Un libro monumental sobre un marino pionero de este sur.

Magarita y Pepe pusieron en mis manos un envío del compadre Carlos Vega Delgado que indaga en la vida y personalidad de William Low.

Si me estaba quedando sin material de lectura, el libro de Armando Álvarez Salvidia me llena la plana.

Antes de comenzar con su lectura encontré una referencia reciente a la publicación de este voluminoso tomo de 271 páginas, y un escrito anterior que puso en mi las primeras noticias sobre este personale.


Médico natalino investigó la vida y obra del lobero William Low
Por Poly Raín  Lunes 7 de noviembre del 2016

El médico traumatólogo natalino Armando Alvarez Saldivia siempre ha sido un ferviente lector y amante de la historia de la Patagonia en general, sin fronteras, tanto del lado chileno como argentino.
En algunos pasajes de la historia de la Patagonia aparece tímidamente el nombre de William Low, pero nunca se había abordado en profundidad la importancia de este personaje.
Armando Alvarez admite que fue un trabajo largo, de cuatro años de investigación, que ahora se ve plasmado en este libro de alrededor de 400 páginas, titulado “William Low, lobero del fin del mundo”.
La investigación demandó cuatro años y llevó a su autor a realizar algunos viajes a Carmen de Patagones (ciudad de la provincia de Buenos Aires), islas Malvinas (Falkland), Chiloé y también a corroborar algunos datos en el Archivo General de la Nación en Buenos Aires.
Low es un lobero de nacionalidad escocesa que llegó a la Patagonia alrededor de la primera o segunda década del siglo 19. Tuvo una vida fascinante, siendo capaz de dar vuelta al mundo varias veces, de recorrer lugares que en ese entonces se estaban recién descubriendo. Incluso, llegó a cazar lobos en las islas Shetland del Sur, siendo de crucial ayuda para muchos náufragos de la época, entre ellos el capitán John Biscoe, uno de los grandes exploradores en la Antártica.
A través de este libro se va descubriendo la intensa vida de este personaje, que al final termina viviendo en Chiloé y es el padre de una gran familia, que tiene muchos descendientes en Magallanes. “Uno podría decir que todas las personas que llevan el apellido Low son descendientes de este lobero. Al menos los que tienen origen chilote, son descendientes de Williams Low”, planteó el autor de la publicación.
Nació antes de 1800 y murió en 1841 en Chiloé. Es difícil llegar a establecer en qué localidad murió. En el libro se descubre que vivió en Achao, siendo su familia los primeros colonizadores del pueblo de Quellón.
Un capítulo relevante y hasta en cierta manera desconocido, es la participación que tuvo William Low en la heroica sublevación de un grupo de gauchos e indios el 26 de agosto de 1833 en Las Malvinas.
Es la primera obra literaria que edita Armando Alvarez, siendo probable que más adelante pueda escribir otras cosas con la ayuda de sus amigos historiadores.
El financiamiento de esta edición corrió por su cuenta, aprovechando de agradecer al periodista y escritor Carlos Vega Delgado, en cuya imprenta, Atelí, se realizó la impresión.
La obra literaria estará pronto a la venta, estando pendiente su lanzamiento, que se hará en breve en las ciudades de Puerto Natales, Punta Arenas, Quellón y posiblemente en Río Grande, Argentina.

Leído hace unos años en Milodón City…
Un chozno de William Low en Puerto Natales.
Por Héctor Martínez Díaz
A Octavio, Bautista y Almagro

Hay quienes gustan sacarnos pica con eso de que a los natalinos el Cerro Dorotea nos tapa la visión del mundo. Suelo no hacerles caso, más aún si discrepo profundamente de aquello, pues, en lo que mi concierne, por ejemplo, sé, si mal no recuerdo porque lo vi por el canal National Geografic, que existe en las islas británicas una antigua leyenda popular transmitida de manera oral de generación en generación y que habla de que el carácter de un antepasado se repetirá en uno sus choznos.
Mi madre, me contó que mi abuelo, Octavio Díaz Low, alcanzó a tomarme en brazos cuando yo tenía 6 meses, imagino que cultivando eso del bajo perfil de siempre, quizás por el estigma de apellidarse Low (humilde o bajo en Inglés), me miraría silencioso con su callado anarquismo obrero, antes de que su delirante afición a los puzzles y una arteriosclerosis galopante lo llevaran a extraviarse en la pampa del frigorífico nuevo de Natales.
Casado con Ofelia García Alderete, era hijo de Carmen Low Garay, una chilota gringa de ojos verdes, que tuvo con su primer esposo -tempranamente fallecido en el mar- tres hijos Almagro, Bautista y Octavio, y que para los sucesos de 1920 en Natales, se cuenta que la diabla cerró su boliche de venta de vino para ir fascinada a cargar los rifles de los revolucionarios. 

En la Patagonia, en un día cualquiera, el viajero puede encontrar a un galés, a un terrateniente inglés, a un hippy de Haaight-Asbury, a un nacionalista montenegrino, a un afrikáner, a un misionero persa de la religión Bahai o al archidiácono de Buenos Aires en gira bautismal.
O puede dar con personajes como Bautista Díaz Low, domador de caballos y anarquista al que conocí cerca de Puerto Natales en el sur de Chile; y quien con sus propias manos, se había hecho una estancia en medio del húmedo bosque.
Me sorprendió su conocimiento, un tanto embrollado, de la expedición del Beagle: no porque hubiese leído algún libro sobre el tema o tan siquiera supiese leer, sino porque su bisabuelo, el capitán William Low, había sido piloto de Darwin y de FitzRoy a través de los canales. Fue toda una generosidad por su parte atribuir a su "sangre británica" su coraje y absoluto mal genio. 
Bruce Chatwin

Fue, precisamente, mi difunta abuela Ofelia la que me visitó en sueños contándome que los ancestros de mi abuelo eran indígenas, más un email del poeta Hugo Vera Miranda consultando por el hermano de mi abuelo Bautista Díaz Low, lo que me motivó a escudriñar el pasado no siendo yo diestro en la ciencias historiográfica y estando muy lejano mi amigo historiador el Cunco Iván Inostroza, para brindarme sus sabios consejos.
Pensé, primeramente, en seguir la sugerencia del amigo Mattioni, otrora Director Regional del Servicio de Registro Civil e Identificación y acudir a las fichas microfilmadas de las actas de bautismo en Chile, actas que tienen los mormones con las cuales casi de manera gratuita uno puede hacer su árbol genealógico. Desistí, inmediatamente, más por prevención que por temer a la escatología, sabiendo que los fieles a José Smith, acostumbran pedirle a uno como parte de pago que otorgue el permiso para bautizar en su clero a los difuntos, me inquietaba que las almas de mi parentela fueran un tanto iconoclastas y podrían venir todas las noches a tirarme las patas. Así, a falta de fuentes orales vivas y poco acceso a las documentales hube de sumergirme en la vorágine googleana.
Encontré que su bisabuelo fue Williams Low un lobero inglés que repartía su tiempo entre las Malvinas, los canales patagónicos y las islas del archipiélago de Chiloé, y que por su destreza y conocimiento de las mareas, fiordos y canales del Estrecho de Magallanes, fue contratado como piloto práctico ayudando en las dos Travesías de la Beagle por los canales del Sur comandada por Parker King primero, y por Robert Fitz Roy después, incluso a este último, dicen algunos que vende en Malvinas su Goleta Unicorne (Capricorn, según otros), transformándola Fitz Roy en la Adventure. Se sabe que en el viaje traba amistad con Charles Darwin, quien con esa novel curiosidad estigmatizadora, registra como veracidad científica, un cuento que William Low, en esas frías y oscuras de noches de tempestades con ese humor británico, y por el puro gusto de asustar a los marineros, les relataba:

"Yo, por mi experiencia de lobero, conozco el lugar donde vamos y sé, que allí los hombres que se llaman a si mismos yámanas son salvajes caníbales, en invierno y los tiempos de hambruna se comen a las viejas las cuelgan sobre un fuego de madera totalmente verde y cuando se encuentran casi totalmente asfixiadas son ahorcadas, descuartizadas y comidas con glotonería. Los yámanas se comen a las viejas y no a sus perros porque estos les sirven para cazar nutrias y las viejas no le sirven para nada".

Era el mismo William Low, que vivió también un tiempo en Puerto del Hambre y que había conocido Bernardo O'Higgins en la guerra de la Independencia, y a quien el prócer desde el exilio en el Perú, se referiría en su última carta a Chile, como a quien era necesario ubicar en Chiloé, pues era único hombre capaz de comandar la expedición que tomaría posesión chilena en el Estrecho de Magallanes, pero cuando llegaron a buscarlo el año 1842, hacía dos años que había fallecido.
¿Y si el devenir el histórico fuera posible cambiarlo? entonces al viejo lobero Williams Low, no lo habrían encontrado muerto, comandaría la Goleta Ancud, siendo por ello recordado en Magallanes, la leyenda británica sería cierta y yo, su chozno, tendría también un carácter memorable, sería famoso y aparecería mi nombre en negrilla en el libro "Natales, 100 años de historia".