia que se va escribiendo de la Tierra del Fuego, habían componentes clasistas, es decir: la historia del campo escrita por los ganaderos, la historia de la evangelización escrita por los salesianos, la historia de la institucionalización escrita por los marinos. Pero no había una historia que involucrara a todos los sectores, cada uno escribía la historia de su sector social como si fuera el mejor y el único; y sobre todo había un sector que estaba excluido, que eran los sectores populares, la historia no estaba vista desde la gente común, la gente que trabaja, las clases bajas. Sino que la historia estaba vista siempre desde cierta elite del poder. Yo pensé que se podía con el tiempo, construir una visión diferente, y por eso también a lo largo de muchos años, he venido desarrollando trabajos de historia oral, que es lo que hago también en Radio Nacional, donde uno le da un micrófono a una persona que es un hombre común, y ese hombre común tiene posibilidades de explicar cómo era su mundo, el mundo que él conoció, cómo era su vida, cómo eran sus inquietudes y su esperanza.
       Supongo que usted tiene un gran archivo de documentos históricos.
       Y también muy desordenado (risas). Bueno, yo creo que en casa se encuentran todas las publicaciones que se han hecho sobre Tierra del Fuego. Originales en su gran mayoría, algunas pocas por inhallable, fotocopiadas, algunas porque uno las compra a medida que van saliendo; otras porque invierte el dinero que vale cierta documentación. Y ahora estoy tratando de expandir mis archivos documentales, porque desde hace bastante tiempo ya dejé de consultar solamente de los libros (que es un material de acceso fácil si se quiere), sino que he comenzado a hacer abordajes en algunos repositorios documentales de los cuales se puede extraer información interesante sobre el ayer. Por ejemplo he trabajado con archivos de Vialidad, he trabajado cuando he podido viajar a Buenos Aires con el Archivo General de la Nación, donde hay mucho material sobre Tierra del Fuego, inclasificado, muy bien conservado, pero hecho paquetes; he tratado de ordenar los papeles dispersos del Juzgado de Paz de Río Grande, que estaban expuestos a las ratas, a la humedad; he estado trabajando con los archivos de la Misión, desde hace muchos años, las crónicas, que son los cuadernos donde los sacerdotes día a día escribían lo que pasaba; voy semana por medio a Ushuaia, para revisar los archivos de la Justicia. Y bueno, es cuestión de sistematizar toda esa otra información, muchas de estas cosas no recordadas por la gente. Porque la gente por ahí tiene, sobre su ayer, visiones parciales de eso, o sea, se acuerda de ciertas cosas que fueron alegres, de ciertas cosas que fueron tristes, pero hay ciertas cosas que a lo mejor, a ellos no les pasó o tal vez porque era un mundo diferente. El Río Grande que tenemos hoy, no era el de otra época; el Río Grande que tenemos de otra época era un pequeño poblado donde a veces se estaba unos días, pero fundamentalmente se vivía en la zona rural, entonces la gente se conocía poco entre sí.
       Entonces, Río Grande no era un lugar para permanecer diez o doce meses seguidos.
       Muy poca gente vivía en el ejido urbano de Río Grande, la mayoría vivía en relación con las estancias. Recién después de los años ’50, y sobre todo con el auge del petróleo, comienza a haber una población estable mayoritaria, comienza a haber más gente en el pueblo que en el campo. Antes siempre, cuando se hacía un censo, había más población en el campo que en la ciudad. Además con algunas salvedades, esa gente que vivía en el campo, los que tenían familia, eran los administradores, los dueños de las estancias, los capataces, y a veces el cocinero. Pero el trabajador común de campo, el ovejero, el peón rural, el esquilador muchas veces no tenían familia porque las condiciones laborales no se lo permitían; o si tenían familia, a lo mejor la tenían en otra parte. Un esquilador, por ejemplo, venía, trabajaba sus meses de verano y después se volvía con su familia. Su familia podía estar en Corrientes o en Punta Arenas (Chile).
       ¿Cómo se decidió poblar precisamente esta zona, lo que hoy es nuestra ciudad?
       El proceso de poblamiento de Río Grande, se encuentra vinculado a un proceso mayor. Es cuando en la segunda mitad del siglo pasado el país, que estaba comprendido nada más que por catorce provincias, comienza a organizarse a través de la Constitución del año 1853, y comienza a ganar los espacios interiores que en aquel momento estaban en manos del indio. Tras el proceso militar, conocido con el nombre de la Conquista del Desierto, quedó un vasto sector por consolidar la ocupación por parte del gobierno de Buenos Aires, pero existía un doble interés sobre la región. Tanto Buenos Aires como Santiago (Chile) aspiraban a ser los herederos de esta parte del dominio español, sobre los cuales se habían consolidado muy pocas posesiones. Por ejemplo, desde la década del ’40 del siglo XIX, existía en el Estrecho de Magallanes, Fuerte Bulnes primero, y Punta Arenas después, como un asentamiento argentino. Pero para ésa época, Argentina estaba con un asentamiento sureño en la zona de Viedma y Carmen de Patagones, lejísimos. El asentamiento en Malvinas lo había perdido en manos de los ingleses. Repartirse todo este territorio fue producto de una diplomacia, que en el año 1881 trazó un límite, que después con el tiempo se fue perfeccionando y que delimitó todas las comarcas australes entre Argentina y Chile. En el caso de Tierra del Fuego, también pasó lo mismo, media Tierra del Fuego para Chile, media Tierra del Fuego para Argentina, y algunos conflictos que se fueron perpetuando en el tiempo. Pero, el poblamiento efectivo de la región de Río Grande, no fue por una inversión del Estado argentino, sino fue por el interés de los particulares que descubrieron que en estas áreas, se podía dar con mucha facilidad la cría de ganado ovino, de la oveja; y que la producción de esa lana y de esa carne ovina podía servir a los mercados europeos, fundamentalmente al mercado inglés. En esta zona, podemos decir que llegaron antes las estancias que la población en sí, la población después existió porque existían las estancias. Y las autoridades argentinas llegaron para regular el funcionamiento del comercio, de la industria, de la ganadería para convocar al orden a través de sus efectivos policiales; y también en alguna medida para cobrar algunos tributos y para hacer flamear la bandera argentina en un ámbito que no era muy diferente, no era muy diferente una estancia de la Tierra del Fuego argentina que otra de la Tierra del Fuego chilena, los dueños eran los mismos: Menéndez, Sara Braun tenían estancias tanto de un lado como del otro.
       Sí, eso lo noté el verano pasado cuando visité Punta Arenas, me llamó la atención ver una calle con el nombre de José Menéndez.
       Claro, acá hay una calle con el nombre de José Menéndez que está en Chacra, pero acá hay una calle Fagnano que está en Punta Arenas también. Los restos de Fagnano están sepultados en Punta Arenas (risas). Hay una escritora, ya fallecida, de Santa Cruz, Elsa Barrelía, historiadora, ella hablaba de una región autárquica en el sur. Ella decía que prácticamente todas las tierras al sur del río Santa Cruz, tanto argentinas como chilenas, más Malvinas, formaban parte de una entidad económica que se manejaba autárquicamente, que funcionaba por sí sola. Al margen de que hubieran tres Estados distintos, o sea el Estado británico, el Estado argentino y el Estado chileno. En realidad, los dueños de toda ésta región eran los mismos capitalistas.
       ¿Cómo fue el proceso de fundación de Río Grande?
       En realidad, a partir de los años ’90 (siglo XIX) ya se hace una reserva del lote 41 de la demarcatoria de tierras para la construcción de un pueblo, y ahí es como espontáneamente van apareciendo las primeras instituciones. Creo que en el año 1895 aparece la Policía, que no tenía local propio, acampaban en carpas al lado de la Misión, que se supone que para aquella época estaba en la zona próxima al cementerio; posteriormente cuando la Misión se quema la Policía se va a la Margen Sur, donde se está instalando la estancia Primera Argentina en 1896, y la Misión se va en 1897 al lugar donde ahora la conocemos. Posteriormente en el año 1917, se instala la Sub-Prefectura, por una necesidad: se crea un frigorífico y es necesario que alguien controle la regulación del tránsito de entrada y salida de las embarcaciones, y al mismo tiempo que cumpla las funciones aduaneras, es decir, de controlar qué era lo que entraba y qué era lo que salía, sobre todo porque el Estado pagaba una prima en la producción de carne ovina, es decir, el frigorífico era una actividad subvencionada, por cada animal que se exportaba, el Estado pagaba una pequeña contribución que de todas maneras era importante como estímulo a ésa actividad que se desarrollaba en la Tierra del Fuego. En Río Grande hubo una realidad: siempre llegó primero la actividad privada y después llegó la actividad estatal. Por ejemplo, hace unos días, la Escuela Nº 2 estuvo festejando 75 años, y los 75 años es un reconocimiento oficial que se dio en el año 1926, cuando en realidad ya existía desde hace cinco años antes la labor de algunos maestros que comenzaron a enseñar sin esperar que llegara la autorización de Buenos Aires como para que ello funcionara. El Juzgado de Paz de Río Grande, que está al lado del Hotel Villa, antigua construcción, la hicieron los vecinos por suscripción propia, no esperaron que el gobierno nacional viniera a poner la plata; el edificio de la Municipalidad fue escuela, y fue pagada por los vecinos que realizaron desde carreras cuadreras hasta juntaron dinero para obtener su propio recinto escolar. Hubo por ejemplo marcadas diferencias entre Ushuaia y Río Grande. Río Grande era una comunidad que casi no necesitaba del Estado, en Río Grande las cosas se iban dando en la medida de las urgencias que se creaban y la gente se autoabastecía, a veces eficazmente y otras veces no. En Ushuaia por el contrario, todo lo daba el Estado: todo dependía de la Gobernación, del Presidio, toda la gente trabajaba en el área del Estado. Para que vos te des una idea, en el año, creo que fue en 1970 cuando el señor Néstor Nogar se hace cargo de la Municipalidad de Río Grande, habían 14 empleados en la Municipalidad, cuando él se va, en el año 1973, hay 16 empleados y un secretario político, y lo criticaban, porque decían que había tomado mucha gente, que había tomado muchísima más gente. Y si uno compara la realidad de ése momento, con la realidad actual donde prácticamente casi todo el mundo trabaja en la administración pública.
       En Ushuaia.
       ¡Y acá! Acá en Río Grande también. Porque hoy, ¿qué cantidad de gente trabaja en relación con las estancias, con la madera, con el petróleo? Muy poca. Con las fábricas cada vez menos. Es como que el gran empleador aquí pasó a ser el Estado, que es una señal de la crisis. Esto en su momento, era capital económica de la Tierra del Fuego porque se autoabastecía, no necesitaba favores del gobierno para superar muchas dificultades. En cambio, en los últimos tiempos se ha hecho crisis, o sea, la población creció en una medida que la actividad privada no la puede soportar y entonces el Estado es el que ofrece el gran resguardo. Acá por ejemplo, en Tierra del Fuego, las primeras escuelas tanto a nivel primario, secundario como terciario fueron toda iniciativa privada. En la actualidad ya no, en la actualidad uno ve que hasta en las escuelas privadas los sueldos los paga el Estado.
       ¿Usted conoció a algún habitante Selk’nam personalmente?
       Tuve oportunidad de conocer a varios. Tengo un libro, que se llama Los Selk’nams: de Ausencias y Presencias, en el cual, en el momento que lo compagino habían ocho vivos y ocho muertos, entonces son evocaciones y situaciones documentadas en relación a cada uno de ellos. Y en el trajín, de pasar de la idea libro al libro concreto, se fueron muriendo tres: Segundo Arteaga, Virginia Choquintel y Pablo Pacheco. La muerte última fue la de Virginia, que a mí particularmente me dolió tanto que cuando muere Pacheco, cuando muere Segundo, yo modifico los capítulos destinados a ellos con la idea de actualizarlos. Pero cuando murió Virginia, yo dije: No, dentro del libro Virginia va a seguir viva, porque ya era una cuestión que se desencadenaba de manera tremenda. Yo creo que en mí salió una situación particular, porque trabajando mi padre en aquellos años en el campo, en la zona rural, más que yo conocer a los indios, los indios me conocían a mí (risas), entonces, en casa, se han dado muchos testimonios, hay fotos con ellos, hay recuerdos de ellos porque tenían amistad con mis padres, con algunos tíos. Y ya en mi infancia, y en mi adolescencia, pude tener algún trato sobre todo con Ángela (Loig), la cual concurría asiduamente a entrevistarse con doña Anne Chapman, una investigadora franco-norteamericana, que ha trabajado mucho en el ámbito de la Tierra del Fuego, por encima de nuestro interés, o sea, acá hay situaciones que son particulares. Tal vez si hubiera sido por los argentinos, nunca se hubiera investigado mucho con respecto a los aborígenes. Siempre los grandes investigadores de nuestros temas antiguos han sido gente que vino de lejos: el austriaco Martín Gusinde, por ejemplo que ha hecho una obra monumental, Anne Chapman, en el fondo más reciente. Y ahí la trataba a Ángela, lo que nunca yo pude disociar es que de los indígenas yo siempre me hice como una imagen común, en alguna medida era gente pobre, gente de trabajo, nunca los pude ver como muy diferentes a mí. Tal vez cargaba con algunos estigmas, con algunas limitaciones, se quería desconocer que tuvieran algún derecho. Cuando se dieron esos derechos, se dieron en forma tardía y hoy los que se benefician son algunos descendientes de ellos, cuando en realidad los padres y los abuelos indígenas vivieron prácticamente en la miseria, buena parte de ellos.
       ¿Y por qué se extinguieron los Selk’nam?
       Bueno, el proceso es múltiple. Luis Garibaldi, que era mestizo, probablemente descendiente de italiano y de madre haush solía decir que el tema fueron las enfermedades, la bala (muerte por arma de fuego) y el alcohol. Entre las enfermedades tenemos que entender que los indígenas que vivían en la Tierra del Fuego no tenían contacto con otras culturas, por lo tanto no tenían defensas para las enfermedades que el hombre europeo portaba. Fue una guerra invisible, la guerra de las enfermedades contra ellos: desde las enfermedades venéreas hasta la viruela, el sarampión, la tos convulsa causaron estragos entre la población aborigen. El hecho de la bala ya presupongo era una acción deliberada. Es decir, hubo gente que se encargó de matarlos; y en los albores de la historia de la Tierra del Fuego aparecen varios nombres de personas que son sindicadas como cazadores de indios, incluso hay un célebre juicio que se hace en el año 1895 en Punta Arenas que se llama Vejámenes a los Indios de Tierra del Fuego, sobre los cuales Carlos Vega Delgado, un historiador de Magallanes (Chile) está por publicar tres tomos en éstos próximos días, en los cuales se desarrollan precisamente todos los testimonios de aquel momento que hablan precisamente de que a los indígenas no se los trataba de la mejor manera. Y se da un listado de una serie de veintena de personas que vivían de cazar indios, el famoso tema una oreja de indio, una libra esterlina. Y el tercer factor, el alcohol ya entra con la cuestión social. El consumo de bebidas alcohólicas entre los indígenas indudablemente los lleva a una situación de... de desencuentro interior, de reyertas, de peleas, muchos indígenas se mataban entre ellos en medio de sus alcoholismos. Y muchos también ingresaron en situaciones que no pudieron revertir, a uno le llamaba la atención por ejemplo: muchos indios no tenían mujer; las indias, en buena medida, que sobrevivieron, estaban casadas con hombres blancos, que probablemente las trataban mucho mejor que los indios. El indio por ahí era muy imperativo con su mujer, muy machista. Entonces el mestizaje fue otro factor de disolución, de la etnia. Porque una cosa es la supervivencia de la etnia: si van teniendo hijos, casándose entre ellos; y otra cosa es cuando ya se casan con otros grupos humanos: ya llevan otros apellidos, ya llevan otra identidad genética, ya llevan otras costumbres. Ahora por ejemplo en Tierra del Fuego, existe una comunidad aborigen, que está integrada por más de 500 personas. Casi todos ellos tienen una abuela, o una bisabuela o un bisabuelo aborigen, es decir, una parte pequeña de su existencia. Algunos de ellos podrían estar en el Círculo de Residentes Gallegos, no sé... chilenos, porque tienen más sangre de otros elementos que la suya propia, que la que reivindica, es mestizaje. El mestizaje fue un factor tremendo de dominación, y en algunos casos el mestizaje fue compulsivo. Por ejemplo, casi todos los policías que llegaron en los primeros tiempos, solían tener mujeres a su servicio en los destacamentos policiales. Con las cuales en algunos casos tenían hijos que eran mestizos, y que no en todos los casos eran reconocidos por esos policías. Así que todo eso es un factor de desaparición de ellos. Yo me quedo con éstas tres definiciones que da Garibaldi: los mataron las enfermedades, la bala y el alcohol como un vicio social, ¿no?
       Cambiando un poco el tema, ¿quién fue Julio Popper?
       Bueno, Julio Popper fue un ingeniero rumano que llegó por el año 1886 por primera vez explorando la Tierra del Fuego. Se sentía muy interesado en conocer éste lugar, puesto que se había hecho un importante hallazgo del lado de Cabo Vírgenes de oro, que fue lo que él buscó en la Tierra del Fuego. Después de ésa exploración del año ’86, montó una empresa que se llamaba Lavaderos de Oro del Sur, la cual funcionó con cierto éxito durante algunos años, gracias a los capitales que aportaron mucha gente de Buenos Aires porque veía que era un gran negocio, buscar oro en Tierra del Fuego. Finalmente él tuvo también otros proyectos: quiso construir una colonia pastoril, en la desembocadura del río Grande utilizando mano de obra aborigen, y para eso consiguió que el gobierno le cediera en parte, gratuitamente y que él comprara a precio muy barato algo así como cuarenta mil hectáreas, me parece, en la margen sur del río. La que después de su muerte fue comprada por Luciano Fernández, y más tarde por José Menéndez, que dio vida a la estancia que se llamó Primera Argentina, que era una estancia que iba entre la costa y la cordillera. Hoy hay muchas estancias donde antes estaba Primera Argentina. Donde estaba Primera Argentina, hoy están: José Menéndez, Cauchicol, Despedida, Rosita, San José, toda la zona de Radman, estancia San Luis, estancia Cabo Peña. Todo eso era una gran estancia, un gran latifundio que en algún momento fue de Julio Popper. A Julio Popper se lo ha sindicado por allí al pasar, como un matador de indios, que indudablemente los mató él, como los mataron los mismos salesianos. Los salesianos en algún momento, que estaban aquí con ciertos afanes de evangelización, si algún indio se les puso bravo, y el tema estaba entre el indio y ellos, se llegó a recurrir a someterlos. Aunque ellos trabajaban mas bien con perros.  Para los indígenas había una presencia extraña, que estaba ocupando su lugar, les estaba dejando sin territorios de caza. Y ellos no veían que hubiera una razón de estricta justicia para que eso ocurriera. Aunque una parte importante de los aborígenes fueron adoptando usos y costumbres del invasor, y yo creo que por sobre todas las cosas las mujeres. Las mujeres fueron más proclives a adoptar formas de vida distintas a la que tenían en orden tribal. Y esa descomposición de la sociedad selk’nam, es la que precipitó en parte también su extinción. En Julio Popper hay antecedentes concretos de algunas fotos donde lo muestran junto a cadáveres de aborígenes. Pero... existen otros personajes de ésta historia, entre ellos Ramón Lista, que llegó en el mismo año que Julio Popper, el cual protagoniza de entrada nomás en San Sebastián, una matanza de entre 25 y 28 onas. A los cuales parece ser que deciden atacar, porque venía la noche y no se sentían seguros de lo que podía pasar, estando ellos cerca. Es decir, había un clima de desconfianza natural. Pero estas matanzas que se dieron en el ámbito de la Tierra del Fuego, no son muy distintas de lo que ya había hecho el Ejército argentino en el norte de la Patagonia, con la Campaña del Desierto. Son, llamémosle, sacrificios menores, dentro de ésa otra empresa que cuantificadamente mató a miles, ¿no? Acá puede decirse que en el proceso del conflicto habrán matado a doscientos o trescientos indígenas, directamente.
       Adelantándonos un poco más en el tiempo, ¿cómo se vivía en Río Grande durante la última dictadura militar?
       Bueno, acá en Tierra del Fuego se dio una característica muy particular. En Tierra del Fuego podemos decir que casi siempre, sobre todo a partir del año 1943, cuando se forma la Gobernación Marítima de la Tierra del Fuego, casi siempre nuestras autoridades fueron de origen naval, de origen militar. Los gobernadores, aunque cambiaran las dirigencias políticas a nivel nacional, siempre era un marino. Es decir, que la Marina siempre tuvo un ascendiente en éste lugar, y en aquellos años era institución de control, de todo lo que pasaba dentro de la sociedad. Casi siempre había un suboficial, retirado de Marina que estaba a cargo de la Intendencia. Y en casi todos los cargos públicos se colocaba a personal que tenía vinculación con la institución naval. Y en muchas circunstancias también, se promovía doble empleo. Es decir, que era raro encontrar una repartición donde no hubiera gente del proceso. Por lo tanto, podemos señalar que no era un lugar donde se podría generar una reacción natural contra el gobierno militar. Más aún, si acá el poder militar, tal vez existía antes del golpe de Estado, y tal vez siguió existiendo después, del golpe de Estado. Por lo tanto no hubo marcado conflicto. Yo quiero señalar, como situaciones de conflicto, alguna serie de allanamientos que se dieron después del golpe de Estado, que terminaron por llevar a prisión a algunas personas que habían pertenecido al gobierno justicialista, sobre todo a la esfera comunal. Y que con el correr del tiempo fueron sobreseídos por la justicia porque no habían argumentos como para que pesaran en su contra. Pero que con la prepotencia propia de esos días, hubo gente que perdió su empleo, que después algunos lo recuperaron con los años, cuando volvió la democracia. Y digamos que el clima que se vivía en la Tierra del Fuego no era muy diferente al que se vivía en el resto del país, con la salvedad que podíamos decir que aquí todo se conocía. O sea, en Río Grande, por ejemplo, no hubo desaparecidos. En Río Grande hubo malos tratos pero no hubo tortura. En Río Grande hubo dos muertes después de la guerra de Malvinas, lamentables ellas porque fueron dos mujeres. Pero no hubo enfrentamientos... con armas de fuego entre civiles y militares para imponer el poder. Sino que, en la medida en que todos estábamos vigilados, nos comportábamos como con cierta libertad condicional, por así decirlo. Y, lo que es real también, es... que por aquellos años, y en la Tierra del Fuego, hubo una marcada militarización, que creo que ha perpetuado hasta nuestros días. Por ejemplo, es muy distinta la forma en la cual se interpreta, los hechos de Malvinas, del año ’82, de lo que se interpreta en el resto del país. Aquí uno a veces siente, cómo se expresa la gente, que participó de una manera u otra en el conflicto de Malvinas, y pareciera que están dispuestos mañana a embarcarse en una empresa similar, como sería ocupar de vuelta las Islas Malvinas. En el resto del país se habla de que eso fue una aventura dirigida por un borracho, que era Galtieri. Y que así nos fue, que es un episodio que esperamos, no se vuelva a repetir. Pero en Tierra del Fuego es como que se endiosa toda esa acción. Hubo dos factores, que creo que han sido determinantes de nuestra conducta, y que son herencia del proceso de las cuales todavía nos despegamos: una fue estos hechos de Malvinas, y la otra fueron los hechos del ’78 con Chile. Aquí existía una mayoría de población de origen chileno, que experimentó en carne propia su postergación, durante éstos tiempos en los cuales el enemigo era el vecino país, al no resolverse todavía el tema del Beagle. Entonces se vio una situación militar, en la cual se duplicó la población de Río Grande por presencia de tropas, que finalmente no prosperó en una guerra, pero que generó un clima de desconfianza muy amplio. A todo esto hay que señalar que a Tierra del Fuego la gente solía llegar reclamando beneficios por el sólo hecho de ser argentinos. O sea, que llegaban, decían: Yo soy argentino, me encuentro en la Tierra del Fuego, estoy dispuesto a dar mi vida por este lugar, ¿quién me da un empleo? ¿quién me da una casa? Y entonces fue una época en la cual reclamar soberanía, te convenía desde el punto de vista de la reproducción material. Y así creció la 19640. La 19640 es una ley que inicialmente no servía para mucho: cigarrillos baratos, perfumes baratos, autos baratos. Un día alguien descubrió que podía poner fábricas, y que si ponía fábricas la gente iba a tener trabajo. Y a los que le iba a dar trabajo, era a los argentinos. Y que si habían más argentinos en este lugar, estaba en mejores condiciones de enfrentar un posible conflicto con los vecinos, con los chilenos. Hay gente que, todavía arrastra desde aquellos años del proceso, su enemistad con Chile, hay gente que arrastra su ansiedad por recuperar las Islas Malvinas, que son situaciones que por ahí en otro orden del país ya desaparecieron. Ya Chile, ¿qué es? ¿Salas? No, Salas ya se fue, ya no juega más en River. Chile, ¿quién es? Ya no existe, no existe. En Buenos Aires no existe Chile, como problema, como conflicto. ¿Y Malvinas? Y Malvinas sí, allá, pero ya fue. Los chicos de la guerra tienen 40 años ahora.


       Me imagino que en Buenos Aires no usan ese insulto fronterizo que usamos acá...
       Chilote de mierda. Claro, es un insulto fronterizo. Yo supongo que del lado chileno debe haber otra forma de insulto, porque no es que del otro lado estén libres de tener prejuicios. Yo recuerdo que en una época analizábamos una situación, y decíamos que por ejemplo, que en Argentina, el prototipo habitual del delincuente en Río Grande, era un chileno borrachito. O sea, ese era un chileno cargado de copas, era el que robaba, el que peleaba, hacía líos. Ese era el delincuente típico de Río Grande. En cambio en Punta Arenas, el delincuente típico era un argentino con una chequera (risas), es decir, un delincuente económico. Y yo tengo una colección de noticias, de tapas de diario, donde el hecho de que un argentino cometiera un delito en Punta Arenas aparecía a grandes titulares como un hecho que les afectaba a todos. Y acá en Argentina también, yo recuerdo que hace unos años, salió un titular que decía: Chileno mató a tres argentinos y se suicidó. Y resulta que el chileno que mató a tres argentinos, había matado a su mujer y a dos hijos. No lo hizo creo que por una cuestión nacional, dentro del raye que tenía, porque evidentemente no estaría muy sereno, en su momento, mató a su mujer y a los dos hijos que da la casualidad que eran argentinos. Pero no creo que los haya matado por motivos internacionales. Pero acá es como que se ha fomentado esa situación. Y existe eso que vos marcabas, que algunos sociólogos lo han estudiado, que se llama la chilotización, donde a veces es curioso: el hijo del chileno, habla mal del chileno, y él es hijo de chilenos. O sea, ¿qué es lo que tiene de diferente? Nació acá, pero mamá y papá son chilotes. Y lo otro que ocurre, es que en realidad, desde otro punto de vista, se da un hecho sociológico que es importante: el chilote, así despreciado, no es el chileno viejo que vino acá en su momento, a trabajar, a hacer las zanjas, a trabajar el campo, a poner su bolichito, a levantar su casa. El chilote despreciado es el hijo, de ése chileno, que es argentino, en los papeles dice que es argentino. Lo mismo que si hubiera sido hijo de un británico. El chilotizado no es el chilote de nacimiento, sino al hijo del chilote se lo ve más chilote que al chilote mismo. Y en la práctica vos has visto que hace unos años, era común que en la política, existiera cierto ascendiente en cada partido, de algunas figuras, que tenían origen... ese origen social. O sea, eran hombres y mujeres nacidos en la Tierra del Fuego, en algunos casos naturalizados, cuyos padres habían sido inmigrantes chilenos. Y esa gente llevaba votos, era respetada o tenía consenso. En la actualidad esa situación totalmente cambió. Si vos ves por ejemplo, los resultados de las últimas elecciones, vas a descubrir que los tres senadores y los dos diputados que han sido elegidos, no tienen, ninguno de ellos, nacimiento en Tierra del Fuego, partamos de la base, y ninguno tiene ningún vínculo con la comunidad chilena. Sino que son de un estrato migratorio mucho más reciente. Incluso la diputada que está, hace cinco años que llegó a Tierra del Fuego, y ahora es diputada (pequeña risa).
       ¿Le parece que al pueblo riograndense le tendría que importar más la historia del lugar?
       Yo creo que al pueblo de Río Grande le importa mucho la historia del lugar. Le importa mucho más que a los pueblos de otros lugares del país. Yo a veces encuentro gente que se pregunta lo mismo que decís vos... una vez me pasó, te cuento una anécdota: tomo un taxi, entonces el taxista me identifica, y me dice: Mingo, es increíble la juventud qué falta de respeto y conocimiento que tiene por la historia. Y yo le digo ¿Por qué? Y dice: Porque llevaba unos chicos en el taxi, recién, y se rieron de la estatua al indio Cauchicol, que se levanta en la avenida San Martín allá a la altura de la estación de servicio nueva. Y dice: Entonces yo le pregunté a los chicos “¿ustedes saben quién es el indio Cauchicol?” Y los chicos dijeron “no”. Dice: ¿Será posible que ustedes, que son alumnos del Colegio Don Bosco (los conoció por el uniforme), los salesianos que tanto dieron por la Tierra del Fuego, ustedes no tengan respeto por el indio, porque ellos vinieron acá por el indio, no vinieron por ustedes, vinieron por el indio, ¡Que ustedes no sepan quién es el indio Cauchicol! Entonces yo les expliqué quién era el indio Cauchicol. Bueno, le digo, realmente lo felicito por lo que ha hecho, pero ¿usted de dónde es?, y dice: “Bueno, yo soy de Mendoza”. ¿De qué parte de Mendoza es usted?, “Y yo soy del sur de Mendoza, de San Rafael” Y yo le digo: San Rafael queda en el departamento de General Gutiérrez, ¿y usted sabe quién era el General Gutiérrez? Y me dice: “No, la verdad que no ¿era pariente suyo?” Y yo le digo: ¿Ve? ¿usted se da cuenta que usted sabe más de la historia de Tierra del Fuego que de la historia del lugar donde nació y donde vivió durante muchos años?. Entonces, eso es una realidad, nosotros, creo que tendríamos que saber mucho más de nuestra historia. Porque la historia también nos ayuda a que no nos equivoquemos, otra vez. A pesar de que dicen que el ser humano tropieza dos veces con la misma piedra. Ese es el rescate que podemos hacer de lo histórico. Pero en términos generales, uno va a lo mejor, a Bahía Blanca, o a San Juan, o a Salta, y la gente sabe mucho menos de la historia de su lugar, que lo que sabe el común del vecino de Río Grande que a lo mejor, no le cuesta saber que José Fagnano fue un cura y José Menéndez fue un estanciero. Y que sabe que la Misión está ahí, y por qué estuvo, y que en cierto momento tiene ciertas reivindicaciones con respecto a algunas instituciones y algunas cosas. Pero sí creo que eso es una inversión socialmente útil. O sea, todo lo que se haga a favor de conocer nuestro pasado va a servir para nuestro futuro. Y a veces la historia no tiene que ser solamente la historia de los pioneros, tal vez todos tendríamos que conocer la historia de nuestra familia, la historia de nuestra escuela, la historia de nuestro club. Porque es un reconocimiento a aquellos que haciendo algo antes que nosotros, posibilitaron lo que nosotros tenemos ya hecho, un mínimo reconocimiento. Ser agradecido, que la historia sirva para ser agradecido.
       Los museos de la ciudad, ¿qué aporte hacen para que los riograndenses se acerquen más a la historia del lugar?
       Yo creo que hacen un aporte interesante. Pero... no son reservorios de documentación. No son lugares donde uno si quiere saber algo más puede ir y examinar libremente, sino que funcionan a modo de vidrieras, o sea, uno va, y ve lo que ellos tienen expuesto. Pero si uno quiere saber algo más, no tienen áreas y departamentos de investigación que puedan fomentar inquietudes como las tuyas. Vos vas y te muestran, te dicen: Bueno, acá está esto. Y si vos querés saber más, se acabó, te mandan a ver a otra persona, que está fuera de la institución, a lo mejor, para la cual te explique. Y no tienen presupuesto para investigación. A veces si ellos dispondrían de pequeños presupuestos, te voy a dar una idea: necesitamos tener la historia de todas las escuelas de Río Grande, porque queremos. Y para eso podemos comisionar, formar un grupo de gente que la estudie, y le damos un presupuesto que van a ser, no sé... quinientos pesos por mes, durante un año. Es decir, durante un año, durante diez meses. Quinientos pesos por mes, cinco mil pesos. Con cinco mil pesos que nos hagan un relevamiento total: nos escriban la historia, nos traigan fotos, las escaneamos, las metemos en un CD, la idea que se nos ocurra. ¿Alumnos de dónde? De escuelas, por ejemplo, que tengan un poco más de tiempo. Ese dinero, esos quinientos pesos les van a servir para comprarse unos chicles, o para reinvertirlos en CD, o para comprarse una polerita, entre ellos, van a ser tres chicos. Cinco mil pesos no tienen ahora, por año. Y son dos sueldos, de dos empleados en un mes, de estar ahí, sin hacer mucho. Entonces yo creo, que faltan políticas de fomento, de la investigación, y de la difusión. Si se diera por la cultura, en Tierra del Fuego, el diez por ciento de lo que se da por el deporte... pero seríamos Atenas, más o menos, para que te des una idea (risas), eso es sin lugar a dudas lo que seríamos. Y lo que sí hay, hay políticas de difusión, o sea, uno va en Ushuaia, donde hay instituciones museísticas importantes: el Museo del Fin del Mundo, el Museo Marítimo, que funcionó la cárcel; también un museo yámana, de maquetas. Y uno va, y tiene que pagar, en un lado dos pesos, en otro lado cinco pesos, y en otro lado siete pesos. En Río Grande, vas al Museo Municipal y no te cobran nada, más aún, te van a buscar, te fomentan que vayas, que entres. En el de la Misión, te cobran dos pesos pero todos se hacen los giles, miran para otro lado... es decir, no se da esa colaboración espontánea de la gente, cuando uno dice: Che, me gusta esto, lo dejo aunque no me lo piden. Creo que también eso es un factor de debilidad nuestro. Nosotros somos muy pedigüeños, los riograndenses, somos muy... muy... murmuradores, muy pedigüeños. Estamos siendo cada vez más mezquinos, y eso es una situación que tendríamos que revertir. Con nuestras instituciones y en todos los órdenes. O sea, cuando uno descubre por ejemplo, que en los clubes de Río Grande nadie paga las cuotas, entonces, ¿para que te afiliás a un club? Si nunca pagás las cuotas. Los funcionarios políticos nunca pagan las cuotas políticas que les corresponde por ser funcionarios, hay que andar corriéndolos con la planillita. Es una comunidad que poco a poco está perdiendo su solidaridad, que era una característica de otros días. Y tal vez vendrá otra generación, que ojalá, replanteé todo esto. Porque la generación mía, que yo soy un hombre de 48 años, es la que está marcada precisamente con todos estos defectos.
       Usted también se desempeña como periodista...
       Sí.
       ¿Qué le atrajo del periodismo?
       Uhh (suspiro)... porque en el fondo, yo me considero un escritor desde un tiempo a esta parte. En la medida que todo lo que hago lo vuelco, a la palabra escrita, y es mi principal vehículo de comunicación. Pero yo creo que el periodismo... fundamentalmente me da la oportunidad de, de lo cotidiano, rescatar lo cotidiano. A mí me parece que, yo he conseguido con el correr del tiempo, hacer de la historia algo cotidiano, y hacer de lo cotidiano, algo histórico, cosa que en otro momento, por ahí, no se daba. Entonces, repentinamente, un objeto que usamos todos los días, puede convertirse con el devenir del tiempo en algo... trascendente. O sea, ésa máquina de escribir, que está ahí atrás, hace unos días, por ejemplo, vinieron unos chicos de un jardín de infantes, que tienen cinco años, a conocer la radio, y ¿qué es lo que más les maravilló? La máquina de escribir; casi no existe, ya es un objeto de museo (risas).
       Ahora se usa la computadora.
       Claro, ahora la computadora, ésta es vieja, no vale nada comparado lo que vale ésa máquina de escribir que es más vieja, todavía, está jerarquizada. Pero... yo creo que ésa ha sido mi especialización periodística. O sea, yo no estoy especializado por motu proprio, por trabajo de vida... yo desde el año 1970, treinta años que estoy con éste tipo de búsqueda. O sea, yo no he querido hacer periodismo deportivo, yo no he querido hacer... periodismo frívolo. Yo todo lo que he querido hacer, es llevar a lo periodístico las crónicas del ayer, los conocimientos del ayer. Y bueno, eso lo expreso a través de varios emprendimientos, en el diario El Sureño tengo diariamente un espacio que se llama Cordón Cuneta donde publico una foto, con intención histórica, tengo 5.800 fotos para publicar, lo que es aproximadamente una foto diaria hasta dentro de 19 años. Y todos los días estoy recibiendo más fotos que la gente me confía, que yo se las devuelvo. Tengo 1.482 fotos del Batallón de Infantería de Marina #5, escaneadas, nada más, de una institución, para que vos te des una idea de lo plural que puede llegar a ser esto. Mensualmente hago en el diario El Sureño una columna, un suplemento que se llama Rastros en el Río, en los próximos días va a salir un libro que se llama Rastros en el Río, que es la recopilación de las crónicas que yo hice en ése mismo diario hace diez años. En la revista de TV Fuego escribo una columna que se llama Río Grande en Sepia; en Radio Nacional Río Grande, hago semanalmente los sábados, un programa que se llama Fronteras del Pasado, donde converso con vecinos, acerca del ayer, y que este año, para el mes de Diciembre vamos a llegar al programa número 400. Y en casa hay más de 4.000 horas grabadas, con reportajes a antiguos vecinos, que cada uno cuenta su parte de vida, ¿no? Y que lo tengo ahí, formando parte de ésa, de ésa colección todavía sin ordenar mucho, que yo te decía ¿no?, para la cual siempre te falta tiempo para ordenarla. Yo sé que probablemente nunca más voy a volver a escuchar cuatro mil horas, de grabación. Son las grabaciones que yo comencé a hacer a partir de mediados de los años ’70... pero intensivamente a partir de los años ’80, y exhaustivamente a partir de los años ’90. Yo prácticamente, no hay un día que no esté haciendo una conversación de tipo histórico. Y ahora estoy trabajando en base a un proyecto que se llama Capítulo 1, que creo que va a salir a partir del año 2002, que la idea es hacer un abordaje a los treinta últimos años de historia, de Tierra del Fuego, es decir de 1970 a 2000, con una base de ciento veinte entrevistados, de los cuales tengo en este momento, setenta y ocho. Y las entrevistas –mañana tengo que hacer una, todos los días estoy en ésa producción.
       ¿Por qué el nombre Cordón Cuenta para su sección en El Sureño?
       Eso es todo un misterio, hay varias versiones (se ríe). Yo siempre bromeo con eso: hay varias versiones. El cordón cuneta fue una señal de progreso. O sea, cuando llegó el cordón cuneta, al poco tiempo llegó la vereda, al poco tiempo llegó el asfalto, al poco tiempo llegaron ciertas normas: los autos tenían que estacionar junto al cordón cuneta, los chicos tenían que jugar en la vereda, ya no podían bajar a la calle. Así que el cordón cuneta delimitó el mundo, pero a su vez significó una situación de progreso. Y fijáte que hay lugares en Río Grande donde todavía no hay cordón cuneta: atrás del asilo de ancianos, atrás del ex-hotel Los Yaganes, en pleno centro ¿no? Esa es una de las versiones, después cuando nos volvamos a encontrar, en otra oportunidad, yo te voy a contar otra versión. Porque tantas veces me lo han preguntado, que yo he ideado... distintas versiones para distintos momentos (se ríe).
       ¿Usted también fue Concejal?
       Sí.
       ¿Qué lo llevó a ocupar ése cargo?
       Bueno, yo arrastro, por experiencia de vida, una simpatía por el Peronismo, que se remonta en lo familiar a lo que fue el Peronismo por los años ’50. Mi padre, si bien era extranjero, era chileno, tuvo por aquellos años una vida bastante activa en lo sindical, llegó a ser tesorero, de la C.G.T. Y en el año ’55 cuando cae Perón, como una represalia del gobierno militar de aquel entonces, hacia los sectores que habían estado vinculados con el Peronismo, le quitan a mi padre la libreta de estibador, en el puerto. Por lo cual se queda sin posibilidad de trabajar, como portuario. Entonces emigramos a Chile, a Punta Arenas, de donde era mi mamá, papá era del norte (de ése país), era de Temuco, y allí vivo cinco años. Hasta que en el año ’60 regreso. Los años ’60 no fueron años de plena vida democrática, pero sí fueron años de una prédica anti-Peronista continua por parte de todos los gobiernos. Gobernantes como Illia, que llega en su momento a la Presidencia de la Nación, llega con una escasa representatividad, porque el Peronismo no podía participar de los hechos políticos. En los años ’70 yo me sumo a un gran movimiento que se da en todo el país, sobre todo con sectores de la juventud, que esperan encontrar en el Peronismo un movimiento de liberación. Tal vez muy similar a lo que estaba ocurriendo en otros países de América Latina. Había luchas por formas sociales más justas en Uruguay, en Chile, en Perú, todo eso se frustra en el año ’76. Cuando se da la salida democrática después del momento de Malvinas, una comadre, que sabía de mi identidad política, me mandó, a Tito Martínez a mi casa para que me afilie, el día que cumplí treinta años, como regalo de cumpleaños. Y al poco tiempo, en el participar de las reuniones de Unidades Básicas, el encontrarte con la gente, el dialogar con la política, surgió quien me promovió para ése cargo, para el cual fui electo en las elecciones el año ’83, y bueno, tuve una corta experiencia como Concejal de dos años, que era lo que duraba aquel periodo. Que me acuerdo que estuvo doña Marta Mondino también, por el Radicalismo. Y años después, superadas algunas desinteligencias que tuve con otros sectores partidarios, estuve un año como Director de Cultura, y en el año ’88 dejé la función pública, dejé la militancia política concreta, no renuncié a mi identidad peronista, pero le di prioridad a mi actividad intelectual, por encima de mi actividad política. No he vivido feliz los años ’90, con lo que se replanteó como Peronismo a través de Menem, y por supuesto que tampoco vivo feliz los tiempos que están pasando ahora, porque creo que nos golpea por igual, a Peronistas, Radicales y a todos los argentinos.
       ¿Con qué cargo o profesión de las que ha tenido se siente más cómodo o más identificado?

       Bueno, yo creo que en mi rol de escritor periodista es el que me siento más plenamente identificado. Pero si hay algo que yo creo que disfruto, es el trato con la gente. Yo soy una persona que, pese a que hace unos años volví a tener un vehículo, y con ése me desplazo, no suelo desaprovechar la oportunidad de conversar, con los vecinos. Uno a veces cuando tiene esta formación periodística, y te sentás frente a una radio, te creés que tenés una cátedra, y que vos hablás y que todo el mundo tiene que escucharte, y lo único que puede volver del otro lado son aplausos. Pero yo, ya hace muchos años entendí que uno tiene que cumplir ciertas funciones de traducir los sentimientos comunitarios. Y yo soy realmente muy... muy feliz por esta elección, de labor intelectual que tengo, muy cimentada a partir de los años ’90. Y con un firme compromiso como escritor, yo en los últimos años he podido nombrar algunos trabajos, algunos solo, otros en forma conjunta, que me han dejado mis satisfacciones. O sea, en los últimos tiempos pude hacer un trabajo sobre los Selk’nams, que se editó en Punta Arenas, y que ya va para una segunda edición; el trabajo Temprano Río Grande(ver imagen a la izquierda) que se presentó este año, el libro, que va a salir ahora para la feria del libro, en el mes de Noviembre; un trabajo, un bosquejo general sobre la historia de Río Grande durante siglo XIX, que va a salir en el mes de Febrero, probablemente, que se llama Río Grande: la trama del tiempo. Hubo en forma reciente, también un trabajo, del año ’98 sobre los cincuenta años del petróleo, que hicimos con Néstor Ortiz; algunas contribuciones de un trabajo fotográfico hecho por... Alfio Baldovin, un libro de fotos muy bonito sobre Tierra del Fuego, en el cual yo puse la parte histórica. Es decir, todas estas cosas me mantienen en un clima, en el cual a veces yo no sé si estoy trabajando, o estoy jugando a armar un rompecabezas muy singular, que es el de la memoria de éste lugar ¿no? Un lugar donde por otra parte, yo miro hacia el ayer, y descubro que en este lugar hubo gente buena y gente mala, igual que hoy ¿no? Y gente con capacidad de perdonar, y gente con virulencia por castidad, como siempre suele ocurrir. Descubrir, que esto evidentemente, es una comarca humana. Por muy maravillosa que la podemos situar o definir, es fundamentalmente un lugar hecho por hombres, y en la medida y en la limitación de los Cuadro de texto: ©2001 Molina, Reinoso, Velazco. Todos los derechos reservados.hombres. P