Kalapacte, apuntes sobre su existencia.

Era uno de los muchachos onas que logró escapar de Paris donde era exhibido como antropófago, y llegó a Montevideo donde lo encontró José María Beauvoir llevándolo a Dawson.

Con el tiempo se lo llamó Calafate.(En la foto al centro)

En su ensayo “Bajo tuición. Infancia y extinción en la historia de la colonización fueguina », Julio Joaquín Bascopé, realiza varias observaciones sobre este personaje, una suerte de escudero de Beauvoir.
“Calafate”, “Kalapacte” o “Kalapaten”, fue uno de los fueguinos enjaulados en la Exposición Universal de Paris en 1889, que se había fugado de ella, viajado por Francia y luego embarcado en Liverpool, desde donde volvió a Punta Arenas en 1890. En el viaje de regreso, y cuando “Calafate” rondaba los doce años, coincidió en Montevideo con el salesiano J.M. Beauvoir. Éste lo obtuvo como criado con la ayuda del antecesor del gobernador  Señoret y disputándoselo a la misión anglicana. Durante quince años no sólo realizó tareas domésticas sino que (in)formó la futura etnología fueguina, “contándome gran parte de la Historia [sus Memorias] […] y en modo especial sirviéndome de Lenguaraz (intérprete) y ayudándome a componer el diccionario que después en compañía de los otros misioneros pudimos formar”.
En el Boletín Salesiano puede encontrarse una referencia a una fuga de Kalapacten, donde a criterio de Bascope :  dejó en evidencia no ya su “instinto salvaje”, como pretendía Beauvoir, sino el salvajismo de los misioneros que, tras tres años de misión, aún eran ignorantes del idioma nativo: “¡Lástima que su idioma es cosa difícil de manejar y ellos con no poca dificultad pueden comprender el nuestro! ¡Cuánto bien podríamos hacerles si entendiéramos! ¡Que falta nos hace un intérprete! Esperábamos que Luigi Michele Calafate hubiera servido de ayuda, pero ¡oh, qué amargo desengaño! Nadie es profeta en su tierra, corresponde repetir. Primero dice no conocer más el indio; luego empezó a ejercitarse en el tiro al arco; finalmente, me pidió permiso para ir en busca de su hermano que debía encontrarse en Bahía Inútil. Después de quince días, me llegó en un estado lamentable. Fue alimentado y cambiado entero de pies a cabeza, en la esperanza de que los padecimientos sufridos lo hubieran vuelto sabio en el futuro. ¡Inútil expectativa! Dos semanas después, el retorno en él de los instintos salvajes lo hicieron huir nuevamente, llevándose incluso la llave de la habitación. Cuando vino Monseñor Fagnano la primavera pasada, lo hizo buscar y lo recondujo a Punta Arenas. Todas estas contradicciones y dificultades, sin embargo, no nos asustan, en la esperanza siempre de poder ganar algún alma más para vuestro Señor y asegurar así salvar la nuestra”.
En sus memorias el que fuera primer director de La Candelaria lo muestra siempre a su lado. Así estará en el Amadeo en el frustrado desembarco en el río Grande del invierno de 1893, y más tarde afrontarán los rigores de la espra en la bahía San Sebastián.
Luego del incendio del 12 de diciembre de 1896 sobrevivirá mal vestido. Así lo encontrará Fagnano cuando realice la visita de inspección luego del siniestro y al verlo descalzo que obsequiará sus propias botas.
Como criado, “Calafate” procuró a Beauvoir “el ahorro de un peón (es decir setenta pesos mensuales)” y “con su indianidad y habla” fue clave en los comienzos de las misiones pues “buscó y trajo muchos paisanos suyos”. En una ocasión, realizando este trabajo en los alrededores de La Candelaria, no se tuvo noticias suyas y después de tres meses “se lo encontró en un campamento de indios onas, ya semidesnudo y tan bien avenido con su nueva vida que no pensaba regresar a la misión.
Luis Miguel Calafate, Kalapacte, la existencia de un fueguino que recorrió mundos en tiempos inexorables.